El alfárez Astilleros, el martes en la Comandancia de la Guardia Civil de Toledo
El alfárez Astilleros, el martes en la Comandancia de la Guardia Civil de Toledo - A. Pérez Herrera
Día de la Guardia Civil 2018

«Nada se asemeja a ser disparado a corta distancia dentro de una casa»

El alférez Ricardo Astilleros será condecorado con una medalla roja por una intervención en la que resultó herido

ToledoActualizado:

El alférez de la Guardia Civil Ricardo Astilleros (Ciudad Real, 1974) escucha habitualmente música clásica para relajarse. Ha sentido la muerte de Montserrat Caballé —«su fallecimiento es una gran pérdida»—, aunque el agente es más seguidor de los tenores Plácido Domingo y José Carreras.

Pero este viernes no sonará la imponente «Nessun Dorma» en el patio de la comandancia de la Guardia Civil de Toledo, donde se celebrarán los solemnes actos con motivo de la patrona del Cuerpo, la Virgen del Pilar. Aunque bien podría escucharse esa conmovedora aria de la ópera Turandot, magistralmente interpretadas tantas veces por los tres cantantes españoles, mientras el alférez Astilleros reciba la Cruz al Mérito de la Guardia Civil con distintivo rojo por una arriesgada intervención el 4 de agosto de 2016. «Ha sido el momento más peligroso en mi larga carrera profesional», asegura el agente.

Aquel caluroso día de verano el alférez Astilleros lideraba la Unidad de Seguridad Ciudadana (Usecic) de Ciudad Real; llevaba al mando menos de un mes. Con su equipo llegó a Argamasilla de Calatrava, a 42 kilómetros al sur de la capital de la provincia, para cumplir con una orden de entrada y registro en una vivienda, porque se sabía que había armas en su interior.

Los agentes fueron recibidos con los disparos de una escopeta de caza que un hombre realizaba desde dentro de la casa. El resultado: siete guardias civiles heridos. Entre ellos, Astilleros, que fue alcanzado en su brazo izquierdo. A pesar del ataque, los agentes continuaron con la misión encomendada, aseguraron la vivienda y lograron detener al autor de los disparos.

«Sí, fue un momento en el que sentí que mi vida corría peligro», afirma. «Aunque gracias al entrenamiento recibido durante toda mi carrera profesional en la Guardia Civil —añade—, supe afrontar ese temor y así poder responder eficazmente a la agresión».

Ladrones y maltratadores

Por su trabajo en seguridad ciudadana, Astilleros había vivido otras situaciones tensas por riñas tumultuarias y agresiones entre ciudadanos con objetos peligrosos. También había tenido que detener a ladrones en el momento en el que estaban cometiendo robos, arrestar a maltratadores por casos de violencia de género..., «pero ninguna intervención se asemeja al hecho de ser disparado a corta distancia con un arma en el interior de una vivienda».

Astilleros recibirá la cruz en su lugar de trabajo, la Comandancia de Toledo. El alférez está destinado como jefe del Núcleo de Servicios, la unidad responsable de la seguridad del acuartelamiento, además de los edificios públicos de la Delegación del Gobierno y de la Audiencia Provincial en la capital regional.

También es el responsable del Centro Operativo de Servicios (COS, 062) de la comandancia y de la Sección de Intervención Rápida (SIR). Esta unidad es activada cuando la Jefatura de la Comandancia de Toledo considera necesario que debe prestar un apoyo puntual en labores de seguridad ciudadana y control de masas. «Efectivamente, mi destino actual es más tranquilo, no es tan operativo como cuando estaba en la Usecic —reconoce—; en definitiva, es distinto».

El agente lleva 24 años de servicio en la Guardia Civil
El agente lleva 24 años de servicio en la Guardia Civil - A. Pérez Herrera

El alférez Astilleros ingresó en la Guardia Civil en 1994. No tiene familiares en este cuerpo de seguridad —procede de una saga de docentes—, aunque, desde muy joven, le llamó la atención ayudar al ciudadano desde el campo policial. «La Guardia Civil —explica— cumplía todas mis expectativas por ser un cuerpo policial de carácter militar, con la posibilidad de tener diferentes destinos y diversas especialidades».

Su primer destino profesional fue la Comandancia de Algeciras, luego pasó a Madrid y en el año 2000 le trasladaron al Servicio de Seguridad de Su Majestad el Rey, donde estuvo hasta 2003. Su ascenso a sargento le obligó a cambiar de destino y llegó a la Comandancia de Ciudad Real, su tierra natal. Fue comandante de puesto en un pueblo y, después, pasó a ser jefe de la Unidad de Seguridad y Protección en Ciudad Real. En 2015 ascendió a alférez y lo pusieron al frente de la Usecic en la provincia manchega.

En 24 años de servicio, Astilleros ha tenido tiempo de compatibilizar su afición a la lectura, sobre todo la novela histórica, con el deporte y los estudios universitarios. Empezó Magisterio, pero los diferentes destinos le obligaron a dejar la carrera. Ahora está matriculado en un grado en Derecho para complementar los conocimientos adquiridos en la Guardia Civil y «poder así desarrollar mi trabajo con más profesionalidad».

«Mi segunda familia»

Dice que las «gracias» de un ciudadano y la «íntima satisfacción» del deber cumplido «es lo que realmente recompensa nuestra sacrificada labor profesional». «Por tanto, el reconocimiento público es meritorio, pero no lo más importante», apostilla el alférez, quien define la Guardia Civil, «mi segunda familia», con tres ideas: «Es un cuerpo policial de los mejores que existen en Europa, con una amplia formación y un gran espíritu de sacrificio y servicio público por parte de sus componentes».

Astilleros asegura que no está nervioso antes de recibir la condecoración con distintivo rojo este viernes. «Al contrario, todos los guardias civiles de la Comandancia de Toledo vivimos momentos felices en estas fechas, disfrutando con nuestras familias y compañeros. Además, agradecemos a nuestra Virgen del Pilar su protección, para que nos guíe y nos cuide a la hora de afrontar peligros como el que sufrimos hace dos años».

Por aquella intervención recibirá la cruz en el patio de la Comandancia, pero sin música clásica. Seguro que el alférez Astilleros, ya con la cruz en sus manos, se regalará luego la «Nessun Dorma» cantada por la Caballé, Plácido Domingo o José Carreras.