Caras de tristeza en la iglesia de Santa Leocadia, cuya procesión no pudo salir por culpa de la lluvia
Caras de tristeza en la iglesia de Santa Leocadia, cuya procesión no pudo salir por culpa de la lluvia - H. FRAILE

La procesión del Santo Entierro de Toledo se suspendió por la lluvia por segundo año consecutivo

Durante la madrugada del viernes sí pudieron salir las procesiones del Cristo de la Vega y del Cristo de la Expiración

TOLEDOActualizado:

Después de la suspensión de la procesión de Jueves Santo, por la lluvia, las gotas que caían sobre la Imperial Ciudad, cuando comenzaba el Viernes Santo hicieron presagiar que las procesiones que tenían que salir en la madrugada si iban a suspender, pero la lluvia dejó de caer y unos minutos después de las doce de la noche partía de la catedral primada la procesión del Cristo de la Vega, portado en andas por veinte de sus costaleros. Después del motete que le cantaron los seminaristas, el encuentro con la Virgen del Carmen y el Miserere que le dedicaron los Caballeros Penitentes de Cristo Redentor, traspuesta la puerta del Cambrón, bajo por la cuesta de la Cava, entre la música de los tambores y cornetas de sus cofrades y serpenteo de luces y plegarias llegar a su antiquísima basílica.

A las 3.00 horas expirando salió de la iglesia conventual del monasterio de Santo Domingo de Silos, el Cristo de la Expiración, suspirando en el hálito tenue de la brisa de la madrugada. ¡Qué largo se nos hace tu Calvario, qué empinada tu cuesta, qué lóbregos los cobertizos, qué duros los guijarros y adoquines, qué soledad de estrellas- a punto, ya, la amanecida- qué ausencia de golondrinas en la madrugada de abril! La procesión del Silencio, como es conocido este acto penitencial recorrió el itinerario que viene realizando desde 2008, cuando dejó de pasar por Alfileritos y por Cadenas.

La lluvia volvió a aparecer después de las seis de la madrugada lo que impidió la salida de procesión del Santo Encuentro que debía salir de la iglesia de Santiago el Mayor o del Arrabal con las imágenes de Jesús Nazareno y Virgen de los Dolores.

La catedral primada que había cerrado sus puertas después de la hora santa y la salida de la procesión del Cristo de la Vega, comenzó sus cultos con el esplendoroso canto coral de Laudes, en que los canónigos y seminaristas, presididos por el arzobispo primado Braulio Rodríguez, cantaron salmos y leyeron lecturas de la liturgia el día.

Por la mañana las calles de Santo Tome, los cobertizos y el barrio conventual, eran unos regueros de personas: visitantes y toledanos que cumplían con la antiquísima tradición de orar ante el Santísimo Sacramento guardado en los preciosos sagrarios de las iglesias parroquiales y conventuales y los turísticas, los devotos oraban y los curiosos, en respetuoso silencio admiraban los retablos, pinturas e imágenes de los templos.

A las 18.00 horas, el prelado primado concelebró con miembros del cabildo catedralicio la Pasión del Señor, durante la cual tres capitulares cantaron la Pasión según San Juan. Todas las personas que quisieron adoraron la Santa Cruz y las que estaban preparadas comulgaron. Hasta 1955, los fieles no podían adorar la Cruz Redentora y comulgar en este día pero el Decreto General de la Sagrada Congregación de Ritos que entró en vigor el 25 de marzo 1956 lo autorizó

Las plomizas nubes que a las cuatro de la tarde empezaron a dejar caer sobre el cerro toledano una abundante llovía que continuaba a la hora programada para la salida de procesión del Santo Entierro, lo que hizo que puestas de acuerdo todas las cofradías que iban a desfilar decidiesen, acertadamente, que el desfile procesional más importante de la Semana Santa toledana se suspendiese por segundo año consecutivo. En los templos, sedes de las cofradías, se celebraron diferentes actos penitenciales.

Tampoco pudo salir el Cristo de la Buena Muerte de su sede canónica el monasterio franciscano de San Juan de los Reyes, para recorrer las calles de los barrios de la judería, nobiliaro, conventual y de los cobertizos. A la 1.00, después del canto de «Anima christi» de una devota, el tambor destemplado que abre el desfile procesional, en forma de Vía Crucis, comenzó a resonar por las esplendorosas naves del claustro franciscano, en un profundo silencio, quebrado solo por el canto de los salmos y bisbiseos de las estaciones del Vía Crucis. Desde que en 1957, saliese por primera vez, el acto penitencial no se ha suspendido nunca, después que en 1963, se celebrase por primera vez por los claustros. Los impresionantes momentos que se vivieron aquel año, hicieron que en una junta general se votase si sacar a la procesión por la calle o celebrarla en los claustros, por solo tres votos se decidió que saliese por las calles. El Cristo es portado sin andas por las cofrades de ambos sexos y es una preciosa talla que esculpió Mariano Malagón. El acto penitencial en la madrugada del Sábado Santo, con los cofrades luciendo el hábito de franciscano, traslado a los asistentes a los tiempos de la fundación del monasterio franciscano.