Jesús Perera, en su etapa en el «Alba», celebrando un gol al Elche
Jesús Perera, en su etapa en el «Alba», celebrando un gol al Elche - ABC

Jesús Perera, el héroe del último ascenso del Albacete a Primera

El hoy segundo entrenador del Mérida recuerda gratamente aquel magnífico año 2003, en el que fue pichichi con 22 goles y pasó a la historia del club manchego

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Tiene que ser muy difícil encontrar a alguien en Albacete que no sepa el nombre del pichichi del último equipo manchego que subió a Primera División, allá por el año 2003. Efectivamente, es Jesús Perera (Olivenza, 1980), ahora convertido en el segundo entrenador del Mérida, pero hasta hace muy poco un delantero con licencia para marcar.

Los 22 tantos que hizo en la temporada 2002/2003 le sirvieron para ser el máximo goleador de Segunda División (por delante de los 20 que hizo David Villa, entonces en el Sporting) y al «Alba» para llevarse una alegría tremenda, además de inesperada. Un ascenso que esto año podría repetirse porque los chicos de Ramis marchan líderes.

«El Albacete de 2003 era un equipo que, en un principio, no contaba para ascender, sobre todo por presupuesto. Se firmó a César Ferrando, un entrenador que nadie conocía, que venía de Segunda B; y nos juntamos bastantes jugadores jóvenes con un grupo de veteranos. Ferrando consiguió una unión muy importante», recuerda Perera a ABC.

El delantero había llegado al «Alba» en 2001 procedente del filial del Mallorca, que en aquel tiempo contaba en sus filas con futuras estrellas como Leo Franco, Albert Luque o Diego Tristán. En esa primera temporada, la 2001-2002, el Albacete quedó décimo.

Sin embargo, en el verano de 2002 hubo un cambio radical en la plantilla y llegaron muy buenos futbolistas: los argentinos Roa y Siviero, los franceses Viaud y Delporte, y los españoles Parri, Pablo Ibáñez (subió desde el filial) y Jandro (aterrizó en el mercado de invierno).

Los manchegos realizaron una gran temporada y el sábado 14 de junio de 2003 ascendieron a Primera División por segunda vez en la historia del club, emulando al «Queso Mecánico» de Benito Floro de principio de los años 90.

«Me acuerdo perfectamente de ese día. Íbamos en el autobús, llegando a Zaragoza, donde jugábamos al día siguiente, y escuchamos en la radio el gol del Racing de Ferrol, obra de Cuéllar, al Levante», relata Perera. La derrota de los «granotas» en el último minuto convirtió al «Alba» (y al Zaragoza) en equipos de Primera. «Aquel año me dí a conocer en el fútbol profesional», reconoce el hoy entrenador.

Después, el Mallorca ejerció la opción de recompra que tenía sobre Perera y este retornó al club bermellón para jugar en la máxima categoría, además de la Copa de la UEFA. Luego recaló en el Celta, con el que vivió lo peor y lo mejor del fútbol: un descenso y un posterior ascenso. También jugó en otros cinco equipos más: Rayo y Elche (ambos en Segunda), Atlético Baleares y Nástic (ambos en Segunda B) y Mérida (un año en Tercera y y otro en Segunda B).

En realidad, se vistió de corto «hasta que mis rodillas dijeron basta en 2016». «Tengo una condromalacia rotuliana de grado máximo, el cartílago se me fue desgastando y llegó un momento en el que ya era imposible jugar al nivel que quería», explica.

Tras retirarse, «estuve dos años estudiando, preparando el curso de entrenador. Esta temporada empecé en la dirección deportiva del Mérida y, a partir de Navidad, me quedé como segundo entrenador», desvela.

El equipo extremeño está luchando por subir a Segunda B y, de momento, es segundo en la clasificación. Perera reconoce que no ve los partidos del Albacete, aunque sigue sus resultados. Se trata de una cuestión de tiempo: «No veo mucho fútbol porque tengo dos niños pequeños y estoy liado con el Mérida. Bastante tengo con la Tercera División». Eso sí, seguro que estará muy pendiente del posible ascenso de los manchegos. Y de producirse, recordará aquel magnífico 2003. «'Joer', 16 años han pasado ya de aquello», añade Perera, sinceramente sorprendido.