Gemma Arenas, la reina de la montaña

Este viernes afronta en Gran Canaria su primer gran reto extremo del año, después de ser elegida la mejor corredora de montaña del mundo en 2016. A sus 38 años, la atleta de Almagro es una de las favoritas en la prueba de 125 kilómetros

ToledoActualizado:

«Cuando corro por esos lugares mágicos, me considero una privilegiada. No todo el mundo puedo acceder a ellos». Son palabras de Gemma Arenas Alcázar (Ciudad Real, 1979), elegida la mejor corredora de montaña del mundo en 2016 por votación popular, después de ganar la Copa del Mundo de las Skyrunners World Series. «Me llevé una gran sorpresa —admite—. La francesa Caroline Chaverot hizo una temporada inigualable, pero creo que parte de la culpa de que yo ganara fue que la gente valoró mucho mi rápida progresión en el mundo del trail y haberme codeado con las mejores en tan solo dos años».

Madre de Lucas (6 años) y de Nora (3 primaveras), Gemma afrontará este viernes su primer gran desafío extremo del año: la Transgrancanaria. Participará en la prueba reina, la de 125 kilómetros, que atraviesa la isla de Gran Canaria de norte a sur. «Es puntuable para el circuito del Ultra Trail World Tour y en ella estarán las mejores del mundo. Al ser el primer gran reto y ser a principio de temporada, puede que llegue un poco verde, pero intentaré hacerlo lo mejor posible», aventura la deportista, quinta clasificada del Campeonato del Mundo de Trail en 2016 y ganadora del Campeonato de España de ultras de la Fedme (Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada) en 2015 y 2016.

Trabajo a media jornada

Casada desde 2007 con su entrenador, Agustín Luján Maldonado, la pareja vive en Almagro (Ciudad Real). Su casa está muy cerca del trabajo de Gemma. Torytrans es una empresa dedicada al diseño y la producción de transformadores eléctricos de baja tensión. En la fábrica, la atleta está empleada a media jornada: tiene quince días libres y otros quince de curro. «Durante las dos semanas libres, puedo salir a entrenar a algunas pequeñas montañas a 45 minutos de casa en coche y disfrutar también de los peques». Sin embargo, durante la quincena que pasa en el tajo «todo eso es imposible, excepto los fines de semana. Tengo que salir a entrenar por las calles de Almagro o coger el foco e ir a un cerrillo que tenemos cerca».

«Me encanta la sensación de libertad y de llevar el cuerpo al límite en las carreras de ultradistancia»

Para ella es imprescindible el apoyo de su familia y amigos. «Gracias a ellos, que cuidan de los niños, mi marido y yo podemos sacar horas de entrenamiento. Que mi marido sea mi entrenador es una ventaja para mí. Además de planificarme todos los entrenamientos, los hace corriendo a mi lado», explica la atleta, que cumplió 38 años el 12 de febrero.

Su carrera deportiva empezó a progresar más rápido después de ser madre. «Debido a que tenía menos tiempo para entrenar, decidimos cambiar de estrategia de entrenamiento y aprovechar más el tiempo. Bajé el volumen y metimos mucha más calidad. Eso me ha hecho mejorar mucho mi rendimiento», resume.

En enero volvió a los entrenamientos y a la competición, después de unos días de descanso en diciembre. Uno de sus lugares para prepararse es el cerrillo que está al lado de su casa en Almagro, una población con una altitud de 646 metros sobre el nivel del mar. En realidad, ese montículo es el volcán de la Yezosa, de 858 metros de altitud. El desnivel de 212 metros hasta su cima es el que Gemma aprovecha para entrenar, además de las pequeñas montañas que están a 45 minutos de casa en coche.

Pero, ¿qué sería de ella si tuviera alta montaña alrededor de su casa para entrenar? «Esta es una pregunta que me hace mucha gente y que yo misma me hago de vez en cuando. La verdad es que me gustaría poder tener cerca de casa un lugar donde poder entrenar la alta montaña. El año pasado estuve 20 días por los Alpes y pude comprobar en primera persona las mejoras en rendimiento que te proporciona entrenar en este tipo de sitios».

Gemma corre porque está enamorada de esta modalidad deportiva: «El hecho de haberme decidido a hacerlo por las montañas ha sido porque me encanta la sensación de libertad y de llevar el cuerpo al límite en las carreras de ultradistancia. Cuando corro por esos lugares mágicos, me considero una privilegiada, ya que pienso que no todo el mundo puede acceder a ellos».

Desde que en julio falleció su padre, Francisco, siempre se acuerda de él nada más cruzar la meta. «Era mi fan número 1»

Sus pruebas más extremas duran más de quince extenuantes horas, y en ese tiempo la atleta de Almagro piensa de todo y en todos sus seres queridos. «Hay momentos de euforia, tensión, recuerdos, bajones... A mí, personalmente, me gusta centrarme más en ir pensando en las características de los siguientes kilómetros que me voy a encontrar y en la gente que me apoya desde la distancia o en la misma carrera, y que están disfrutando con mi esfuerzo».

Pero a ella no le agrada el término friki («persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición», según la RAE). «Por supuesto que no me considero una friki, me considero una enamorada de las carreras por montaña y de este estilo de vida. Eso no quita que disfrute de otros placeres de la vida, como el descanso, la comida o disfrutar con la familia y amigos».

Digestiones muy lentas

Su alimentación es muy variada y saludable «desde siempre», por lo que no ha tenido que modificar mucho su dieta desde que practica este tipo de carreras. «Me encantan los productos típicos de mi tierra, como el queso curado, el jamón y el aceite de oliva. No soy obsesiva con la comida o con no comer esto o aquello. Me suelo adaptar a lo que haya. Con lo que tengo que tener más cuidado es con las comidas más pesadas o con muchas especias, ya que tengo problemas en el estómago y hago las digestiones muy lentas», explica.

A Gemma se la ve alegre. En sus fotografías siempre sale sonriendo: «Correr me proporciona mucha felicidad y eso se refleja en mi cara. Me considero una mujer muy feliz y afortunada por poder estar viviendo todas estas experiencias».

«No me considero una friki, me considero una enamorada de las carreras por montaña y de este estilo de vida»

No tiene ninguna manía ni talismán cuando corre. Sin embargo, desde que en julio falleció su padre, Francisco, siempre se acuerda de él nada más cruzar la meta. «Era mi fan número 1». Luego piensa en sus hijos, en su familia y en todos los amigos que le apoyan.

Por eso a Gran Canaria lleva una mochila cargada de ánimos y buenos deseos. Además, llegará con un excelente bagaje desde que comenzó el año: tres carreras, tres victorias. Gemma dejó su impronta el 29 de enero en el maratón de Murcia (2:46:08), el 11 de febrero en el maratón de montaña «Sierra Blanca» de Marbella (6 horas y 2 minutos en 42 kilómetros, con 3.000 metros de desnivel positivo) y el 19 de febrero en la media maratón de Valdepeñas (1:20:25).

Sin tiempo para descansar

Debido al trabajo, su viaje a la segunda isla más poblada de Canarias va a ser un poco precipitado. Cuando llegue, apenas tendrá tiempo de pasar por el hotel antes de ir a la línea de salida de la Transgrancanaria. «Me encantaría poder viajar a principios de esta semana, como van a hacer la mayoría de los atletas élite, y así poder aclimatarme mejor y entrenar por el recorrido. Pero debido al trabajo, saldré de Madrid el mismo día de la prueba, este viernes a las 15.00 horas. Mi avión aterrizará en Gran Canaria a las 17 horas y tendré que coger rápido un coche para dejar las maletas en el hotel. Sin pausa, iré al otro extremo de la isla, donde empezará la prueba a las once de la noche. Sé que no son las mejores condiciones para competir, pero es lo que hay y yo estoy contenta de poder hacerlo».

Con su linterna frontal en la cabeza, Gemma tendrá por delante 125 kilómetros infernales. La reina de Almagro, que llega a Gran Canaria como una de las favoritas, quiere poner su primera pica de 2017, como en Flandes.