El crítico, escritoy y poeta José Luis García Martín
El crítico, escritoy y poeta José Luis García Martín
ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Diario de un jubilado en Nueva York (46): Razón de más, el último diario de José Luis García Martín

«Tímido y descarado, enigmático y misterioso, está pidiendo a gritos que le queramos»

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Tiene fama de ser un escritor invisible, pero es uno de los autores que más libros ha publicado en sus sesenta y ocho años de vida. Le gustan las simetrías, las coincidencias y los horóscopos y sabe ser agradecido: es más rentable que no serlo. Es como un gato, dice, cierra los ojos inocentemente, aunque los tenga bien abiertos, y se deja «llevar confiado de un sitio a otro y acariciar por unas manos que no existen y sin embargo todavía me sostienen». Habla, por ejemplo, de Galdós, pero está hablando de sí mismo, que es lo que siempre hace. Se presenta como una ortiga, un sabelotodo, un cascarrabias y en realidad es tremendamente desprendido, amable, educado y aguanta a fans que le tienen reservado el periódico en el café donde va cada mañana haga frío o calor. Allí recibe a poetas primerizos, a sus amigos y a sus enemigos, allí hojea la prensa y allí ve pasar la vida que se le echa encima, poco a poco. Y a veces cavila en la muerte y piensa en cómo dejar su legado cuando ya no esté. Dice que habla y habla para que no descubramos su secreto y se asusta al ver el reportaje fotográfico de una presentación en la que en casi cien fotos no se encuentra, no se reconoce: los estragos de la vejez. Él sabe que no está solo, ahora ha «aprendido que, por muy solo que esté, nunca estaré solo: llevo conmigo un mundo, toda la gente que he querido, toda la gente que quiero».

Portada del libro
Portada del libro

Le podríamos llamar pirata de textos ajenos, egoísta, solitario, huérfano de amor, misántropo, pero es dueño de un reclinatorio en el templo de San Bartolomé de Manhattan con una inscripción en la que invita a hacer sitio en su corazón a los que no lo tienen. «¿Cómo voy a sentirme solo, por muy solo que esté, si tengo el corazón lleno de gente?».

Ironía, sarcasmo, inteligencia, una frase mordaz que hunde al enemigo y desazona al amigo, presumido, vanidoso, en las fotografías siempre busca el mejor lado, la mejor sonrisa, siempre aparentando ser mucho más joven de lo que es. Dueño de un mundo de fantasmas y presencias que le buscan en la noche, que se encontró en palacios venecianos, en sótanos de Manhattan, en alturas de soledad y en infiernos de indiferencia.

Y aquí, en Razón de más, el volumen diecisiete de sus Diarios, en edición de Carlos Moreno Guerrero y publicado por la editorial Renacimiento, un mundo donde todos tenemos un lugar y en donde encontraremos desde epitafios para un tiempo de dolor hasta poemas que ayudan a seguir, pasando por destellos de erudición y conversaciones consigo mismo. Conoceremos a un personaje que se desdobla, que piensa que nos hace partícipes de algunas de sus confidencias y habla con socarronería política, con humor. Un viajero constante que nos acerca en modélicas crónicas viajeras a países lejanos y exóticos. Un libro lleno de referencias culturales, guiños, aforismos. Y la presencia de una voz narrativa en primera persona doliéndose de melancolía. Tímido y descarado, enigmático y misterioso, está pidiendo a gritos que le queramos porque «si no estoy en tu corazón, no estoy en ninguna parte».

A veces incurre en uno de esos lujos que una persona como José Luis García Martín no puede permitirse: el lujo de no ser inteligente. (Aunque lo confiese en voz baja). Razón de más para leer el último, por ahora, de sus Diarios y hacer que su aparente invisibilidad sea solo una razón de menos. Y, sobre todo, para no darle la razón.