En la imagen, un centro de acogida de niños en la capital vallisoletana. F. HERAS

El acogimiento de niños fuera de las familias biológicas ha crecido un 50 por ciento desde 1995

Sólo 16 de los 217 acogimientos realizados en 2002 fueron interrumpidos, lo que supone un siete por ciento

BEATRIZ REVILLA
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VALLADOLID. Las cifras han dado la razón a los incrédulos y han afianzado en Castilla y Léon una práctica mucho más extendida en algunos países europeos. El acogimiento temporal de niños por parte de familias ajenas -sin vínculos biológicos- ha aumentado un 50 por ciento desde 1995 y se ha pasado de los 155 casos que se consumaron aquel año a los 217 de 2002. El mayor impulso a estos modelos de protección del menor se produjo en 1999, año desde el que se ha mantenido un nivel por encima de los dos centenares.

En la comparativa por provincias, León es la que registra con 50 un mayor número de acogimientos, debido, en parte, a que existe un grupo de «familias profesionalizadas» que se centran en la atención y cuidado de niños especiales con problemas físicos o deficiencias mentales. Por detrás se sitúan Valladolid (38), Salamanca (37) y Burgos (31), mientras que Ávila y Soria son las que contabilizan menos casos, con diez y cinco, respectivamente.

La consecuencia directa de esta evolución positiva es que cada vez son menos los niños internados en centros de acogimiento, objetivo primordial de este programa desarrollado por la Junta de Castilla y León en colaboración con la organización no gubernamental Cruz Roja. Así, el pasado año, sólo cinco de cada diez niños que salen de su núcleo familiar fueron destinados en un centro, con lo que se consiguió igualar al número de aquellos entregados a una unidad de acogida. Lo importante de esta paridad es que se ha alcanzado en tan sólo ocho años, ya que en 1995 siete de cada diez menores no tenía otra salida que el internamiento, mientras que el resto, el 30%, sí que logró integrarse en una nueva familia.

Apoyo y desmitificación

La razón de este incremento, y de la consolidación de un proceso muy cuestionado hasta no hace mucho, hay que buscarla en la «desmitificación» del perfil de los menores que necesitan de este tipo de ayuda y en la implicación y apoyo que las instituciones públicas y organizaciones no gubernamentales garantizan a estas familias.

Pero, además, los responsables destacan otro aspecto que ha resultado determinante en el aumento de casos y es la apertura del programa a los nuevos modelos familiares, como son núcleos unifamiliares y parejas de hecho, que cada vez tienen mayor presencia en este programa. Este aperturismo se fundamenta en que, mientras que las condiciones sean idóneas, el acogimiento debe seguir ganando terreno al internamiento o a la continuidad forzosa del menor en la familia biológica porque no exista otra receptora. Incluso, según explicaron responsables del Servicio de Protección al Menor, los acogimientos llegan a ser interprovinciales con tal de encontrar una familia a la medida de las necesidades del niño.

De esta labor se encarga un centenar de profesionales pertenecientes a la Sección de Protección a la Infancia de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades (70 trabajadores sociales, psicólogos y pedagogos) y a Cruz Roja (10 trabajadores sociales y cuatro psicólogos), además de personal externo encargado de aspectos puntuales del programa.

Para estos técnicos y según asegura uno de ellos, el objetivo de su trabajo es dar con una «solución definitiva» para los niños después de estudiar de forma pormenorizada cada caso.

A partir de esta base, el procedimiento de acogimiento se divide en varias fases. La primera es la «teórica» en la que los técnicos de Cruz Roja son los que se encargan de analizar las características del niño que se encuentra bajo la «guarda y tutela» de la Administración e inician la búsqueda de una familia que encaje con su perfil y necesidades. «Se buscan familias para niños, no niños para familias», explica este técnico, quien apunta que la prioridad siempre es el bien del menor.

Hasta tres meses de acoplamiento

Esta fase tiene una duración indeterminada, ya que depende de muchos factores por ambas partes, y una vez concluida comienza la parte de «acoplamiento» o conocimiento mutuo. Todavía no ha comenzado el acogimiento y los futuros padres y el niño, en presencia siempre de técnicos de Cruz Roja o Familia, disponen de entre 15 y tres meses para conocerse y comprobar su compatibilidad.

Finalmente, este periodo preliminar termina con la fase de preparación del niño, en la que psicólogos o educadores si se encuentra en un centro explican a éste que, sin perder sus lazos biológicos, va a tener un nuevo seno familiar. «La idea es tratar de evitar que se culpabilice y piense que va a otra familia porque se ha portado mal».

Esta intensa labor de disposición es uno de los principales avances de los últimos años, ya que la experiencia y las estadísticas han demostrado que el éxito del acogimiento depende de igual manera tanto de la buena preparación de la familia y el niño como del seguimiento posterior de su relación.

Un dato destacado que demuestra la efectividad de este intenso trabajo de estudio, selección y preparación es que el año pasado sólo 16 de las 217 tutelas realizadas fueron interrumpidas, lo que supone un 7% del total de la Comunidad.

Esta cifra es una de las responsables de que los técnicos «ahora ya crean que este sistema funciona», según aseguran las mismas fuentes. Además, demuestra que, pese a todo el esfuerzo para llegar a buen fin, es muy difícil y meticuloso encajar casi desde cero dos realidades tan dispares como un niño procedente de un seno desgajado y una nueva familia receptora.

Ayuda económica

Otra parte muy importante para el buen fin es la ayuda económica que reciben estas familias para la manutención y necesidades especiales de los menores, aunque, también en el fondo, es una manera de recompensar el «altruismo y la gran voluntad» que demuestran quienes hacen posible este programa. «No hay dinero que pague esta labor tan importante», matiza el técnico de Familia.

Esta asignación depende de las características del menor. Así, para niños sin graves problemas físicos o mentales, la ayuda va desde los 8,5 a los 10,5 euros al día, en función de su edad, hasta un total de 250 euros mensuales. En cambio, para aquellos menores especiales, las familias reciben a mayores unas compensaciones extraordinarias que oscilan entre 39 y 51 euros diarios, hasta alcanzar los 235 euros al mes.