Aureliano de Beruete: V enta de Macho o La Venta del Castillo (1911). Museo del Prado
Aureliano de Beruete: V enta de Macho o La Venta del Castillo (1911). Museo del Prado
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El (verdadero) Parador de Macho y la romería (sin ermita) de San Blas

Gracias a una obra pictórica de Aureliano de Beruete y Moret disponemos de una hermosa y luminosa vista de la auténtica venta, fechada en 1911, sobre el foso del Tajo que rodea la ciudad

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Es frecuente ver en libros y álbumes toledanos que, erróneamente, se identifica el Parador, o Venta de Macho, con una maltrecha casa cuya puerta se cubría por una mezquina parra, encajada entre los riscos que subrayan el cerro de San Servando y, al tiempo, miran el curso del Tajo. Tan pintoresco rincón y sus modestos moradores aparecen en cuadros y fotografías, como las que magistralmente realizó el investigador y pintor alcaraceño Pedro Román Martínez (1878-1948). Este chamizo –sucumbido al abrirse aquí, en 1932, la nueva carretera de circunvalación- no fue nunca el citado parador, pues, como veremos, estuvo más arriba, ante la actual fachada principal de la Academia de Infantería, junto a lo que antes fue la vía romana de Toledo a Córdoba que, hasta 1940, utilizaban quienes subían por Cerro Cortado hacia Cobisa y Burguillos. Como sucedía en otras entradas a la ciudad, era éste un punto idóneo para situar una venta que sirviera vino, comida y ofreciera espacios a arrieros y asentadores para guardar sus géneros que luego, cada día, vendían al por menor por las calles: leña, cal, carbón, arropes, legumbres, etc., siendo un ejemplo visible la actual estructura de la Venta del Alma, también aludida por escritores, pintores o fotógrafos.

El error de situar el Parador de Macho bajo el castillo de San Servando no recae en quienes captaron artísticamente el pintoresco cobijo roquero, sino en las repetidas reseñas hechas sin su detenido contraste, así como el de su entorno superior: el Cerro de San Blas. Fue precisamente en este último enclave donde realmente estuvo tal figón, según lo recoge un plano militar de los alrededores de Toledo, insertado en un libro de José Villalba y Riquelme, editado en 1900, disponible en la web del Archivo Municipal de Toledo. Por otra parte, en 1971, Julio Porres señalaba que el topónimo de San Blas resultaría de una venta caminera, pues, nunca hubo aquí ermita alguna, debiéndose el nombre, tal vez, al «capricho del desconocido que fundara este albergue de trajineros». Esta intuitiva apreciación nos acerca a su realidad a través de ciertas referencias.

San Blas, «obispo y mártir», abogado de las afecciones de garganta, tuvo una larga devoción aún evocada en infinidad de lugares cada 3 de febrero. Su hagiografía le cita como un verdadero médico anacoreta del siglo III en tierras armenias que atendía y curaba a los más humildes. Según escribe Román Hernández, en Toledo y sus romerías (1889), quienes deseaban dar particulares gracias al santo en su día acudían, andando o en caballerías, a la ermita ubicada en Burguillos (rehecha en el XVII), a cinco kilómetros de Toledo. De mañana, como prólogo a la andadura, era común que algún romero se detuviese en el «Parador del Macho donde después de cambiar algunas palabras con el expendedor de vinos de este establecimiento» tomaba fuerzas para la jornada. Al llegar a la ermita se comían panecillos, naranjas, escabeche y se bebía «vino sin tasa hasta apurar la bota». El autor resalta que, en la tarde de la misma jornada, en Toledo, un «torrente» humano atravesaba el puente de Alcántara y subía hasta los cerros de San Servando, para repartirse «en los cerrillos y rocas que rodean la Casa Venta de Macho, ¡oh! el espectáculo es indescriptible: no cabe más animación ni alegría», pues se coincidía con el regreso de los romeros desde Burguillos. Hernández aseguraba que, si la capilla campera de San Blas, en lugar de estar en aquella población, radicase en «la pradera del parador del Macho», sería de las romerías más animadas de Toledo. El autor también aludía al intento fallido, años atrás, para erigir aquí una ermita dedicada al santo obispo, objetivo que nunca se cumpliría.

Las menciones sobre este merendero en la prensa local van más allá del día de San Blas, unidas a reseñas de todo tipo. Una especial referencia fue la relacionada con un relevante suceso -rescatado, en marzo de 2018, por Enrique Sánchez Lubián, en las páginas de ABC-, alusivo al secuestro, en 1861, del maestro tejedor de sedas, Ildefonso Hernández Delgado y Molero (1829-1897). Uno de los implicados fue Eugenio Pantoja, alias Cacheta, cuyas andanzas y las de otros personajes las detalló, en 1877, por entregas en la prensa de varias provincias, el escritor Carlos de Palomera Ferrer.

Hasta los años treinta del siglo XX, la venta fue el epicentro de las primeras jornadas camperas del año toledano, con merienda de tortilla incluida, tradición que aún se mantienen en numerosas localidades el día de San Blas. En febrero de 1915, El Eco Toledano realzaba la animación habida con «música, bailes, sol y alegría», asegurando que el dueño del parador «no hizo mal negocio». El mismo figón volvía a ser frecuentado en octubre, con motivo de la romería a la Virgen de la Guía, entre música de organillos y cohetes. Fuera de estas fechas, además de la clientela caminera, el local acogía reuniones familiares, de amigos o profesionales, como la de los periodistas de Patria Chica, en enero de 1912, para festejar la salida de dicha cabecera o, meses después, la de la Sociedad de Obreros de Confitería. En julio de 1914, representantes de todas las instancias brindaban allí un homenaje a Jesús Colado Sánchez, un sargento toledano distinguido por su acción en la guerra de África. Una gaceta reseñó las adhesiones recibidas y los discursos pronunciados, destacando «el suculento Menú, según es fama proverbial del típico y antiguo Parador de Macho».

Desde 1910, aproximadamente, junto a la popular venta, el Ayuntamiento cedía suelo, a cambio de un canon anual, para que solicitantes particulares levantasen allí viviendas o negocios, conformándose así el llamado Barrio de San Blas. En 1936, en este paraje, se emplazaron armas de alcance para disparar al Alcázar. A partir de 1941, la barriada vivía sus últimos momentos pues, expropiadas y derribadas las casas, comenzaban las obras de la nueva Academia de Infantería, relegando al pasado el parador y la jornada romera de San Blas cada mes de febrero.

Como final, señalemos que, gracias a una obra pictórica de Aureliano de Beruete y Moret (1845-1912), disponemos de una hermosa y luminosa vista de la auténtica Venta de Macho, fechada en 1911, sobre el foso del Tajo que rodea la ciudad. Asiduo visitante de Toledo, cercano a Cossío y a otros intelectuales interesados por el Greco, el pintor ofrece en este lienzo la larga y encalada fachada del parador con las leves siluetas de algunos personajes que dan vida a un paisaje captado por ágiles pinceladas de sello impresionista, técnica que también aplicó a otras panorámicas toledanas.

Rafael del Cerro, historiador
Rafael del Cerro, historiador