El toledano, durante su participación en el Dubai International Triathlon hace dos años
El toledano, durante su participación en el Dubai International Triathlon hace dos años

Un «boina verde» en Dubái

El toledano Mario Illán Ortiz ha logrado el reconocimiento como gestor en la empresa de 140.000 empleados para la que trabaja en la ciudad de los Emiratos Árabes

ToledoActualizado:

Mario Illán Ortiz transmite buen rollo cuando hablas con él por el teléfono móvil. Lo hace desde Dubái (3,1 millones de habitantes), capital del emirato homónimo, uno de los siete Emiratos Árabes Unidos. «En lo profesional, me ha ido bastante bien», afirma desde la ciudad que le acogió hace once años, en 2008, donde la adaptación fue «bastante sencilla» y para la que contó con la ayuda de otros españoles ya asentados allí. «Me mudé desde Madrid junto con mi mujer con la intención de tener una experiencia internacional y ver mundo», explica. Y a Mario no le va nada mal. La vida le sonríe.

Este informático toledano de 39 años ha desempeñado diversos puestos de jefatura de proyectos tecnológicos en Oriente Medio y África en los últimos diez años. Y ahora trabaja para la compañía multinacional estadounidense Dell Technologies, cuya plantilla ronda los 140.000 empleados, que están repartidos por todo el mundo.

Mario está feliz, radiante, porque su empresa le acaba de premiar por sus resultados y la gestión de clientes problemáticos y de proyectos complejos en su zona (muy amplia, recuerden: Oriente Medio y África). Es como un «boina verde», según sus propias palabras, ya que es a él a quien envían, cuando hay problemas, para intentar reconducir las situaciones complicadas.

El español fue uno de los cuatro premiados, aunque no es la primera vez que es galardonado por su empresa, donde Mario gestiona proyectos complejos y con presupuestos de varios millones de dólares.

El atletismo, otra pasión

Su brillante carrera profesional siempre ha ido paralela a su principal afición, el atletismo, que pudo costarle un disgusto en el maratón de Boston, el segundo de su vida, por el atentado terrorista que en 2013 mató a tres personas y otras 282 resultaron heridas. «Me libré por bastante poco», recuerda este informático y deportista, quien el pasado año corrió el maratón de Manchester en 2h49m01s, «un objetivo vital».

Hermes y Atenea, en la playa junto a su casa. «Este es otro de los motivos para quedarse», dice Mario
Hermes y Atenea, en la playa junto a su casa. «Este es otro de los motivos para quedarse», dice Mario

Mario comenzó a correr en el colegio y en el Club Atletismo Toledo (CAT) cuando tenía 9 años. Este estudiante de la escuela pública también practicó tenis y ajedrez, aunque lo que más le gustaba era quemar zapatilla sobre la tierra o el asfalto. Por eso no dejó de entrenarse mientras cursó sus estudios de Ingeniería Informática en la Universidad Antonio de Nebrija, en Madrid. Y fue en la capital de España donde, en el año 2000, corrió su primer maratón.

Al año siguiente, después de acabar su carrera universitaria, comenzó a trabajar en StorageTek, una compañía estadounidense de informática, especializada en tecnología de almacenamiento de datos. Después de dos años, cambió de trabajo y fichó por otra empresa del sector, EMC2, que le permitió vivir en Boston tres meses para un programa de formación como jefe de proyecto.

Tres años más tarde, decidió irse a Dubái para dar un cambio profesional y vital. Le acompañó su esposa, Rosa María, una sevillana a la que conoció cuando los dos estudiaban en el colegio Alfonso VI de Toledo. Esta ingeniera agrícola y medioambientóloga dejó su trabajo para vivir la aventura con Mario, quien ha viajado por 45 países, tanto por trabajo como por placer.

Mario, con traje y corbata
Mario, con traje y corbata - Tom Wilde

Durante los primeros años en Dubái, la pareja escribió un blog para descubrir la ciudad a foráneos como ellos. «Una vez que te estableces y tienes tu círculo de amigos, Dubái es un sitio muy bueno para vivir, muy seguro y un lugar ideal para una familia internacional e interracial como la nuestra», asegura. Mario y Rosa María son padres de dos hijos, Hermes (6 años) y Atenea (3), nacidos en Etiopía. Los pequeños estudian en un colegio donde hay más de 80 nacionalidades, lo que les ha permitido aprender mucho de otras culturas y religiones. Sin embargo, el caballo de batalla de Mario es el idioma autóctono —su familia se maneja en inglés—: «Algunas palabras de árabe he aprendido, pero no suficiente para mantener una conversación», admite.

Retorno de talento

Con este panorama profesional y familiar, Mario dice que es complicado que vuelva a España de momento. «Mucho más a Castilla-La Mancha», que cuenta con un programa de Retorno de Talento.

«Hace unos años —pone como ejemplo— tuve una oferta de España para un puesto de gerente de unas 10 personas. Me lo ofrecía un antiguo compañero que era el director de departamento, con unas 40 personas a su cargo. Pero mi sueldo en Dubái era casi un 30% más que lo que ganaba el gerente... Así que tener una oferta competitiva que te permita mantener el nivel de vida en España es bastante difícil».

«Por ahora no tenemos planes de movernos —afirma—. No obstante, me lo planteo como una opción para la familia, para que mis hijos estudien en la universidad en España o en Europa».