Ilustración del portada del poemario «Volverás a la tierra»
Ilustración del portada del poemario «Volverás a la tierra»
ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Eulalio López Cólliga vuelve a la tierra

Se publica un gran poemario con sugerentes ilustraciones

Actualizado:

Animador de la vida cultural y literaria conquense, exdiputado provincial de Cultura, autor de una crónica sorprendente e implacable sobre los años de plomo y rosas de la transición (La España mandinga), Eulalio López Cólliga publica ahora el poemario Volverás a la tierra (Madrid, ediciones El Drago, 2019). Cuidadosamente editado, con sugerentes ilustraciones de Juan Ramón Klaper, Pablo Abarca y el gran Raúl Torres, decano de los escritores conquenses que (como Lorca, Alberti o Carlos de la Rica) tiene también el don del dibujo, bajo su apariencia de una entrega poética al uso tradicional, transmite la voz recia y veraz de una tierra olvidada, la rotundidad formal y la belleza de sus rocas surrealistas, de sus fantásticas simas, de los verdes ríos que inmolan el eco de remotas soledades en el mar de Ulises y en el océano de Colón.

Con la infame turba y confusión actual de ventanas y recursos, nuevos y viejos, que si libro impreso, que si blogs, que si redes, que si plaquettes con tirada exclusiva de 25 ejemplares numerados y firmados, resulta que, en paralelo a la avalancha de soportes, subsisten y resisten todas las poéticas, desde las más experimentales y osadas a las más tradicionales. La veta machadiana, la del andaluz que mejor comprendió el alma desolada de Castilla, nunca ha prescrito y se irradia tanto a lo social como a lo intimista. Tengo para mí que es la prevalente en este tenso e intenso poemario de Eulalio López Cólliga, que es a la par aullido ginsberguiano y canto de amor a unas tierras y unas gentes que, tras protagonizar hitos de la historia, llevan décadas viendo cómo la historia les pasa de largo, a la manera de esos viejos que desde la atalaya de su boina y su garrota veían pasar los turismos por la carretera que atravesaba el pueblo antes de que se hicieran las circunvalaciones y rondas exteriores. Desde luego, como el propio autor explica, hay otras influencias: el 27 (Pedro Salinas), el entrañable Miguel Hernández, Guillermo Osorio. Siendo de Altarejos, en una comarca de transición entre Sierra y Mancha, rinde tributo también de magisterio a Federico Muelas en lo conquense y a Juan Alcaide en lo manchego. Pero más allá de influencias y adscripciones poéticas, lo que atrapa en este poemario es la singularidad de una voz propia, intensa, la voz del poeta que verbaliza la belleza, la desolación y los anhelos de una tierra rica pero empobrecida por un despoblamiento inmisericorde, por la falta de apoyo de las instituciones y acaso, también en parte por la dejada resignación de sus propios habitantes, por su notoria falta de autoestima.

Y lo que amerita aún más la más que recomendable lectura de este retorno a las raíces es que son poemas escritos hace ya dos o tres décadas, poemas de juventud ahora recuperados de cajas, carpetas y cajones. Técnicamente, se manifiesta en ellos un poeta solvente, capaz de proponer sonetos en el límite de la excelencia y romances sugestivos que incluyen en su ritmo una música propia y perdurable.

El eje del libro es la vuelta del poeta desde el Madrid de su iniciación a los trabajos de la existencia a la capital conquense: he ahí su núcleo. Pero es más que eso, es un viaje y un homenaje a la España que ama y siente el autor, estructurado en efecto como una suerte de viaje lírico y biográfico en los siguientes bloques: España a corazón abierto, Altarejos, Cuenca y Andalucía.

En el poema Por los caminos de España, se recorre todo el mapa, sin olvidar los archipiélagos, con tanto fervor como capacidad de síntesis. «Castilla eterna,/como sus hombres,/solitaria queda». Menos mal que nos queda don Quijote: «Solitario, sin miedo ante el fracaso,/razón y libertad en la llanura;/resplandece el espíritu en su andanza/y nos deja su vida en el ocaso».

Altarejos es el lugar de la infancia, donde todo empezó, la fragua de unas canciones y una vida:

«Se desparrama el pueblo en el vallejo

como las negras golondrinas, flechas

hirientes de la tierra silenciosa…».

La desesperanzada espera del labrador, los maletillas que se autoinmolan a sus sueños de gloria, los gitanos que atraviesan la comarca, la Virgen de la Torre. Emociones a 11 o a 8 sílabas por verso. Pero quiero destacar un poema de este bloque que no deben dejar de leer, que va a ponerles la carne de gallina, estremecedor, hiriente, luminoso y terrible, en la estela de la Oda a Ramón Sijé. Es el titulado A un amigo:

«En los días felices que vivimos

pisamos las corolas de las flores,

cortamos los almendros florecidos,

apagamos en vino los ardores,

mas ahora me brotan doloridos

en mi sangre los golpes de tu pecho,

en mis ojos tus ojos renacidos,

en mis venas la tierra de tu lecho».

La sección Cuenca puede considerarse el núcleo de esta entrega. Intensidad y capacidad de síntesis son los rasgos que destacan. Catedral, Casas Colgadas, Plaza mayor, Semana santa: material tan sobado por los vates locales y foráneos, resuena sin embargo nuevo, re-novado en la escritura de López Cólliga. La catedral conquense es: «Estrella y cáliz, flor de las octavas,/tu mensaje, vértice de suspiros». En la Ciudad Encantada, «el viento pace eternidad y canta/esculpiendo paciente». Con las Turbas, «clarín y tambor son alma/razón y ser de Cuenca en tempestad».

Ilustración del conquense Raul Torres
Ilustración del conquense Raul Torres

Andalucía, bloque que cierra el poemario, añade esa brizna de luz meridional que actúa como contrapunto a la ruda desnudez castellana. En efecto, el lirismo no atenúa la denuncia. Como explica el autor en su prólogo: «Claro que hay que cantar a su Semana Santa o a las Casas Colgadas, pero también a Cuenca, a ese olvido y desesperanza que cubren su rostro». Así lo ha percibido también el autor del Pórtico a este abigarrado poemario, Raúl Torres: «(el poeta) Canta a Cuenca pero no es una canción alegre sino que nos muestra el olvido y la esperanza».

Eulalio López Cólliga ha estado y sigue estando comprometido con las demandas ciudadanas por su ciudad y su provincia (AVE, autovía, activación económica, futuro para la juventud, dignidad ante todo más allá de la tiranía de la estadística). «Cuando volví de Madrid, escribe, me encontré con una ciudad parada, sin corazón, pasmada, rodeada de un cúmulo de belleza exterior. Había que despertarla». Sus rescatados poemas de Volverás a la tierra sintonizan con la actualidad de una lucha que es ya transautonómica y europea: contra la despoblación y el envejecimiento; van a despertar conciencias sin duda y, al tiempo, a transmitir belleza. Quiero cerrar con una preciosa copla de este libro (Evocación), todo un canto a la provincia que hubiera encantado a cualquiera de los dos Machados y a cualquiera de los dos Federicos (Lorca y Muelas):

«Pino, espliego y romero

para decirte te quiero,

vid y trigo en el llano

para decirte te amo.

Ríos, fuente y arroyos

para decirte te adoro:

Alcarria, Mancha, Serranía».