«Faust» de Charles Gounod en el teatro Real
«Faust» de Charles Gounod en el teatro Real
ARTESE&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Del tiempo y sus caminos (10): Fausto como arquetipo

«La ambición humana que, desmedida, traspasa los límites de lo moral»

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La obra teatral Doctor Faustus, escrita a finales del siglo dieciséis por el dramaturgo inglés Christopher Marlowe, nos pone frente a la ambición humana que, desmedida, traspasa los límites de lo moral. Este personaje, científico en pleno dominio de las diversas ramas de la ciencia, pues sus grandes conocimientos le capacitan para ser a la vez matemático, médico, astrónomo y tanto más, no está satisfecho con su saber, quiere saber más, quiere conocer aquello que está fuera del alcance del conocimiento humano, desea ardientemente ir más allá, ser como Dios mismo. Tal y como dice el coro (elemento derivado de los clásicos) al final de la obra, el doctor Fausto, dominado por esa ambición por conocer lo prohibido, pone en práctica «more than heavenly power permits» («más de lo que permite el poder celestial»). Estamos, pues, ante una transgresión, que el doctor Fausto lleva a cabo haciendo un pacto con el diablo, al que invoca y conjura por medio de su conocimiento de la magia y la brujería. Y el pacto consiste en vender su alma a cambio de veinticuatro años de saber y poder. Esta transgresión del científico y mago renacentista, no solo respecto a la moral humana, sino especialmente contra las leyes divinas, con su trágico desenlace, ha llegado a ser todo un arquetipo: la ambición, incluso la legítima ambición relacionada con una empresa noble, llevará su castigo si traspasa los límites de lo ético, si no se detiene y cruza las fronteras morales de la vida humana.

Beatriz Villacañas, poeta
Beatriz Villacañas, poeta

Este arquetipo fáustico lo encontramos también en otras obras literarias posteriores a la de Marlowe. Algunas tan importantes como Frankenstein, de Mary Shelley. El joven científico Víctor Frankenstein, llevado de su deseo irrefrenable de crear vida, una vida más fuerte y superior a la vida humana, crea, a partir de fragmentos de cadáveres, no una vida poderosa y bella, sino una criatura monstruosa, reflejo de lo monstruoso de su acción, a la que abandona horrorizado y que, paradójicamente, parece robarle el nombre a su creador, pues suele identificarse el nombre de Frankenstein con dicha criatura y no con quien le dio la vida.

La ambición en sí misma, la ambición noble incluso, caería, pues, dentro del arquetipo fáustico si, lejos de detenerse ante la barrera moral, la traspasara, sin considerar posibles daños a terceros, retando al poder divino, convirtiendo el impulso por dejar atrás lo humano y ser mucho más en un vender el alma, convirtiendo esta pasión en transgresión.