Corredor-Matheos, en la portada de su libro
Corredor-Matheos, en la portada de su libro
ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Volver sin haberse ido

José Corredor-Matheos, el catalán de La Mancha

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Pepe Corredor-Matheos es un fantástico todo terreno, con muchas virtudes, entre ellas una memoria prodigiosa. Escritor, crítico de arte, enciclopedista, poeta hondo y auténtico, amigo de sus innumerables amigos, lector, viajero, hombre reflexivo y prudente, y generosa y excelente persona. Me honro con su amistad.

Acaba de publicar sus memorias que abarcan desde su nacimiento (en 1929), y primeros años en Alcazar de San Juan, pasando por sus estudios, su inmersión en la vida catalana, su desarrollo profesional, su relación con el mundo del arte, con los grandes artistas españoles del siglo XX (Miró, Dalí, etc.), su reflexiones sobre las relaciones entre Cataluña y el resto de España, y los numerosas personas y personajes que ha conocido a lo largo de su dilatada existencia.

Por el libro (Corredor de Fondo. Memorias. Editorial Tusquets. Barcelona, 2016) pasan escritores, poetas, intelectuales, catalanes y españoles, desde la inmediata postguerra hasta el final del siglo. Pasan, como es obvio dada su trayectoria predominante (la de crítico de arte) los mejores artistas del periodo, su relación con ellos y a veces las relaciones entre ellos (no siempre ejemplares); aparecen por ejemplo los citados Dalí y Picasso, pero también Tapies, Cuixart, o Guinovart, por citar sólo a algunos de los más renombrados.

Podemos saber también de los posicionamientos ideológicos y políticos de artistas en relación con el franquismo y de la tibieza o la radicalidad de unos y de otros.

En todos los casos, Pepe Corredor narra, describe, retrata pero su protagonismo es muy discreto; él estaba allí pero en ningún caso cae en la tentación (como sucede en muchas «memorias») de erigirse en centro del Universo. La personalidad de Pepe es así, reservada, pacífica, de segundo plano. Es una persona discreta, que sabe escuchar, que tiende puentes entre unos y otros, y que rara vez rompe con nadie a no ser que la afrenta supere los límites razonables.

El universo de los intereses de Pepe Corredor es universal, pero no pierde ocasión de hablar de su tierra de origen, de La Mancha; así lo hace en el primer y emotivo capítulo del libro en el que cuenta su infancia en Alcázar, así como en otro ya al final del libro titulado «Volver sin haberme ido» donde refleja la gran estima que muchos sienten por él en nuestra tierra.

En cuanto a paisanos que aparecen en el libro, entre los pintores dedica bastante espacio a Benjamín Palencia sobre el que escribió un libro (que le costó mucho que llegara a ver la luz) a Gregorio Prieto y a Antonio López García, pero también aparecen escritores como el conquense Carlos de la Rica, el alcarreño Ramón de Garciasol; cita en varias ocasiones al poeta, traductor y crítico ciudadrrealeño Ángel Crespo que -como él- admiraba mucho Cataluña, o al dramaturgo guadalajareño Buero Vallejo. De todas estas semblanzas aprendemos nuevos detalles que tienen la virtud de ser de primera mano y contados por alguien que los trató y conoció.

El libro de Corredor, que se lee de un tirón, pues está escrito son soltura y agilidad, tiene muchas virtudes; además de la discreción a la que ya me he referido está la ausencia de toda soberbia en el autor, que llega en algunas ocasiones a plantearse si no actuó mal en algún episodio de los que narra y si no fue injusto en su trato con tal o cual amigo; cosa esta muy poco frecuente en unas memorias, donde todo suelen autoelogios y autoalabanzas.

Por otra parte a lo largo de sus páginas se destilan hondas reflexiones sobre el mundo, sobre el paso del tiempo pero también sobre nuestro presente, surgidas de una voz sensata, que ha vivido mucho, ha viajado mucho y ha leído mucho y en resumen se ha forjado una imagen bastante certera del mundo en que vivimos. Si Corredor es excelente como poeta, este libro de memorias nos permitirá entrar en su universo más personal y conocerle mejor como individuo.