Manuel Rodríguez junto a su hija, impulsor de la escuela evangelista de Camuñas
Manuel Rodríguez junto a su hija, impulsor de la escuela evangelista de Camuñas
Esbozos para una crónica negra de antaño (XXXI)

Robo de vasos sagrados en Camuñas, la «Ginebra manchega»

Luis Villaseñor se sentó en 1883 ante la Audiencia Provincial de Toledo para responder por un robo cometido en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción

TOLEDOActualizado:

En su obra «Historia de los heterodoxos españoles», Menéndez Pelayo calificó a la localidad de Camuñas como una especie de «Ginebra manchega». La razón de tal epíteto se encuentra en la implantación y seguimiento que el protestantismo tuvo en este lugar de la provincia de Toledo durante la segunda mitad del siglo XIX. Su desarrollo fue impulsado por el pastor Félix Moreno Astray, un ex sacerdote apóstata de la diócesis de Santiago de Compostela quien llegó como misionero a estas tierras toledanas hacia 1870. Lo hizo de la mano de Luis Villaseñor y López de Olías, un peculiar personaje, alineado con el republicanismo federal, que declaró a Camuñas como «cantón independiente» durante la I República. Su contumaz anticlericalismo le llevó a tratar de suprimir la tradicional fiesta de los pecados y danzantes. Y en 1883 le sentó ante la Audiencia Provincial de Toledo para responder por un robo cometido en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, juicio en el que fue condenado ocho años de prisión.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Asunción, templo donde se produjo el robo de los vasos sagrados (Foto, Archivo Diputación Provincial de Toledo)
Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Asunción, templo donde se produjo el robo de los vasos sagrados (Foto, Archivo Diputación Provincial de Toledo)

No son muchos los datos concretos sobre la figura de Luis Villaseñor. Quienes se han acercado al personaje, como José Ariza, Pedro Gallego, José Carlos García y Andrés García, autores del libro «Camuñas en el siglo XIX», sitúan su posible fecha de nacimiento en torno a 1840. La muerte de su padre le dejó huérfano siendo niño. Su madre, Juana López de la Oliva, volvió a contraer matrimonio con un abogado de Madridejos, Ricardo de la Mora, quien contribuiría a que el joven Luis se criase en un ambiente liberal e ilustrado.

Heredero de una considerable fortuna, acumuló una destacada biblioteca, teniendo gran influencia social en localidad. Fruto de ella, en 1873, encabezó la proclamación del cantón independiente de Camuñas, sumando a este pueblo toledano al fugaz movimiento federalista de la I República. Seis años después llegó a ser alcalde del municipio. Por entonces ya se había instalado allí un núcleo protestante, que irradió sus doctrinas a diferentes pueblos de la comarca como Alcázar de San Juan, donde empezó a publicar el periódico «El Correo de la Mancha». De su presencia se hizo eco Menéndez Pelayo en su «Historia de los heterodoxos españoles», publicada en 1880, resaltándose que llegaron a apostatar noventa familias.

En su obra, el erudito señala que en esta labor proselitista contaron con el respaldo de la «intolerable tiranía que ejercían en Camuñas un cierto señor de horca y martillo [en alusión a Villaseñor], un maestro ateo y un barbero». Indica, además, que este núcleo contaba para su empeño con las páginas del periódico «El Trueno», al que se intentaba rebatir desde la vecina localidad de Madridejos con «El Pararrayos», dirigido por sacerdote Ambrosio de los Infantes.

Casas Consistoriales de Toledo, donde en octubre de 1883 se celebró el juicio contra Luis Villaseñor y el resto de implicados en el robo (Foto, AMT-Colección Luis Alba)
Casas Consistoriales de Toledo, donde en octubre de 1883 se celebró el juicio contra Luis Villaseñor y el resto de implicados en el robo (Foto, AMT-Colección Luis Alba)

Tres años después de ser editada esta obra, Luis Villaseñor se vio involucrado en un singular suceso que mereció la atención de diferentes publicaciones madrileñas, como el semanario «El Globo». En la madrugada del 14 de abril de 1883, el sacristán de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción se encaminó hacia el templo con la finalidad de tocar el Ave María. Al llegar a la misma se encontró con que uno de los tableros de la puerta estaba roto. Presto avisó al cura ecónomo y al juez municipal del pueblo. Dentro de la iglesia encontraron forzados la entrada a la sacristía y algunos cajones de la misma. La puerta del Sagrario también estaba abierta. Se echaron en falta dos vasos sagrados, una cruz y otras alhajas destinadas al culto, valorado todo el conjunto en 1.036 pesetas.

Desde un primer momento las investigaciones se orientaron hacia las diferencias entre los partidarios del cura párroco del lugar, Manuel Berrocal, y los de Villaseñor. Unos y otros se culpaban de hurto, bien sosteniendo que todo era una simulación para que se persiguiese a los protestantes, o que se trataba de un escarmiento al sacerdote y cuantos seguían las ideas católicas, dado que la celebración de elecciones municipales estaba próxima.

Aunque el juez instructor de Madridejos procesó a seis personas, solamente tres fueron finalmente juzgados en la Audiencia Provincial: Luis Villaseñor, Reyes Cano, secretario del Ayuntamiento, y Blas Ballesteros, carpintero carretero.

Retrato familiar del pastor alemán Federico Fliedner, quien llegó a España en 1869, al promulgarse la libertad de cultos, realizando una importante labor educativa en Camuñas
Retrato familiar del pastor alemán Federico Fliedner, quien llegó a España en 1869, al promulgarse la libertad de cultos, realizando una importante labor educativa en Camuñas

La vista del caso, calificada como «ruidosísima» en la prensa de la época y que mereció la atención de diferentes periódicos madrileños como «El Liberal» y «El Globo», tuvo lugar en el mes de octubre, celebrándose en la sala alta de las Casas Consistoriales de Toledo. Por su estrado desfilaron decenas de testigos. Llamativo fue el testimonio del párroco local, quien, según indicaba «El Nuevo Ateneo», publicación que hizo especial seguimiento del juicio, «parecía más que un cura de almas el jefe de una fracción política que se goza en la triste situación de sus contrarios». En sus palabras destacó que Villaseñor tenía un hijo, o hija, sin bautizar y que otros que se le habían muerto estaban enterrados civilmente. Varios testigos sostuvieron que en la noche de autos, oscura y con bastante viento, habían visto luz en el interior de la iglesia y salir de la misma a un grupo de personas, reconociendo entre ellos a los tres procesados.

Los testigos de las defensas, por contra, indicaron que Luis Villaseñor había pasado aquella noche en su casa de Madridejos, incidiendo, además, en la declarada enemistad existente entre éste y el párroco. Así, pusieron de manifiesto que en épocas de elecciones el sacerdote siempre tomaba partido por las candidaturas carlistas, que un día de votaciones, en 1881, se le había visto pasear por el pueblo con un trabuco bajo la capa y que el enfrentamiento entre ambos tuvo su cénit cuando Villaseñor, siendo alcalde, suprimió la danza de los pecados, considerándola como espectáculo salvaje y repugnante. También expusieron su convicción de que los testimonios contrarios a sus defendidos habían sido realizados para satisfacer venganzas y odios personales.

La sentencia se hizo pública el seis de octubre, absolviendo a Reyes Cano, por no resultar probada su participación en el delito, y condenando a ocho años de presidio mayor a Villaseñor y a Ballesteros, así como al pago, por mitades, de la cantidad de 1.036 pesetas a la iglesia parroquial por los daños causados.

Cuando Villaseñor ingresó en prisión, hacía tres años que Moreno Astray, de quien Manuel Rodriguez Castellano, en su trabajo «Protestantismo en Castilla-La Mancha», considera que fue «más Quijote que Sancho», había fallecido. Su labor doctrinal tuvo continuidad con otros pastores llegados a Camuñas, de tal forma que hacia finales de siglo, su escuela evangelista, rondaba los doscientos alumnos, siendo reconocidos los mismos en toda la comarca por su buena formación. Grandes impulsores de la misma fueron los pastores Federico Fliedner y Manuel Rodríguez, llegados a la localidad en el último tercio del siglo XIX. A este respecto, el obispo anglicano Carlos López Lozano, en un trabajo sobre la educación en esta localidad manchega, cuenta que en cierta ocasión, estando Miguel Primo de Rivera en Alcázar de San Juan con motivo de la celebración de un sorteo de mozos para servir en el ejército, se extrañó de que casi todos los jóvenes camuñeros supiesen firmar con su nombre y apellidos mientras que lo de otros lugares solo ponían al dedo. Al preguntar por los motivos de esta excepcionalidad, sus interlocutores le dijeron que se debía a haber estudiado allí con los protestantes.

Solo y pobre, Luis Villaseñor y López de la Oliva murió en 1920. Su controvertida figura ha alimentado numerosas anécdotas incorporadas a la tradición oral de la localidad y recogidas en la web «erasemipueblo.com». Algunas de ellas referencian una relación estrecha con Isabel II, llegándose a contar que la soberana le ofreció el virreinato en las Islas Filipinas, proposición rechazada por nuestro protagonista, alegando tener «muy duros los huevos como para pasarlos ahora por agua». Genio y figura.

Enrique Sánchez Lubián, escritor y periodista
Enrique Sánchez Lubián, escritor y periodista