ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Del tiempo y sus caminos (6): Regresando al haiku

«Cabe tanto como el asombro incesante del misterio de la vida»

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Qué hermosa paradoja es la del haiku, que siendo un recipiente poético de tres versos y, por tanto, un recipiente muy pequeño, puede caber en él tanta poesía. Algo que dejó muy claro Basho, como lo hicieron tantos poetas más que llenaron este pequeño vaso de un nutriente vino lírico.

Sí, mucho cabe en el haiku, cabe tanto como el asombro, el incesante asombro que nos causa el misterio de la vida, el asombro ante de todo lo vivo, el de la existencia del ser frente a la nada.

De ahí que mi libro de haikus publicado en 2014, del que hicieron una magnífica presentación Luis Alberto de Cuenca y Alicia Mariño en el Café Comercial de Madrid, lleve por título «Testigos del asombro», siendo cada uno de estos haikus testigo del asombro siempre interrogante ante la realidad de las cosas, ante la vida y todo lo gozoso y doloroso que ella trae consigo.

Como escribí en el prefacio del libro, el haiku me muestra que es testigo perfecto del asombro inmediato que, sin embargo, viene de muy lejos y refleja, en lo humilde de su brevedad, lo inabarcable de aquello que lo produce. Aquí algunos testigos:

Flor de cerezo,

O-Sen se pinta el labio:

nace la fruta.

Por el enigma

se abre paso la flor,

como la vida.

Aquí la rosa:

un misterio visible

en cada hoja.

Tarde de invierno:

el fuego se hace amor

y el amor fuego.