Fotos: F. HERAS
Artes&Letras

Una antología del arte de Castilla y León

Obras de Díaz-Caneja, Baltasar Lobo, Esteban Vicente, Vela Zanetti, Venancio Blanco, Modesto Ciruelos, José Carralero y otros once autores galardonados con el Premio Castilla y León de las Artes conviven en la muestra «Los mejores de los nuestros. Luz y paciencia»

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Decía Juan Manuel Díaz-Caneja que su pintura seguramente «hubiera seguido otros derroteros» si no hubiese sufrido el aislamiento de la España franquista. Esa desconexión «de lo que se estaba haciendo en el mundo» y la necesidad de «escapar de la censura» refugió su pintura en el campo castellano. Dos obras cedidas por la fundación que custodia su legado en Palencia forman parte de la exposición «Los mejores de los nuestros. Luz y paciencia», instalada en la iglesia del monasterio de Prado de Valladolid hasta el próximo 28 de febrero.

La conmemoración de los treinta años de la muerte de Díaz-Caneja, cumplidos en 2018, sirve de excusa para la organización de una muestra en la que su obra aparece representada, en una de las capillas laterales del antiguo templo, por dos de sus paisajes geométricos influidos por el cubismo, ambos de 1974, uno de ellos con bodegón. El pintor palentino inauguró en 1984 la relación de autores reconocidos con el Premio Castilla y León de las Artes otorgado por la Junta, un galardón convertido en argumento de la exposición, que reúne 46 creaciones de los dieciocho artistas plásticos premiados hasta ahora. Una antología del arte de la Comunidad en los siglos XX y XXI.

El premio cambió de disciplina un año después para reconocer a uno de esos artistas a los que el exilio convirtió en poco menos que invisible en España: el escultor zamorano Baltasar Lobo. Tres de sus esculturas fechadas entre finales de los cincuenta y de los setenta ocupan otra capilla y sirven de ejemplo de su creación, con sus recurrentes formas femeninas y torsos en bronce y mármol. Fechadas en los años cincuenta y setenta, proceden de su fundación en Zamora.

Tras uno de los paréntesis de los premios Castilla y León para reconocer las aportaciones en otras disciplinas artísticas (el músico Cristóbal Halffter lo recibió en 1986), el galardón vuelve al campo más frecuentado, el de la pintura, con doble parada en Burgos. Vela Zanetti está presente con un bodegón y un gran formato («La marcha de los esclavos hacia la libertad», conservado en el Museo de Burgos, que recuerda su faceta muralista), ambos de los años cincuenta, y Luis Sáez por otro gran formato de su realismo onírico.

Como en Caneja, el paisaje se impone la obra del leonés José Sánchez-Carralero, que aporta a la muestra su característico uso del color en una vista de Toledo, el pequeño formato «Vísperas», «Por tierras de Valladolid» y «Urueña», un óleo de 2 por 4 metros realizado para la sede de las Cortes de Castilla y León.

Antes de reconocer al artista berciano en 1995, la fotografía se había colado en la lista de premios Castilla y León de las Artes de la mano del salmantino José Núñez Larraz (1991), quien también retrató parajes castellanos («El cementerio de El Cabaco), además de experimentar con «abstracciones en color». Después, el palmarés reivindicó a los históricos de las vanguardias Esteban Vicente (1997) y Modesto Ciruelos (1998) y a artistas figurativos muy pegados a la tierra, como José María Castilviejo (2002) y Enrique Seco San Esteban (2010).

La palentina Águeda de la Pisa, con sus geometrías y collages presidiendo desde el antiguo altar la sala de exposiciones, es la única mujer pintora galardonada hasta el momento. El hiperrealista burgalés José María Cuasante y el realista zamorano José María Mezquita cierran el apartado pictórico junto a Cristóbal Gabarrón. En el caso de Mezquita, está presente también su menos conocida vertiente escultórica («Mesa vede»).

La escultura como disciplina principal tardó en volver a los premios Castilla y León después de Baltasar Lobo. Pasaron 16 ediciones hasta el reconocimiento al salmantino Venancio Blanco, cuya fundación aporta tres obras, «Jugando en el mar» y dos guerreros «de Riace». Dos años más tarde, es la vallisoletana de adopción Ana Jiménez (segunda y última mujer galardonada en artes plásticas) la que recibe el galardón. Su «Doña Juana» recibe al visitante al inicio del recorrido. Tres composiciones en hormigón de Ángel Mateos, del museo que el artista ha dedicado a ese material en Doñinos (Salamanca) y una «luna» de Alberto Bañuelos completan el apartado escultórico de la muestra y de los reconocimientos.

Aunque la mayoría de las obras pertenecen a la Colección de Arte Contemporáneo de la Junta de Castilla y León, diecisiete han sido cedidas por fundaciones, museos, la galería Espacio 36 de Zamora (dos sanguinas de José María Castilviejo) y los artistas Enrique Seco San Esteban y José Carralero. En conjunto, como escribe en el catálogo el comisario de la muestra, Fernando García Malmierca, recoge «distintas tendencias artísticas: figuración, abstracción, informalismo, expresionismo, etc.». El punto de unión lo encuentra en «su calidad formal y su factura impecable, con fuertes raíces en la tradición, mas sin renunciar a la investigación y la evolución estética y conceptual».