Dice que vendía cocaína en el locutorio para costear su adicción

Dispensaba la droga a «clientes de confianza» en falsas bolsas de frutos secos

EFE
TOLEDO Actualizado:

El dueño de un locutorio de Toledo, Carlos Julio P.C., ecuatoriano de 39 años, acusado de traficar con cocaína desde el establecimiento que regentaba cerca de la Puerta de Bisagra, reconoció ayer que vendía droga a «clientes de confianza» para poderse costear la droga que consumía y que dispensaba en bolsas de frutos secos.

Así lo puso de manifiesto el acusado durante la vista oral celebrada ayer en la Audiencia de Toledo, en la que también se sentaron en el banquillo de los acusados otros tres individuos, entre ellos, César Antonio V. H., un compatriota del encausado, también de 39 años, al que se acusa de colaborar con su paisano en la venta de droga desde el establecimiento.

También fueron juzgados por el mismo delito Francisco D. A., español de 40 años, y un cuarto acusado, Razif L., marroquí de 28, quienes portaban casi diez gramos de cocaína cuando fueron detenidos el 8 de octubre de 2008 tras salir del locutorio, local en el que se intervino, entre otros efectos, un total de 23 gramos de cocaína de distinta pureza, y más de seis mil euros en efectivo.

La fiscalía sostiene que César Antonio colaboraba con su compatriota en el negocio de venta de droga, al que sustituía cuando él se ausentaba, mientras que Francisco y Razif adquirían la droga que les dispensaba el dueño de locutorio en falsas bolsas de frutos secos para luego venderla a terceros.

Durante la vista oral cada uno de los acusados se declaró consumidor de cocaína, y dos de ellos, el principal acusado y Francisco dijeron estar sometidos a tratamiento de desintoxicación, como así lo ratificaron los peritos que acudieron a prestar declaración.

Durante el juicio, que quedó visto para sentencia, quedó claro que la droga a estos «clientes especiales» se vendía a 26 euros, mientras que para el resto era el doble, 50 euros. Para el abogado de Carlos Julio, ello evidencia que el interés de su patrocinado no era lucrarse, sino financiar su adicción, ya que consumía entre uno y dos gramos de cocaína al día.

Escuchas telefónicas

Los agentes de la Policía explicaron que las detenciones se produjeron tras obtener información confidencial y tras la intervención del teléfono del dueño de locutorio, al que llamaban los clientes bajo la apariencia de recargar sus tarjetas de móviles cuando en realidad las cantidades eran gramos de cocaína, entre ocho y diez.

El abogado del principal acusado considera excesiva la pena solicitada para su cliente, ya que el locutorio tenía una actividad lícita y por tanto no era utilizada de tapadera, como sostiene la fiscalía, que pide diez años de cárcel, pena que la defensa rebaja, en el mejor de los casos, a año y medio de prisión al aplicar la eximente incompleta por drogadicción. El resto de las defensa piden la absolución, puesto que ni César Antonio, ni Francisco ni Razif «se han dedicado al tráfico de drogas y tampoco hay pruebas o indicios de ello», dijeron.