La talla de madera cedida por Salvador Amaya - H. Fraile | Vídeo: Rodrigo Muñoz Beltrán

La talla que parece tener vida

El escultor Salvador Amaya cede una obra en madera del teniente Martín Cerezo, réplica de su colosal monumento, para encabezar la exposición del Museo del Ejército «Los héroes de Baler»

Toledo Actualizado: Guardar
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Hasta el 30 de junio, en el Museo del Ejército, una talla en madera de abedul del teniente Saturnino Martín Cerezo da la bienvenida al visitante que se adentra en la exposición temporal «Los héroes de Baler. La historia de los últimos de Filipinas». La obra, realizada en un mes por Salvador Amaya, es una réplica a una escala 2,4 del colosal monumento que este escultor madrileño, inspirado en un boceto del pintor Augusto Ferrer Dalmau, ha modelado para homenajear al oficial y a los soldados que tuvo a su mando y que resistieron en la iglesia de Baler entre el 30 de junio de 1898 y el 2 de junio de 1899.

Mientras la estatua, de 3 metros de altura y una tonelada de peso cuando salga de la fundición, aguarda paciente que la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid decidan un emplazamiento, la talla descansa desde este viernes sobre una peana blanca, rodeada de un cordón delimitador.

Los operarios del Museo del Ejército apenas tardaron unos minutos en colocarla a la entrada de la exposición, después de que la pieza de 123 centímetros de altura fuese presentada en sociedad al mediodía.

El acto se celebró en el Museo del Ejército
El acto se celebró en el Museo del Ejército - H. Fraile

El director del Museo del Ejército, el general de brigada Antonio Rajo, describió así el alma de la pieza: «La obra de Salvador Amaya y el boceto de Ferrer Dalmau han capturado en la figura de Martín Cerezo, como representante de ese colectivo de hombres, la esencia de los valores que los impulsaron a mantenerse en el cumplimiento de su deber: valentía, abnegación, sacrificio y, sobre todo, ese sentido del honor, no solo con ellos como soldados, sino con España, a la que defienden hasta sus últimas fuerzas».

Enrique Rontomé, conservador del Museo del Ejército, realizó una breve semblanza del teniente, nacido en Miajadas (Cáceres), antes de llegar al ejército de operaciones de Filipinas. Saturnino trabajó como albañil junto con su padre, también como mozo en una farmacia de su pueblo, tuvo su bautismo de fuego en la guerra de Marruecos en 1893 y debió superar dos desgracias: el fallecimiento prematuro de su mujer y el de su primera hija.

El pintor Augusto Ferrer Dalmau entrega al general Antonio Rajo una copia firmada del boceto
El pintor Augusto Ferrer Dalmau entrega al general Antonio Rajo una copia firmada del boceto - H. Fraile

Rontomé echó mano del periodista Joaquín Pellicena, el primero que escribe sobre el destacamento de Baler, para redondear la semblanza: «El teniente Martín es sobrio hasta la exageración. Ni fuma ni bebe, mas que agua pura y cristalina».

Augusto Ferrer, que entregó una copia firmada de su boceto, resaltó que Salvador Amaya ha sabido dar vida «a un papel tan plano y hacerlo en 3D». El escultor, por su parte, habló del homenaje que «se merecen estos soldados» y que con su obra ha querido «sacar del olvido nuestra mejor historia de España». «Ha salido de los corazones de Augusto y del mío», remachó.

La escultura de bronce será costeada con los 60.000 euros recogidos en la campaña de financiación colectiva que la Fundación Museo del Ejército tiene abierta desde febrero. «En España nos tomamos las cosas con tranquilidad, aunque al final reconocemos que nuestros héroes están ahí», dijo el director gerente de la fundación, Francisco Ramos.

Antonio Rajo, Salvador Amaya, Augusto Ferrer y Francisco Ramos, junto a la talla
Antonio Rajo, Salvador Amaya, Augusto Ferrer y Francisco Ramos, junto a la talla - H. Fraile

«Un tío que va con los suyos»

En cuanto a la talla, cedida por el escultor por un tiempo indeterminado, acompañará la exposición en su recorrido por varias ciudades españolas el próximo semestre: Pamplona, Palma de Mallorca, Barcelona, Badajoz, Cáceres o Valencia.

Como ya hacen en Toledo, el visitante deberá mirar a los ojos de madera de Martín Cerezo, fijar la vista en el revólver Orbea número 7 en su mano derecha y detenerse en el gesto que Amaya y Dalmau transmiten:«’Venga, acompañadme, que voy por delante’. Representa —dice el escultor— el valor de un tío que va con los suyos; que está arengando para no desfallecer».