La garita del chalé, anoche, sin la presencia de la Guardia Civil - A. Pérez Herrera

La Guardia Civil deja de vigilar el chalé de José Bono en Toledo

El exministro socialista lleva alejado de la política activa casi ocho años

ToledoActualizado:

Casi ocho años después de que dejase la política activa, esta semana la Guardia Civil ha dejado de prestar servicio de vigilancia en el chalé que José Bono tiene en una urbanización de Olías del Rey (Toledo), donde los agentes han estado haciendo guardia diariamente, y de manera ininterrumpida, desde hace más de 30 años.

No obstante, desde que el expresidente del Congreso de los Diputados se alejó de la política, el número de horas de vigilancia, que se pagaba del erario público, fue decreciendo progresivamente: se pasó de tres turnos diarios, cuando estaba en activo, a solo uno por la noche y con un solo agente. Su servicio en la finca comenzaba a las 22:00 y finalizaba sobre las seis de la madrugada.

El exministro de Defensa y expresidente de Castilla-La Mancha es uno de los vecinos insignes de Olías del Rey, un pueblo de 8.000 habitantes censados, aunque su población flotante es muy superior. La vivienda de Bono se encuentra a tan solo 8 kilómetros de la sede del PSOE de Castilla-La Mancha, en el número 2 de la calle de Santa María La Blanca, donde el expresidente del Congreso de los Diputados ha dejado una huella imborrable.

«La barbacoa»

La Guardia Civil, que había pedido al propio Bono que renunciase a su vigilancia personal, custodiaba el chalé porque el inmueble se encuentra dentro de su demarcación. Los agentes que velaban la vivienda lo hacían desde dentro de una pequeña garita que fue construida en la entrada. Desde el habitáculo, de apenas cuatro metros cuadrados y con un reducido aseo anexo, controlaban las cámaras del circuito cerrado de televisión distribuido por toda la finca.

Sin embargo, las condiciones de la garita fueron empeorando con el paso de los años, lo que provocó que incluso la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) denunciase el caso ante la Inspección de Trabajo. Entre otras incomodidades, durante los últimos años los guardias se llevaban mantas de sus casas para abrigarse por la noche en invierno, ya que la habitación «era un congelador».

Los agentes, con socarronería, llamaban «la barbacoa» a la garita, que tiene el techo de chapa aunque la cubierta es de teja cerámica. En verano sufrían en su interior temperaturas muy elevadas —más de 35 grados— tras la orden de Bono en 2016: desmontar el aire acondicionado que había, como así se hizo, para instalarlo en la vivienda que ocupaba el servicio doméstico, como contó ABC en enero del pasado año.

Días más tarde, un fotógrafo de este periódico, Ángel de Antonio, fue coaccionado después de haber estado en la puerta de la casa de José Bono para realizar su trabajo. Alguien del equipo del exministro tomó la matrícula del vehículo e informó a la Guardia Civil.

Pocas horas más tarde, cuatro agentes de la Benemérita se presentaron en la vivienda del reportero y preguntaron a los vecinos por él y su profesión, provocando la alarma. Dado que el fotógrafo no estaba en su casa, los guardias se quedaron esperando cinco horas hasta que pudieron hablar telefónicamente con De Antonio, quien luego fue citado en el puesto de la Guardia Civil de Illescas.

En cuanto a la vigilancia «dinámica» de Bono, en manos del Cuerpo Nacional de Policía, no habría sido alterada, de momento. Para ella el Ministerio del Interior asignó tres agentes, adscritos a la plantilla de la comisaría de Toledo, que también hacen las veces de conductores.

La Policía Nacional estuvo a punto de conseguir retirar esa custodia a Bono a finales de 2015, pero el expresidente del Congreso logró paralizar la orden del Ministerio del Interior. A la Guardia Civil, en cambio, el Ministerio del Interior le ha retirado ya la obligación de vigilar el chalé de Bono. Fin a una larga misión.