Vista del antiguo Convento de Gilitos, bajo el arco del Puente de San Martín, sede de la prisión provincial, donde residió la familia Machado en Toledo. (Foto, Loty. Archivo Diputación Provincial de Toledo)
Vista del antiguo Convento de Gilitos, bajo el arco del Puente de San Martín, sede de la prisión provincial, donde residió la familia Machado en Toledo. (Foto, Loty. Archivo Diputación Provincial de Toledo)
Artes&Letras

Centenario del prólogo toledano de Antonio Machado

Rubricado en la capital regional el 12 de abril de 1919

TOLEDOActualizado:

Hace cien años, el 12 de abril de 1919, Antonio Machado rubricaba en Toledo el prólogo para la segunda edición de su libro «Soledades, galerías y otros poemas». El escritor se encontraba en nuestra ciudad pasando las vacaciones de Semana Santa. Se alojaba en casa de su hermano Francisco, quien desde un año antes era subdirector de la Prisión Provincial. El centro penitenciario abría sus puertas en el antiguo Convento de San José, actual sede de las Cortes de Castilla-La Mancha, y en sus estancias Antonio Machado concluyó la introducción antes referida. En los años siguientes, el gran poeta visitaría en repetidas ocasiones a su familia, haciendo del edificio de Gilitos su residencia temporal en Toledo.

Francisco Machado era el menor de los seis hermanos de la conocida saga familiar. Al igual que Manuel y Antonio, él también tuvo inquietudes literarias, pero su reconocimiento y su calidad fue bastante menor. Tras haber cursado estudios de Derecho orientó su vida profesional hacia el ámbito penitenciario, completando su formación en la Escuela de Criminología de Madrid, entidad que bajo el influjo de la Institución Libre de Enseñanza promocionó a una nueva generación de funcionarios, cultos y dotados de una preparación científica, en la se apostaba por la reeducación, la formación profesional y la readaptación social de los delincuentes. Antes de llegar a Toledo, Francisco había prestado servicios en los penales del Puerto de Santa María, donde contrajo matrimonio, y Cartagena.

Antonio Machado siempre tuvo un cariño especial por su hermano pequeño. Fue su testigo de boda y apadrinó a dos de sus sobrinas, la primera nacida en tierras gaditanas. Cuando Francisco fue trasladado a la Prisión Provincial de Toledo vino en varias ocasiones a visitarlo y a compartir con él algunas jornadas. En nuestra ciudad gustaba acompañarle a la tertulia que Francisco frecuentaba, donde compartía debates y comentarios con personajes tan destacados de la vida toledana como Félix Urabayen, Francisco de Borja San Román y Fernández, Enrique Vera o Santiago Camarasa. Es posible que aprovechase sus estancias para contemplar algunas de las obras del Greco, pintor al que, como buen institucionista y discípulo de Cossío y Giner de los Ríos, admiraba. Al pintor cretense dedicó algunos apuntes en su cuaderno «Los Complementarios»: «El Greco no tiene, en el fondo, afinidad alguna con los venecianos. En cambio es un continuador de Miguel Ángel. La fuerza que padecen los cuerpos miguelangelescos, dominada por el ideal clásico renacentista, hace explosión en el Greco. Véase la Resurrección en el Museo del Prado. Es pintura explosiva. Pero el barreno lo puso Miguel Ángel». Esta anotación está precedida de unas referencias a la visita del poeta a monumentos toledanos como el convento de Santo Domingo (no se especifica si el Real o el Antiguo) y el Monasterio de San Juan de los Reyes; también califica como «edificio plateresco maravilloso» el Hospital de Toledo.

«Soledades» fue el primer libro publicado por Antonio Machado. Salió a la calle en el año 1902, cuando el poeta tenía 28 años. Hasta entonces sus versos solamente habían sido editados en revistas. Los poemas que componían esta obra, escritos entre 1889 y 1902, dejaban vislumbrar una cierta influencia modernista, alentada por la reciente amistad con Rubén Darío, a quien había conocido en París. El libro fue reimpreso dos años después, y en 1907 volvió a ser reeditado con una serie de piezas nuevas, agrupadas bajo la sección de «Galerías».

La segunda edición, para la que escribió el prólogo toledano, ampliaba su contenido con otros textos. En total eran ochenta y dos composiciones presentadas bajo el título de «Soledades, galerías y otros poemas». La publicación corrió a cargo de la Editorial Calpe, dentro de su Colección Universal, de la que hacía el número 27.

El texto del prólogo toledano de Antonio Machado ha sido motivo de variadas interpretaciones para sus estudiosos. En el mismo se ha querido ver una comprometida declaración de intenciones del poeta, apostando por una ruptura cultural/social con sus primeros pasos literarios y por las vanguardias, que se encontraban en plena efervescencia tras el fin de la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, la Revolución Rusa y el auge del comunismo. Esa presunta relación se encuentra en el tercer párrafo del prólogo, cuyo texto completo se ofrece en recuadro adjunto.

Cuatro años después Antonio Machado volvería visitar a su familia en el antiguo Convento de San José. El propio poeta, en otra anotación de “Los Complementarios”, nos dice “camino de Toledo, encuentro a los literatos madrileños que van a rendir homenaje a Galdós. Ayala, Baquero, Díez Canedo, Catá. Insúa, González Blanco, Castrovido, Marañón, etc., etc.”. Este reconocimiento al gran don Benito se celebró el día 15 de abril de 1923. El grupo de intelectuales llegados desde Madrid se concentraron ante la fachada del número 16 de la calle de Santa Isabel, donde descubrieron una placa en honor del escritor canario. En ese inmueble estaba la casa de las hermanas Agustina y Benita Figueroa, hidalgas venidas a menos, que admitían huéspedes, principalmente seminaristas, y donde Galdós gustaba alojarse durante sus estancias toledanas. Allí escribió parte de su maravillosa novela “Ángel Guerra”.

Otra tercera visita, documentada, de Antonio Machado a Toledo se produjo en septiembre de 1924, cuando apadrinó a su sobrina Leonor, la hija más pequeña de Francisco, quien el día 15 fue bautizada en la oglesia de San Cipriano, parroquia a la que correspondía la Prisión Provincial. La niña recibió el nombre de Leonor en recuerdo de la joven esposa del poeta y con ello su hermano Francisco quiso rendirle un cariñoso recuerdo. Junto a Antonio, en la pila bautismal estuvo su cuñada Matea Monedero Calvo, esposa de Manuel Machado.

La familia permaneció en Toledo hasta octubre de 1929, cuando Francisco fue promovido a director adjunto de la Prisión Celular de Barcelona. En sus años de estancia en nuestra ciudad cultivó sus aficiones literarias, dando a conocer sus poesías en publicaciones tan diversas como “El Castellano”, “El Practicante Toledano” o la revista ilustrada “Toledo”. Unos meses antes de su marcha, en la primavera de 1929 publicó el libro “Leyendas Toledanas en verso”. Fue el único título que vio impreso en su vida, siendo reeditado en Madrid tras la guerra civil.

En noviembre de 2003 la Fundación UNICAJA adquirió a la familia Machado un conjunto de cuadernos propiedad de Antonio que fueron conservados por su hermano Francisco y luego por sus hijas. Precisamente Leonor, la sobrina toledana de don Antonio, era la depositaria de los mismos. En uno de estos cuadernos, dedicado mayoritariamente a apuntes de literatura utilizados para sus clases, hay unas líneas, seis, referidas a la Escuela de Traductores de Toledo. El párrafo se enmarca en una página con anotaciones sobre el uso de la lengua en los territorios españoles, donde convivían el latín vulgar con el árabe y la lengua judía:

“En el resto de España –se lee- la descomposición del habla popular se había acentuado (castellano, gallego y asturiano (bable). Un obispo de Sevilla hizo traducir la Biblia al árabe, para los mozárabes. En el siglo XI el clero ignoraba el latín. El árabe fue perdiendo a medida que avanzaba la reconquista. Muchos moros aprendieron el castellano. El arzobispo Don Raimundo (en Toledo) en el siglo XII una escuela de traductores entre lo cuales había árabes y judíos. Estos traductores traducían de teología, filosofía y moral (máximas u apólogos orientales de origen sanscrito) Allí el arcediano de Pamplona y Herman el dálmata hicieron la primera versión del Koran”.

Hasta aquí estos apuntes siguiendo el rastro dejado por don Antonio Machado en la ciudad de Toledo, donde sus huellas quedaron marcadas en los suelos y patios del antiguo convento de Franciscanos Descalzos, entonces convertido en presidido y hoy sede de la cámara legislativa de Castilla-La Mancha, lugar donde su presencia merece ser reconocida, recordada y reivindicada dentro de universo machadiano.