Rafael del Cerro Malagón - VIVIR TOLEDO

El Museo de Arte Contemporáneo de Toledo. La Casa de las Cadenas

En marzo de 1975, en el número 15 de la calle de las Bulas de Toledo, nacía este museo cuya vida se apagaría al finalizar el año 2000; el edficio está vacío desde entonces

Rafael del Cerro Malagón
TOLEDOActualizado:

En marzo de 1975, en el número 15 de la calle de las Bulas de Toledo, nacía el Museo de Arte Contemporáneo cuya vida se apagaría al finalizar el año 2000, para dar paso a una reparación general del inmueble que se inició en 2001. Y es que, este vivo ejemplo de la arquitectura privada bajomedieval toledana, requería ya una obligada atención tras veinticinco años de función museística. Durante ese período, el patio y las antiguas estancias señoriales habían acogido diversas producciones de cincuenta y cuatro artistas españoles contemporáneos desde finales del siglo XIX. Para afrontar las obras, la colección fue retirada a los depósitos del Museo de Santa Cruz hasta que, en algún momento, quizá se decida su resurrección y, seguramente, materializada en el marco de un nuevo proyecto. De aquel museo, activo durante un cuarto de siglo, tan sólo pervive a la vista el exterior de su cofre arquitectónico, la Casa de la Cadenas, declarada Bien de Interés Cultural en 2001. En un recodo de la calle de las Bulas y hacia el callejón de Esquivias, únicamente es posible ver sus sobrias fachadas con el gran portón cerrado y calladas ventanas que denotan la vacía vida de su interior.

La toledana calle de las Bulas es una de las escasas vías que ofrece una relativa horizontalidad en su recorrido desde la plaza del Valdecaleros –inmediata a Santo Tomé- hasta las cercanías del paseo de la Virgen de Gracia. Históricamente formaba parte de la Judería medieval. Era un transitado eje del elevado barrio de al-Aqaba (Acaba), es decir «el cerro», aunque en esta parte no hayan pervivido estructuras completas como alguna sinagoga existente en este barrio. Previa a la expulsión de la comunidad judía, en 1492, aquí ya se asentó, en el siglo XIV, un vecindario cristiano en las casas que habían abandonado algunas familias judías tras los asaltos sufridos en el marco de la guerra civil de los Trastámara y algunas revueltas antisemitas.

Estos hechos pueden explicar que, en la mitad de la referida calle, aún pervivan contiguos dos elementos de distinto sello: un viejo adarve judaico y una propiedad de la pequeña nobleza local. El primero es el callejón sin salida de Esquivias que, como otros de la ciudad, reunía en su tramo final varias viviendas y la posibilidad de cerrarse el acceso con alguna puerta o cancela en la embocadura del adarve. El segundo elemento es el edificio ya citado de Casa de la Cadena o, en plural, Cadenas. En él se reúnen matices mudéjares, góticos y platerescos para conformar una vivienda ajena al mundo judaico que ejemplariza los modelos de arquitectura doméstica «castellana», de finales del XVI, ligada a familias hidalgas. Documentos catastrales del XVIII asignan aún la propiedad del inmueble a los Zárate que, al parecer, podían ostentar cierto derecho de asilo o protección como lo tenían los templos. Tal privilegio se hacía visible con una cadena dispuesta en el zaguán que allí perduró hasta principios del siglo XX, elemento que justificaría la popular denominación ya citada para los toledanos.

La fachada ofrece varios huecos de distinto tamaño, algunos con espesas rejas forjadas, en niveles dispares, existiendo, bajo la cornisa, un par de vanos semicirculares, más habituales en edificios del XVI derivados de nuevas formas italianas. La entrada tiene una situación excéntrica. Se enmarca por un sencillo trilito goticista (sin escudo alguno) con dos hojas de madera, con clavazón compuesto por cazoletas semiesféricas, herrajes y aldabas de tradición bajomedieval. El portal, de gran altura y con un recio pavimento, obligaba a hacer un recorrido en codo desde la calle al patio, dejando en un rincón la bajada al sótano para acoger los pesebres de las caballerías.

El patio cuenta con columnas de diversa época y factura, dos brocales, puertas y ventanas enmarcadas con decoradas yeserías mudéjares. En un ángulo se abre un pasillo que comunica con una puerta secundaria hacia el callejón de Siete Revueltas. En otro rincón arranca la escalera, con un arco carpanel, hacia la entreplanta que acogía el salón principal –llamado «estrado de las damas»-, con pinturas florales y de paisaje en las paredes y restos de policromía en los artesonados. En torno al patio discurren dos galerías, la segunda, tan sólo ocupa dos de las cuatro pandas, todas con antepechos, pies y zapatas de madera. Perviven restos heráldicos en el patio y en las tabicas de algún artesonado ligados a linajes como los Herrera, Palma, Ayala, Hurtado…

Desde finales del XVIII, como tantos palacios y caserones toledanos, debió comenzar su declive, al alejarse sus propietarios hacia la Corte, dejándose en arriendo subdividido a varios inquilinos. Aunque se mantenía la estructura general de la casa, los vecinos, en la medía que podían, acomodaban cada rincón a sus necesidades y oficio. Una postal comercializada por Abelardo Linares, hacia 1915, recrea la vida diaria en este patio de la calle de las Bulas con mujeres, niños, un aguador y un zapatero, ambiente repetido, durante varias décadas, en múltiples casas toledanas. Digamos que el número 13, contiguo a la Casa de las Cadenas, acogía, desde 1899, un pequeño salón que disponía la Sociedad Echegaray para celebrar bailes, veladas teatrales de aficionados y que también alquilaba para reuniones de todo tipo hasta 1919 aproximadamente. Según la prensa, el 28 de febrero de 1928, Alfonso XIII, en una visita privada a Toledo, pasó por esta casa -entonces propiedad de Félix Ledesma Navarro, alcalde en dos ocasiones anteriores-, además de recorrer varios lugares de la ciudad.

En diciembre de 1967, el Ayuntamiento escrituró la compra del edificio para alojar familias en situaciones de emergencia social, barajando la idea de habilitar luego un archivo y alguna vivienda. Un acuerdo municipal, de 20 de febrero de 1973, aprobaba la cesión de la casa a la Dirección General de Bellas Artes, para recibir el Museo de Arte Contemporáneo que sería creado mediante Decreto de 16 de noviembre del mismo año. La rehabilitación fue realizada por el arquitecto José Manuel González Valcárcel (1913-1992) y se concluyó en 1975. Hasta los albores de 2001 estuvo abierto a los últimos, y casi siempre, escasos visitantes. Las obras marcaron el cierre, que aún manifiesta, la Casa de las Cadenas. En febrero de 2014, el Ayuntamiento iniciaba el trámite, ante el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, para pedir la reversión de inmueble al estar sin el uso previsto en la cesión hecha en 1972 para acoger aquel flamante Museo. En marzo de 2015, de nuevo, quedaba inscrito como bien del patrimonio municipal.

Desmontado el museo, el vacío y las palomas se adueñaron de la casa. Unos testimonios gráficos del interior de esta etapa aparecen en unas esmeradas fotografías de Renata Takenberg, tenaz coleccionista de los patios toledanos que, publicadas en cuidados libros, invitan a evocar las vivencias allí escenificadas en otros momentos.