Amador Palacios - ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Juanelo Turriano en Yuste

Llega a España llamado por Carlos V, de quien fue relojero y fecundo inventor. Es famoso su autómata Hombre de Palo

Amador Palacios
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En la grata y provechosa visita al Monasterio de Yuste, ubicado en la fértil comarca extremeña de la Vera, en una de las salas que habitó en su retiro Carlos V, desde su abdicación hasta su muerte, podemos apreciar el delicioso cuadro «fotográfico» de Miguel Jadraque titulado Carlos V en Yuste, donde se ve al monarca atendiendo al discurso amigable de Juanelo Turriano mostrando ante los sorprendidos monjes jerónimos una pareja de sus autómatas.

Este edificio data de principios del siglo XV destinado a cenobio por unos monjes rebeldes de la diócesis de Plasencia. Más tarde acogió a la Orden de San Jerónimo. Y los jerónimos, después de numerosas vicisitudes (desamortización de Mendizábal y consiguiente deterioro del inmueble), pudieron regresar a Yuste en 1958 para abandonarlo definitivamente en 2009. Ahora lo habitan media docena de monjes polacos. El complejo, con sus dos claustros, la iglesia y la residencia del Emperador, queda muy cerca de un curioso cementerio militar alemán, que reúne 180 tumbas de aviadores y marinos germanos que murieron en diversos puntos de España durante las dos guerras mundiales.

El italiano Juanelo Turriano nació en 1500 en Cremona y murió en Toledo a los 85 años. Llega a España llamado a Yuste por Carlos V, de quien es persona de máxima confianza, además de su relojero, su matemático, experto en máquinas hidráulicas y fecundo inventor. Él construyó buena parte de la que iba a ser residencia del monarca durante los dos últimos años de su vida (1556-1558), marcados por la severa gota del rey a la que, a pesar de las grandes molestias, no aplicaba ningún cuidado, enfadando a los médicos porque no dejaba de comer carne y degustar la cantidad de cerveza que le preparaban los maestros cerveceros venidos de Alemania, miembros de un séquito de 70 personas. Seguro que los dolores reales eran mitigados por los inventos y la conversación de Turriano.

De sobra es muy sabido que la obra cumbre de Juanelo es el Ingenio de Toledo, más conocida como el Artificio de Juanelo, especie de robusta noria que subía el agua desde el Tajo al Alcázar. Su autómata, el Hombre de Palo, que mendigaba para el creador, ya arruinado, da nombre a una céntrica calle toledana. La impronta de Juanelo Turriano ha penetrado en el arte y la literatura. En la famosa Vista de Toledo del Greco, está presente el artificio, existiendo otras abundantes menciones en los escritores clásicos: Tirso, Góngora, Quevedo, Valdivieso, Gracián; Lope de Vega lo trae en algunas de sus obras, como en El amante agradecido: «A Toledo volveremos. / Veré la Iglesia mayor, / de Juanelo el artificio». Bécquer ideó, en truncado proyecto, una leyenda sobre el famoso «robot» de Juanelo, con la intención de trazar una rica semblanza de este también llamado «Leonardo da Vinci español».

POR AMADOR PALACIOSPOR AMADOR PALACIOS