Ismael Gómez, durante su participación en el campeonato de España celebrado en Guadalajara
Ismael Gómez, durante su participación en el campeonato de España celebrado en Guadalajara - SPORT EVENTOS
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La rítmica también es suya

Ismael Gómez se ha proclamado subcampeón de España de esta disciplina, hasta hace nada vetada para los hombres. Ahora siguen siendo muy pocos, pero reclaman su espacio

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Cómo no acordarse de Billy Elliot. Aquel niño inquieto y con las orejas de soplillo, al que su padre apunta a un gimnasio para que se haga un tipo duro con el boxeo, resulta que acaba enamorado del ballet. Cómo no sufrir con los mil y un impedimentos que tiene que superar el crío en una sociedad machista, retrógada y oscura. Y, al final, cómo no emocionarse cuando el padre del chaval, un minero sin formación, lo manda todo a tomar por culo y se da cuenta de que lo que importa es que su hijo sea feliz.

Cuenca también tiene su Billy Elliot. Se llama Ismael Gómez Agudelo, tiene nueve años y se acaba de proclamar subcampeón de España de gimnasia rítmica en categoría benjamín. Sí, de gimnasia rítmica. Un deporte vetado a los chicos hasta hace nada y del que nuestro país presume de ser el único en el mundo en el que hay un campeonato nacional para hombres.

«Ismael es el hermano sufridor. Desde muy pequeño madrugaba con el resto de la familia para acompañar a su hermana Ainhoa (que ahora tiene doce años) a las competiciones», cuenta Rubén, su padre, a ABC. Sin embargo, Ismael no era el típico niño que va obligado y se pasa la mañana haciendo trastadas por la grada. Él se sentaba y no quitaba ojo a lo que pasaba en el tartán. Le gustaba, le encantaba lo que veía.

En una de esas competiciones vio que participaba un chico, Ricardo, de La Rioja. Fue él quien propuso practicar gimnasia rítmica a Ismael. «Al principio estaba un poco cortado», recuerda su padre, pero finalmente se animó. Aquello fue hace dos años.

Ismael entrena con el CD Huécar y es uno de los dos chicos (el otro es José Ignacio, aún más pequeño) en un club con 140 niñas. Por fortuna, no ha sufrido ninguna discriminación. Al revés. «En el campeonato de España, las compañeras de Ismael estaban súper volcadas con él porque era la primera vez que alguien del club subía al podio nacional», recureda su entrenadora, Natalia Arias. Su padre lo corrobora: «Las chicas le adoran».

Su experiencia contrasta con la de Rubén Orihuela (Valencia, 1987), quien hace unos 20 años se convirtió en el primer chico federado en gimnasia rítmica. En una entrevista reciente con El Español, Orihuela se mostraba muy duro con el asunto del género en este deporte: «A los hombres es muy fácil criticarlos por no darle paso a ellas. Hacer lo contrario es más difícil. Son ellas las que no quieren que entremos en este mundo».

Desde 2005 lleva habiendo competiciones para hombres. Sin embargo, en 2009 la Federación Internacional de Gimnasia (FIG) publicó un comunicado en el que decía: «La gimnasia rítmica es un deporte solo para mujeres y la FIG no tiene reglas para la competición de hombres». Tras ello, la Federación Española decidió suspender los campeonatos masculinos.

Orihuela y otro puñado de valientes no se rindieron, presionaron al entonces recién creado Ministerio de Igualdad e hicieron pública esta injusticia. A la Federación Española no le quedó más remedio que dar marcha atrás y ese mismo año de 2009, en Gijón, se celebró el primer campeonato nacional para hombres. Hubo diez participantes. En el que se disputó hace una semana en Guadalajara fueron 53, entre todas las categorías. Pero siguen siendo muy pocos.

Cambia la coreografía

Las diferencias físicas entre hombres y mujeres en este deporte son evidentes. «Ellos tienen mucha más fuerza al tener más masa muscular, pero menos flexibilidad», cuenta la entrenadora Natalia Arias, quien asegura que no hay disticiones en los entrenamientos. La única variación es la coreografía de los ejercicios, ya que «entendemos que un chico no tiene que tener movimientos tan femeninos como los de una chica».

En el campeonato de España, Ismael hizo dos ejercicios: uno con pelota, en el que fue el mejor, y otro de manos libres, en el que fue segundo. La suma de ambas notas para la clasificación general le proclamó subcampeón, a tres décimas del primero. Y sus padres, «orgullosísimos» en la grada. De él y de su hermana. Como el de Billy Elliot.