Vista panorámica de la Vega Baja, donde se aprecia, al fondo, la zona donde se hallaron los restos arqueológicos
Vista panorámica de la Vega Baja, donde se aprecia, al fondo, la zona donde se hallaron los restos arqueológicos

Un relato inédito de la Vega Baja: amenazas, venganzas y otros entresijos

Marañón desvela los ataques y el «juego sucio» de que fue objeto cuando la Fundación Toledo se opuso a la construcción de viviendas en la zona

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En julio de 2016 hará diez años desde que el expresidente Barreda paralizara la edificación de la Vega Baja. Ha pasado el tiempo y los terrenos siguen ahí, inalterables, con los restos enterrados de la capital visigoda que en el siglo VI fue, junto a Constantinopla, la principal ciudad de la cuenca del Mediterráneo. Ahora, en un libro que acaba de publicar, Gregorio Marañón Bertrán de Lis desvela un impactante relato que sorprenderá a muchos.

En los años 90, el Ayuntamiento de Toledo, entonces regido por el PP, puso en marcha, con la anuencia del PSOE, una operación urbanística consistente en la recalificación de los terrenos de la Vega Baja para que las empresas inmobiliarias pudieran optar a su compra y construir viviendas. También se interesaron en el asunto dos cooperativas de viviendas sociales.

En 2006, la Real Fundación Toledo inició una campaña para alertar a la opinión pública sobre los planes que había para Vega Baja, a la que se unieron la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, sin olvidar a Hispania Nostra. También la Unesco mostró seria precupación por lo que ocurría en Toledo, pero no se tradujo en nada.

«Lucrativo negocio»

El entonces presidente de la Real Fundación de Toledo, Gregorio Marañón Bertrán de Lis, que siempre consideró aquella operación urbanística como un «lucrativo negocio especulativo», denunció ante el Rey Juan Carlos, cuando ya se había realizado la venta de los terrenos, el «atentado» que iba a cometerse en Vega Baja. Fue el 2 de marzo de 2006, en el acto de entrega de los Premios de la Real Fundación Toledo celebrado en el Teatro de Rojas, y en el que también estaban presentes el entonces presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda; la ministra de Cultura, Carmen Calvo, y el alcalde, José Manuel Molina.

El discurso de Marañón dio sus frutos y, seis meses después, Barreda anunciaba, el 26 de julio, la paralización de la edificación de la Vega Baja. El 19 de octubre de 2006, la Consejería de Cultura incoaba el expediente de ampliación de BIC, con categoría de zona arqueológica, para la Vega Baja. Con este expediente se amplió la protección a la totalidad de la zona Vega Baja I, lo que supone que todo el terreno tendrá la máxima protección y cualquier resto arqueológico tendrá prioridad sobre cualquier otra actuación en el área.

Pero detrás de estos hechos conocidos por todos y reflejados entonces en los medios de comunicación nacionales e internacionales, existen otros, hasta ahora inéditos, que describen los entresijos, la intrahistoria de lo ocurrido en torno a Vega Baja, y que ahora ve la luz gracias a la publicación del libro «Memorias del Cigarral 1552-2015».

«Un alto funcionario municipal me amenazó para que abandonara la defensa de la Vega Baja; si no, el Ayuntamiento declararía públicos los caminos del cigarral»

Cuenta el hoy presidente de la Fundación El Greco 2014 que, al tomar la Fundación Toledo el liderazgo de la oposición a la operación urbanística en Vega Baja, muy pronto «comenzamos a sufrir el coste de esta exposición». Y, así, añade que «uno de los principales promotores toledanos me acusó públicamente de querer perjudicar gravemente a Toledo y en algunos medios cercanos a los empresarios del ladrillo se publicó el infundio de que yo quería impedir el desarrollo de Vega Baja para beneficiar mis supuestos intereses inmobiliarios en la Huerta del Rey, cuando en Toledo no tengo más propiedad que el cigarral y, además, había intervenido decisivamente para que tampoco se edificase en esos terrenos, situados en la Vega Alta».

Entonces, Marañón decidió reunirse con los promotores inmobiliarios de la Vega Baja para hacerles una propuesta: «que aceptasen permutar sus terrenos con otros de la Junta y el Ayuntamiento, con el fin de que Vega Baja recuperase su titularidad pública y su carácter no edificable, pero no aceptaron, convencidos de que tenían la batalla ganada».

Transcurridos ocho años desde la decisión de Barreda de paralizar las 1.300 viviendas en la zona, «si bien se recuperó la titularidad pública de la Vega Baja con una inversión cercana a los 60 millones de euros, la gestión urbanística, arqueológica y paisajística de este territorio ha sido absolutamente lamentable por inexistente», critica Marañón.

Capítulo siniestro

«Después de la decisión de Barreda quedaba un capítulo siniestro por escribir que se refiere al cigarral. En mayo de aquel año, un alto funcionaro municipal me amenazó, a través de un mensajero fiable, para que abandonase la defensa de la Vega Baja: si no lo hacía, el Ayuntamiento declararía públicos los caminos del cigarral», desvela Marañón en su libro.

El 3 de agosto de 2006, una semana después del anuncio de Barreda, la Junta de Gobierno del Ayuntamiento, presidida por su teniente de alcalde, Lamberto García Pineda, se reunió de urgencia «con el fin de incoarme un expediente con la falsa acusación de haberme apropiado de un camino público al construir un portalón en la entrada del cigarral», y se concluía que el resto de senderos existentes en su recinto cercado también tenían carácter público. «¡Tras casi cinco siglos de titularidad y uso exclusivamente privado!», exclama en su libro Marañón, quien subraya que el informe técnico de aquel expediente olvidaba que el portalón «llevaba construido más de dos décadas y se hizo con la correspondiente licencia municipal».

Del episodio de su expediente, él se enteró el 1 de septiembre al leer una revista local, que titulaba en portada «Expediente a Gregorio Marañón. El Ayuntamiento le pide que devuelva un camino público», y «cuyo principal accionista estaba vinculado a uno de los promotores inmobiliarios más importantes de Toledo, que, por supuesto, también tenía intereses en la Vega Baja». «El supuesto defensor del patrimonio de la ciudad aparecía como un aprovechado ciudadano que hacía suyos los espacios públicos».

En el escrito que presentó al Ayuntamiento en respuesta al inicio del expediente, Marañón exigía las responsabilidades «a que en derecho hubiera lugar, incluso las de carácter penal». Entonces, el alcalde «reaccionó inmediatamente y me ofreció el sobreseimiento del expediente, dándome a entender que la iniciativa no había sido responsabilidad suya».

Acordó también con el alcalde la celebración del acto relativo al nombramiento que en 2003, tres años antes, le hizo el Ayuntamiento declarándole Hijo Adoptivo de Toledo. «Ángel Nicolás, presidente de Fedeto y también promotor inmobiliario de la Vega Baja -cuenta Marañón-, hizo unas declaraciones» en un periódico local». Decía Nicolás: «Reconocer ahora a Marañón puede entenderse como una provocación», y anunció que si se celebraba el acto «aumentaría la tensión». De esto último, Marañón comenta en su libro: «Fue obvio que hablaba y amenazaba también en nombre de sus colegas». El alcalde, en un gesto que solo demostraba quiénes tenían el mando en ese ayuntamiento (y en tantos otros de España), suspendió el acto». Tuvieron que pasar dos años (mayo de 2008) para que el expresidente de la Fundación Toledo fuera declarado Hijo Adoptivo de Toledo.