Álvaro Lorenzo, en el vibrante inicio de faena al cuarto de la tarde, de nombre «Clarín»
Álvaro Lorenzo, en el vibrante inicio de faena al cuarto de la tarde, de nombre «Clarín» - Joaquín Romera

El Juli y Álvaro Lorenzo, los consentidos de Toledo

Ambos se reparten seis orejas en una tarde triunfalista y salen a hombros en un buen debut de Alcurrucén

ToledoActualizado:

El Juli y Álvaro Lorenzo salieron este jueves a hombros de la plaza de toros de Toledo tras repartirse seis orejas en una corrida del Corpus más triunfalista que triunfal, lo cual hace tiempo que dejó de ser noticia tanto en la ciudad imperial como en la mayoría de cosos.

Los toros de Alcurrucén, debutantes en Toledo en un encierro completo, dieron un notable juego en varas y la mitad de ellos fueron aplaudidos en el arrastre. Aunque no hubo ningún animal de bandera, se puede decir que la ganadería toledana aprobó, en general, el examen.

Los otros dos espadas del cartel no tuvieron su mejor tarde: Manzanares, al menos, lo intentó; Morante, en cambio, se desentendió de sus dos oponentes y se llevó una bronca por la que en otro tiempo hubiera dormido en el calabozo. ¡Qué cara más dura tiene el sevillano!

El Juli lleva seis años seguidos viniendo al Corpus toledano. En cinco de ellos ha salido por la puerta grande, cortando un total de 14 orejas. Obviamente, la estadística no explica el toreo, pero sí da pistas. Una es que el madrileño está a gusto en Mendigorría: el público, a su favor, le aplaude lo bueno... y lo no tan bueno.

Este jueves le tocó el mejor toro de la tarde, el sexto, «Alcachofito», un negro listón de 595 kilos aunque bien conformado. El animal se dejó pegar en el caballo, humillando, galopó en banderillas y tuvo ritmo en la muleta. Su embestida fue enclasada, que dirían los profesionales.

El Juli se lo llevó a los medios y le hizo una faena que tardó en cuajar, sobresaliendo más los detalles que el conjunto. Hubo un cambio de mano eterno, un pase de pecho monumental, un molinete con garbo y trincherazos de figura. En cambio, por el izquierdo estuvo muy fuera de sitio, allá por Bargas u Olías. Una buena estocada le puso en bandeja las dos orejas.

Su primer toro, «Cigarrero», fue muy encastado en los dos primeros tercios, empujando una barbaridad en el caballo. De hecho, se arrancó de lejos a una segunda vara, pero un peón lo alejó del picador. Sin embargo, el motor, o sea la bravura, se quedó vacío cuando el Juli cogió la muleta. La faena no tuvo historia y el madrileño la remató mal, con una fea estocada trasera y caída. Como la espada entró a la primera, el público pidió la oreja y le fue concedida.

El toledano Álvaro Lorenzo fue de más a menos en sus dos quehaceres. El inicio frente al cuarto, «Clarín», resultó realmente vibrante, empalmando cinco, seis o más muletazos de rodilllas. Luego hubo dos tandas con la derecha en las que el castaño chorreado repitió con codicia y Lorenzo se mostró un poco acelerado. Remató con circulares y, pese a una estocada traserísima, le premiaron con dos orejas.

En el último, Alberto Zayas y el Puchi pusieron los únicos dos buenos pares de banderillas de toda la tarde. Lorenzo tuvo otro inicio muy torero, flexionando una rodilla y sacándoselo a los medios, para luego dar un par de tandas con despaciosidad. Finalmente, volvió a recurrir a los circulares y, tras una estocada caída, le dieron un apéndice.

Lo mejor de Manzanares fueron las dos primeras tandas al tercero, «Cara-Alegre», un colorao al que le faltó gas pese a derribar al caballo. El alicantino mostró su natural elegancia, pero no emocionó nada a los tendidos. Con el séptimo realizó el mejor toreo con el capote de toda la corrida, doblando una rodilla, aunque en la faena no terminó de acoplarse. A los dos los mató mal. De Morante es mejor no hablar. Por mucho que se escude en que le tocó el peor lote, la realidad es que no quiso torear. Directamente, es que no lo intentó. Cuando eso sucede, la sensación es de estafa.

La plaza no se llenó; si acaso se completaron tres cuartos de ella. Lo que lleva a sacar dos posibles conclusiones. Una es que las corridas «monstuo» (de cuatro matadores) pueden funcionar como algo extraordinario, pero, si la fórmula se repite, hay peligro de caerse con todo el equipo. El año pasado, por ejemplo, con un cartel casi idéntico (solo ha variado Manzanares por Talavante), el coso registró un «prácticamente lleno». Por tanto, de un Corpus a otro se han dejado de vender unas 1.000 entradas. O casi.

Un exceso

Además, ocurrió que a partir del séptimo toro la cosa empezó a irse de madre. Buena parte del público dejó de estar pendiente de lo que pasaba en el ruedo para fijarse en detalles menores como, por ejemplo, la labor del trompetista de la banda de música (que tampoco tuvo su mejor actuación). O gritó aquello de «¡Viva España!» sin venir a cuento, que de tan habitual se ha vuelto cansino.

La segunda conclusión es que quizá este año, el 2019, pase a la historia como el de un cambio de régimen en el toreo. Hace no mucho, un cartel con Morante, el Juli, Manzanares y un torero local colgaría el «no hay billetes» en casi cualquier plaza. Más aún si dos de estos toreros no se han anunciado en la reciente feria de San Isidro.

El problema es que las figuras siguen siendo las mismas desde hace 15 y hasta 20 años, y es probable que el público les esté empezando a poner los cuernos con otros más jóvenes. Para su tranquilidad, hay que decir que no es nada personal;es lo que siempre ha ocurrido. Pura ley de vida.