El equipo campeón levanta el trofeo
El equipo campeón levanta el trofeo - Fotos: Manuel Moreno
II Campeonato Nacional Inclusivo de Fútbol Playa

Magos sobre la arena: otra lección de vida

La Asociación Isol de Murcia gana la final en Torrijos

ToledoActualizado:

Dice mi mujer que todo pasa por algo en la vida. Y no le falta razón. Este domingo fui hasta Torrijos (Toledo) para realizar un reportaje de la final del II Campeonato Nacional Inclusivo de Fútbol Playa. No me importaba tanto el resultado como conocer a los protagonistas, discapacitados intelectuales, con la soberbia película «Campeones», de Javier Fesser, en mi cabeza.

Pero llegué al campo un poco malhumorado. Debido a unas obras del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), me encontré de sopetón que el paso a nivel de Torrijos a la altura de la estación de autobuses estaba cerrado. Entonces, tuve que apañármelas para llegar en coche al campo del barrio de Las Colonias. Siguiendo unas indicaciones para salvar el paso a nivel más adelante, me vi inesperadamente dentro de un camino de cabras, totalmente bacheado, que acababa de ser encharcado por un tractor con una cuba de agua que iba delante de mí. Cada metro que avanzaba iba maldiciendo la hora en la que se me había ocurrido acercarme hasta Torrijos. Un kilómetro así, más o menos. Y todo mi cabreo, ¿por qué? Hacía una hora que había lavado mi coche a mano y lo había dejado reluciente por fuera. Cuando aparqué, casi me da un soponcio al ver el coche embarrado.

Pero la mala uva empezó a diluirse cuando Isabel Contreras, vicepresidenta de la Asociación Murciana de Rehabilitación Psicosocial, me abrazó sin conocerme de nada. Faltaba un minuto para el final del encuentro entre su equipo, la Asociación Isol, y el Special Olympics Madrid, cuando sucedió algo inesperado. El Medhi, un marroquí de 17 años con discapacidad intelectual que vive en Murcia desde hace la tira, metió el gol del triunfo. «¡Perdona, estoy muy nerviosa!», se disculpaba Isabel por el abrazo del oso que me estaba dando. «¡Vamos a ganar!», repetía dando saltos.

El Isol había vencido en la final, pero un hombre alto y barbudo hizo recapacitar a los jugadores rápidamente un minuto más tarde: «Vamos a felicitar al equipo contrario y a darles la mano». Y todos los futbolistas del Isol siguieron el deportivo consejo.

José Ignacio Vargas, a la izquierda, y Antonio Domínguez se saludan después de la final
José Ignacio Vargas, a la izquierda, y Antonio Domínguez se saludan después de la final

«Medhi es el corazón del equipo», me dijo luego Antonio Domínguez Fajardo, un murciano de 37 años que hizo las veces de capitán del Isol. «Estamos muy contentos, ha sido un buen partido, aunque nos lo han puesto difícil. Pero hemos trabajado duro», añadió. Por momentos, me evadí de que tenía delante a un hombre con una esquizofrenia paranoide diagnosticada y un 74 por ciento de minusvalía. «Juego al fútbol sala, entreno dos días a la semana, jueves y sábado. Hago cursos de carpintería de madera y un taller de deporte», explicó. «El deporte, la psiquiatra, la medicación y la alimentación, todo esto me ha ayudado mucho y llevo una vida normal», remató.

«¿Que si es importante ganar? Lo importante es participar, conocer gente y compartir, porque todos somos ganadores», me soltó. «¿Has visto la película 'Campeones'?», le repregunté. «No, tengo que ir a verla. La he visto anunciada por la tele y tiene que ser muy buena», contestó. Y vi en Antonio a Jesús Vidal, Alberto Nieto o Alberto Chinchilla, algunos de los actores que me arrancaron más de una lágrima disfrutando de la película de Fesser.

El equipo finalista, Special Olympics Madrid, saborea su segundo puesto
El equipo finalista, Special Olympics Madrid, saborea su segundo puesto

Fue muy fácil conseguir que Antonio se fotografiara con José Ignacio Vargas, el capitán del Special Olympics Madrid. Maravilloso ese abrazo antes de entrelazar sus manos para una instantánea. José Ignacio tiene 38 años y lleva desde los 6 jugando al fútbol porque le divierte. ¿Y la derrota? «No pasa nada por perder, estoy acostumbrado a perder».

Es un deportista que trabaja por las mañanas como jardinero en Boadilla del Monte (Madrid) y juega al fútbol sala por las tardes, martes y jueves, una hora cada día, además de practicar el baloncesto rodeado de gente tan encantadora como él. «Tengo una discapacidad del 75 por ciento, pero eso no me impide hacer una vida normal». ¿Y la película 'Campeones'? «Bien, me ha gustado, refleja bien nuestra historia».

Muy cerca de José Ignacio estaba su entrenador, Francisco Javier Jiménez, un voluntario con un título que le permite entrenar a personas con discapacidad intelectual. «He aprendido que el discapacitado soy yo. Ellos enfocan la vida desde un punto de vista que yo no tengo, que es el compañerismo. Viven en la felicidad más absoluta, para ellos la gente no es mala; ellos son todo bondad, no tienen maldad en su cuerpo. Los malos somos nosotros, nosotros sí somos los malos», redondeaba.

Pasillo a los segundos clasificados, camino para recoger el trofeo
Pasillo a los segundos clasificados, camino para recoger el trofeo

Francisco Javier lleva siete años entrenando. «Lo que más se trabaja es gestionar la derrota, porque la victoria es muy fácil de asumir. Hay que darles ánimos, divertirte con ellos, hacerles ver que venimos todos a jugar y a pasar un buen rato», resumía. «Esto lleva un periodo de adaptación: primero se les enseña a jugar en equipo, que ya es complicado, y luego intentas que se diviertan, aunque algunos no querían venir al campeonato. Y todos han acabado encantados con la convivencia, con comer juntos, la diversión, porque esto es deporte, es ocio, no nos va la vida en ello, aunque intentamos ganar».

Francisco Javier no está solo. Dos jóvenes monitores, Elena Muñoz y Francisco Jiménez, completan el trío de preparadores. Y los tres llevan muy a gala el lema de la organización Special Olympics, con sede en muchos países del mundo: «Déjame intentarlo». «Aunque no lo consiga -razonaba Francisco Javier-, siempre déjame intentarlo. Porque la victoria es la guida, pero no el objetivo».

Los árbitros del torneo se marchaban contentos. Raúl Abad (21 años), Alberto Carrión (30) y Juan Martínez se iban con la satisfacción del deber cumplido y algo en el corazón. «Estos chavales son más nobles, no tienen picardía, además de ser más repetuosos y dedicarse a jugar». Son palabras de Raúl Abad, árbitro de fútbol en Preferente y de fútbol sala en Tercera división. Palabras que asentía su compañero Alberto Carrión, colegiado en Segunda división nacional de fútbol sala.

El equipo ganador, con su trofeo
El equipo ganador, con su trofeo

Raúl Ruipérez, el entrenador del equipo ganador (Isol), alucinaba con lo bien que se les había dado a sus jugadores el fútbol sala playa, a pesar de haber entrenado solo en un par de ocasiones, más o menos como el Special Olympics. «Para los jugadores esto es un premio, aunque todavía no somos conscientes de lo que hemos conseguido», respondía Raúl Ruipérez, que es entrenador de fútbol y también seleccionador de Murcia. «Cuando me ofrecieron llevar a estos chicos hace un año, una compañera me dijo que, a la hora de tratarlos, lo hiciera como a un equipo de fútbol. Ese ha sido mi secreto», revelaba.

«Estos chicos van a conseguir muchas cosas, no solamente premios, por la manera que tienen de motivarse -vaticinaba Raúl-. Por la medicación, les cuesta mucho trabajo levantarse por la mañana. Pero el fútbol lo consigue, ellos se levantan para ir al fútbol y se superan día a día. El fútbol tiene sus connotaciones malas, pero también buenas, e intentamos cogerlas». «Me han enseñado muchísimo y está claro que el fútbol hace milagros, solo tienes que verles la cara», remataba.

Yo me volví contento hacia mi coche, me lo llevé embarrado por otra carretera alternativa que dos amables policías locales me habían indicado, llegué a mi casa y lavé el vehículo de nuevo recordando las palabras de José Ignacio, Antonio, Francisco Javier, el abrazo del oso de Isabel... En efecto, como dice mi mujer, todo pasa por algo en la vida.