Manuel Sanroma, con el maillot del Fuenlabrada, en una de las dos etapas de la Vuelta a Asturias que ganó un mes antes de fallecer
Manuel Sanroma, con el maillot del Fuenlabrada, en una de las dos etapas de la Vuelta a Asturias que ganó un mes antes de fallecer - ABC

Manuel Sanroma, en Almagro tienen memoria

Este domingo se celebra la XX Marcha Cicloturista en recuerdo del joven esprínter fallecido en 1999 al golpearse la barbilla con un bordillo en la Volta a Cataluña

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La suya fue una muerte retransmitida en directo por la televisión. El ciclista Manuel Sanroma (Almagro, 1977) se dejó la vida cuando su barbilla chocó con un bordillo del paseo marítimo de Vilanova i la Geltrú, meta de la segunda etapa de la Volta a Cataluña, el 19 de junio de 1999.

Su pueblo no le ha olvidado. Este domingo se celebra la XX Marcha Cicloturista que lleva su nombre. La prueba está organizada por la Peña Ciclista Lolo Sanroma, partirá a las 8:00 horas del pabellón Gemma Arenas y atravesará Granátula de Calatrava, Calzada de Calatrava, Huertezuelas y Viso del Marqués hasta desembocar en la plaza Mayor de Almagro. Son 145 kilómetros a velocidad controlada, con un tramo libre de 30 kilómetros y un desnivel acumulado de 1.500 metros.

En 1999 Sanroma era uno de los grandes talentos del pelotón español. Tenía 22 años y solo llevaba uno como profesional. En febrero ya le había ganado una carrera al mismísimo Mario Cipollini, el indomable león italiano. «España, país de escaladores, de fugados en solitario y últimamente de contrarrelojistas, también podía disponer de un tipo veloz, sin miedo, 40 años después de (Miguel) Poblet», escribió Carlos Arribas en El País. Y añadía: «En su equipo, el modesto Fuenlabrada, no se lo creen. El único ganador nato del ciclismo español corre con ellos. Qué lujo. Su jefe, Maximino Pérez, le promete un coche si llega a los cuatro triunfos en la temporada».

Se quedó corto. Sanroma ganó cuatro carreras en la Vuelta al Alentejo (Portugal) y dos más en la Vuelta a Asturias. Después reclamó «su premio, y que sea un Audi 3, el coche de sus sueños». Y así llegó junio, la Volta y el final de etapa más triste de la historia. Nunca antes un esprínter había muerto en acto de servicio. Pese a que los médicos le atendieron apenas unos segundos después de la caída, no hubo nada que hacer. Tenía fracturado el cráneo y entró cadáver en el hospital de Sant Pere de Ribes.

En el accidente también se vieron implicados el eslovaco Jan Svorada y el belga Jo Planckaert, por fortuna sin consecuencias. «Paso mucho miedo porque a 70 kilómetros por hora por hora hay toques con los codos entre los ciclistas y existe mucho peligro de caídas», había reconocido Sanroma meses antes.

Su equipo se retiró de la carrera. Otra vez tenía que convivir con la tragedia. José Antonio Espinosa chocó con un miembro de la organización del Critérium de Fuenlabrada y falleció tras un día en coma en octubre de 1996. Un camión atropellaría fatalmente a Saúl Morales durante la séptima etapa de la Vuelta a Argentina el 28 de febrero de 2000.

Indemnización a la familia

Al día siguiente de la muerte del almagreño el pelotón volvió a montar en bici, pero no compitió. «Se pararon a unos metros de la meta para no disputar el esprint, la forma de vida que había elegido Sanroma», describieron las agencias. Al final de esa temporada Óscar Freire, el mejor esprínter español de siempre, ganó el primero de sus tres mundiales en Verona (Italia).

En 2003 una sentencia del Juzgado de Primera Instancia número 33 de Barcelona condenó a la Unió Esportiva de Sants, organizadora de la Volta, y a su compañía aseguradora, Centro Asegurador Compañía de Seguros y Reaseguros, a indemnizar con 132.154 euros a la familia de Sanroma por falta de previsión en la seguridad de la carrera. El tribunal consideró responsable a la organización de la mala señalización del bordillo en el paseo marítimo de Vilanova.