Antonio Illán Illán

«Generación why» se queda en guay

Los 211 espectadores que estuvimos en el Teatro de Rojas de Toledo nos sonreímos un poco, pasamos el rato, aplaudimos el trabajo, pero, luego, en las cañas, no comentamos nada de lo que habíamos presenciado. Todo un síntoma

Antonio Illán Illán
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Título: Generación why. Creación original de la compañía: Teatro En Vilo. Dirección: Andrea Jiménez. Actrices: Noemi Rodríguez, Chiara Goldsmith, Roisin O’Mahony y Andrea Jiménez. Espacio escénico: María José Martínez. Vestuario: Julia Goldsmith y Teatro En Vilo. Iluminación: Miguel Ruz. Producción: Teatro en vilo. Escenario: Teatro de Rojas

Teatro En Vilo, dentro del ciclo Teatro Contemporáneo del Rojas, nos ha traído «Generación why», un espectáculo entretenido e inane. El porqué del título se queda en algo puramente guay, de contenido intrascendente, que resuelve la pregunta de ¿qué quieres para tu futuro? con una sarta de tópicos, divertidos en la puesta en escena, eso sí, pero conceptualmente triviales y baladíes. Nada que ver con su anterior espectáculo «Interrupted».

Que la gente se reía y se entretenía con lo que estaba ocurriendo es un hecho evidente, la propuesta tiene mucha forma aunque poca sustancia. Utilizan estrategias muy manidas para ganarse al auditorio, zalameras, a veces. Dicho esto sobre el espectáculo, lo que también hay que afirmar es que las actrices son mucho más que guays y demostraron estar sobradamente preparadas, con ejercicios de cuerpo, de gesto, de voz, de movimiento escénico, de imitación, de cambio de carácter, de variados registros, de canto y danza y de ocupación de un escenario carente de escenografía. Diríase que el espectáculo está basado en supuestos ejercicios de improvisación, pero no es así, todo está calculado, medido y racionalizado. Lo que hay detrás es un importante bagaje actoral de las actrices que lo protagonizan, jóvenes, aunque ya con madurez formativa y sobre las tablas, que realizan un trabajo coral, en el que Noemi Rodríguez sobresale, con una vis cómica más que interesante y una vis seria tan destacada como la cómica, seguida a un palmo por Chiara Goldsmith. Más endeble la actuación de la actriz inglesa, a la que no se le entendía nada, que también interpreta un gag de Julieta de Shakespeare un poco pastiche.

Hay una primera parte de presentación en la dramaturgia de «Generación why» con una voz en off (la directora) que resulta conminatoria y amenazante y que viene a suponer, digo yo, el orden establecido («lo que hay que hacer»). Luego hay un proceso como de psicoanálisis o confesiones sin absolución y, entre todo, canciones y movimiento. Hay una cierta crítica leve sobre la situación de los «millenials», que están «sobradamente cualificados y sobradamente frustrados», por tener unas grandes expectativas que no se pueden materializar. Otra sensación es que el espectáculo viene a ser una performance feminista, no solo porque el elenco esté compuesto por cuatro actrices (una directora) y porque en las confesiones se diga que una de las actrices y la directora son pareja sentimental, sino porque la primera expresión ya es un «femenino Podemos», traslación de eso que en el lenguaje normal es un masculino genérico. Esa primera expresión ya predispone y, desde luego, está puesta ahí con plena conciencia de la guionista. En cualquier caso es un feminismo amable.

«Generación why», como obra dramática, es inexistente. Son una serie de prácticas actorales en las que se integra al público para que interactúe, pero poco. Espectáculo colorista y dinámico, muy dinámico, aromatizado por los dejes lingüísticos, acentuados y caricaturizados, que provienen de los diferentes orígenes y lengua materna de las actrices (Italia, Irlanda y Galicia).

Quizá me aventuro a pensar que Teatro En Vilo anda a la búsqueda de un nuevo lenguaje escénico propio de una generación que está pasando de lo líquido a lo gaseoso, es decir, esencialmente intrascendente. Como diversión es correcto.

Los 211 espectadores que estuvimos en el Teatro de Rojas nos sonreímos un poco, pasamos el rato, aplaudimos el trabajo, pero, luego, en las cañas, no comentamos nada de lo que habíamos presenciado. Todo un síntoma.

En mi opinión, creo que ante el buen teatro que se está haciendo en España, con una contemporaneidad acorde con nuestra realidad de sociedad conflictiva, en esta ocasión se ha optado por una facilona inercia al programar. Para contrastar, recomiendo a quienes estuvieron en esta función y a quienes lean este texto que no se pierdan «Tebas land», el próximo 30 de marzo, y se van a enterar de lo que es gran teatro contemporáneo de verdad, con esencia, con forma y con sustancia.

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