Lateral del patio que acoge la escalera y el aljibe.
Lateral del patio que acoge la escalera y el aljibe. - RAFAEL DEL CERRO

Nombres y épocas de la Casa del Maestro (1928-1981)

«El mimo por mantener uno de los mejores modelos de arquitectura tradicional toledana es obra del matrimonio Izquierdo-Sierra y de toda su familia»

TOLEDOActualizado:

El domingo 25 de marzo de 1928 numerosos forasteros cruzaban Zocodover guiados por autoridades, conocidas personas de la ciudad y jóvenes ataviadas con trajes típicos de la provincia. La comitiva acudía a una misa en Santo Domingo el Real, previa a la inauguración, en la calle de Santa Leocadia, de la Casa del Maestro, un «albergue, hospedería y ateneo» impulsado por los inspectores de Primera Enseñanza, Amelia Asensi Beviá (1892-1974), José Lillo Rodelgo (1887-1981) y la Asociación Provincial del Magisterio, en un contexto que ya abordamos en un artículo anterior.

Los asistentes representaban a las instancias oficiales y eclesiásticas. También concurrían los claustrales de la Normal con su directora y concejal del Ayuntamiento de Toledo, Elvira Méndez de la Torre, periodistas, intelectuales y artistas como Ángel Vegue y Goldoni, Emiliano Ramírez Ángel, Ramón Pulido o Sergéi Rovinsky. En la Casa se advertía una biblioteca de temática toledana, cuadros, cerámicas, fotografías y objetos dejados por particulares: Julio Pascual, Ruiz de Luna, Sebastián Aguado, Anastasio Páramo, Matías Moreno, Vera, Arredondo, Zubiarre y Pedro Román entre otros más. Y es que, anteriormente, la Asociación había pedido a reconocidos personajes que cediesen libros, sus publicaciones, «un cuadrito, un apunte, un boceto» que ilustrasen aquel «albergue adecuado a los que visiten la Ciudad con fines culturales».

La Casa del Maestro, también llamada Hospedería Toledana, fue especialmente saludada por El Castellano pues, al fin, Toledo tenía un refugio para artistas como ya existían en Granada o Sevilla. El periódico entendía que, aunque la finalidad era atender a los educadores, en aquel Hogar cabía una doble convivencia: «Todo maestro es un artista; todo artista aspira a ser un maestro... en el arte». Para dirigirla se nombró a Adelina Ramírez Ángel, hermana del antes citado Emiliano, reputado periodista toledano, redactor jefe de Blanco y Negro, que fallecería siete meses después.

Pronto comenzaría la actividad de la institución. En abril allí almorzaban excursionistas de la Asamblea Pedagógica Nacional celebrada en Madrid. En mayo conferenciaron sobre temas de arte Vegue y Goldoni, Gallego Burín y Torres Balbás. En 1929 y 1930, los inspectores Lillo y Asensi, en colaboración con la Escuela Central de Educación Física, organizaron cursillos sobre deporte, higiene y salud para maestros, situándose en la Casa algunas charlas y el hospedaje de los cursillistas. También se facilitaron ayudas para el pago del título oficial a los mejores normalistas, estancias becadas a los pintores Francisco Arias y Miguel Delgado y la organización de exposiciones temporales de Antonio Conejo, Louis Fournet y Wiliam J. Potter.

En las fiestas del Corpus de 1929 la Hospedería Toledana anunciaba «pensión» por diez pesetas diarias y comidas por cinco. También se celebraron «comidas-homenaje» como las promovidas por los maestros de la Fábrica de Armas (1929), la alentada por el Magisterio provincial al propio Lillo Rodelgo por su entrada en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo (22 de marzo de 1931), o la dispensada por los vecinos de Santa Leocadia al canónigo Ramón Molina Nieto -antiguo párroco del barrio-, al lograr el acta de diputado a Cortes en 1931.

Con la II República la Casa del Maestro reformó sus Estatutos (1932), perdiendo los anteriores apoyos del Directorio, sin embargo, continuó recibiendo grupos de visitantes y becando algunas plazas para alumnos que estudiasen en el Instituto. En 1933, los inspectores Rodelgo y Asensi abandonaban su destino toledano para incorporarse al Patronato de Misiones Pedagógicas, lo que pudo mermar las actividades habituales. En 1936, el estallido de la Guerra marcó el final de la primera época. A la dispersión de docentes y socios, la cárcel o la muerte se añadían la carencia de antiguos ingresos y el obligado ajuste estatutario bajo las disposiciones franquistas. En 1939 la Asociación realmente ya agonizaba. Aún residía en la casa la primera directora, Adelina Ramírez, mientras actuaba una Junta en la que el pintor Enrique Vera era el secretario, inventariándose lo existente para entregar los fondos a sus antiguos donantes.

En los años cuarenta, la institución era ya un capítulo cerrado. Después el inmueble fue adquirido por Josefina Gárate que, con su familia, mantuvo la esencia de la Hospedería al seguir acogiendo artistas, clientes entusiastas de Toledo o huéspedes de largas estancias motivadas por razones profesionales. En la Casa vivió el escultor Victorio Macho y pasaban grupos familiares en fechas señaladas, como las del filósofo Julián Marías o del pintor francés Jean Marzelle, además de las temporadas vividas por muchos artistas de origen europeo, americano o asiático que dejaron en las paredes un recuerdo gráfico, que aún pervive, en forma de óleos, dibujos, acuarelas o grabados. También residieron docentes, funcionarios y técnicos de las administraciones públicas, algunas de estas personas, como Mercedes Mendoza (directora del Archivo Histórico Provincial) o Julia Méndez (directora de la Biblioteca Pública Provincial), con una gran proyección en la vida cultural de la ciudad. Los últimos lustros, previos al cierre del hospedaje, en 1981, jóvenes alumnos de Magisterio y del Centro Universitario de Toledo, revivieron aquí el espíritu de los viejos pupilajes estudiantiles.

En 1987, la rehabilitación del edificio aclara su fachada de ladrillo y mampostería con una portada clasicista y anchas balconadas sobre un portal que protege la intimidad del patio interior donde estalla la luz sobre un estanque central rodeado de macetas. La azulejería reparte sus colores en el surtidor, la hornacina del aljibe o en la cenefa que recorre las encaladas paredes. Entremedias quedan algunos muebles, unas inquietas mecedoras, cerámicas y cuadros de antiguos huéspedes. Bajo un juego de dos arcos surge la caja de la escalera hacia la planta superior. El mimo por mantener uno de los mejores modelos de arquitectura tradicional toledana es obra del matrimonio Izquierdo-Sierra y de toda su familia, esfuerzo que recibió, en 1994, el premio Gonzalo Ruiz de Toledo, otorgado por la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. A ello se añaden, cada día, los elogios de anónimos y curiosos visitantes mezclados con los recuerdos de quienes aún, ocasionalmente, pasan por la Casa del Maestro para revivir los recuerdos de la que fue su residencia durante una época de su vida en Toledo.