Enrique Rivero - Tribuna libre

Sesiones apresuradas

«Seis meses después del descontrol del Gobierno, la comparecencia solicitada por la oposición de Carmen Calvo (...) dio cuenta de la falta de hoja de ruta en política migratoria del Ejecutivo»

Enrique Rivero
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Dicen los taurinos que las prisas son para los malos toreros. Teniendo en cuenta la forma en que ha pasado de la apatía al apresuramiento en materia de pactos y sometimiento al control parlamentario, el aspirante Sánchez no hubiera llegado ni a maletilla.

Como le gusta hacer, a su manera, a los miembros del gobierno interino, repasemos la cronología. El día 28 de abril del presente año se celebraron las elecciones. El día 21 de mayo se celebró la primera sesión del Congreso, durante la cual y por efecto del juramento o promesa preceptivo de la Constitución se adquiere la condición de diputados. Algunos ni la juraron ni la prometieron reamente, recurriendo a estrafalarias fórmulas alternativas con la aquiescencia de una permisiva presidencia como es bien sabido, cuestión pendiente de resolver y que Cs ya ha llevado al Tribunal Constitucional después de ser los únicos en los que aquella jornada denunciamos la humillación que suponían muchos de aquellos juramentos para nuestra democracia.

Desde entonces han pasado tres meses que, sumados a los otros tres anteriores contados desde la disolución de las cámaras y convocatoria de elecciones e incluyendo el periodo posterior (marzo, abril y mayo) sumaban a día 29 de agosto pasado seis meses en total durante los cuales el gobierno, «en funciones» conforme a la legislación vigente no se ha sometido en ningún momento al control parlamentario.

Al final, como sucede siempre que se dejan las cosas hasta el último momento, le entraron las prisas de repente al susodicho (preso de las prisas … ¿de los presos?), y la misma servil presidencia desde la cual el ejecutivo bloqueaba la labor del poder legislativo abrió un poco la mano siguiendo las instrucciones de aquel para permitir, seis meses después del descontrol del Gobierno, la comparecencia solicitada por la oposición de Carmen Calvo, quien por cierto dio cuenta de la falta de hoja de ruta en política migratoria del Ejecutivo.

Parlamentar es hablar. Hacer labor parlamentaria consiste sin embargo la mayor parte del tiempo en escuchar y pensar mucho. Asistir a largas sesiones atendiendo los razonamientos de los intervinientes sobre distintos temas, sopesando sus exposiciones y cuestionándose los planteamientos de cada uno. Durante todo este tiempo, el aspirante no había hablado nada. Y visto lo visto en las sesiones celebradas, tampoco sabe escuchar.

Otros hemos escuchado con mucha atención durante las sesiones. Por ejemplo, durante la primera, cuando Calvo aprovechó un motivo lamentable como la crisis del Open Arms para deslizar, sin atender las réplicas, unas cuantas «fake news» de su cosecha, empezando con una cronología tramposa, siguiendo por notorias inexactitudes en su relato (que no habían solicitado ser acogidos en España –desde el primer momento lo hicieron-, que Algeciras era el puerto mejor preparado –entonces ¿por qué acordaron acondicionarlo para recibirles?) – y concluyendo con obscenas reivindicaciones carentes de fundamento (atribuyendo a los socialistas la puesta en marcha del salvamento marítimo en España, nada menos).

Este tono se ha mantenido en las sesiones posteriores, conforme a un manual de estilo antiparlamentario uniformemente aplicado por el gobierno interino. Ya les iré contando.

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