ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Carta de recomendación

A quien pueda interesar, de Hilario Barrero

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«Aquien pueda interesar» (To whom it may concern) es, además de uno de los poemas incluidos en la selección, la expresión usual para comenzar una carta de recomendación si se ignora quién va a ser exactamente el destinatario. Este volumen seleccionado y traducido por Hilario Barrero -poeta, diarista, profesor jubilado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York-, es posiblemente una carta de recomendación para muchos de los poetas antologados. Si bien es cierto que muchos son de sobra conocidos, abundan aquellos que no hemos tenido la fortuna de conocer en profundidad. No ha pretendido Hilario Barrero hacer una antología académica (un canon), ni siquiera didáctica, sino una selección personal, con mimo y devoción hacia unos poetas que hablan en lengua extraña. Cubre, por supuesto, todos los flancos, pero es evidente que se podrían haber escogido otros poetas tan representativos, incluso con mayor fama, ni Eliot, ni Ashbery, Walt Whitman, William Carlos Williams, Sharon Olds, ni siquiera Emily Dickinson a la que dedicó una antología recientemente publicada por Ravenswood Books. Han primado las afinidades, los motivos sentimentales más que los históricos. A diferencia de su anterior antología, Lengua de madera, también en La isla de Siltolá, no solo se incluyen poemas cortos y así podemos deslumbrarnos con la honestidad narrativa e hiriente de Schuylen («El amor es solo y siempre hermoso»). Otra peculiaridad que presenta esta reunión de 54 poetas, desde Robert Southey (finales del siglo XVIII) hasta Maureen N. McLane (segunda mitad del siglo XX), agrupados entre los «primitivos» (Pope, Coleridge), los modernos (Frost, Macleish), los «postmodernistas» (Gingsberg, Ashbery), los «novísimos» (Simic, Kenyon) y los «jóvenes» (Jones, Duhamel), es elegir, de entre ellos, tres poetas «mayores», representativos de una época y una estética para detenerse y seleccionar una «mini antología»: Carl Sandburg, Jack Gilbert y Donald Hall. La intención expresa del antólogo es «dar preferencia al poema, dejando de lado al poeta».

El modus operandi de Hilario Barrero como traductor es dejar hablar al poema, no reconvertirlo, sino apreciar su dicción, la extraordinaria versatilidad del inglés para la sonoridad, paladear las aliteraciones y el ritmo, hacer comprensible sin traicionar la literalidad. Y lo consigue con una elegancia sabia. No se trasluce el Hilario Barrero poeta con palabras de otros -para eso podemos recurrir a la antología, Educación nocturna (Renacimiento), o a Blending, su última entrega desde Brooklyn-, sino que leemos, como en toda la poesía digna de ese nombre, nuestro propio corazón con las palabras de otros poetas. Encontramos en A quien pueda interesar una variedad temática, estilística, incluso ideológica, desde los lamentos por el amor perdido y el desencanto, el orgullo, la contemplación del paisaje, naturaleza, historias duras, cómicas, la denuncia de la guerra, la reflexión poética, y la exuberancia de Derek Walcott… Y no son pocos los que guardan alguna relación con España, como el que inicia la antología, de Southey (Recuerdos de un día de viaje por España), McLeish (Pablo Casals), Jack Gilbert (Melocotones). El poema más conocido quizá sea El camino no tomado, de Robert Frost: «Dos caminos se separaban en el bosque, y yo, / yo tomé el menos transitado / y esto hizo toda la diferencia».

Dedica especial atención a tres poetas como ejemplos de sus respectivos signs of the times. Del primero, Carl Sandburg, se destaca la naturaleza como síntoma, que no símbolo, del transcurrir de la vida, de los pequeños gestos cotidianos, como mirar una caja de bombones en un escaparate, sentido del humor, «¿Podrías decirnos cuántos poetas en América deben en justicia ser ejecutados?» (Buenos y malos poetas). De Gilbert se seleccionan poemas que miran al pasado considerándolo más historia que nostalgia. «Esta mañana he encontrado un escorpión pequeño, / perfecto, en la cacerola. / Lo maté con un trozo de mármol» (Respeto). Es un poeta más rural. Hall es brutal en su concisión (Manzanas blancas, «Los poetas éramos mascotas», Aceitunas) y en su torrente (Nombres de caballos) y, sobre todo en El amo: «Donde el poeta se detiene, el poema / comienza. El poema solo pide / que el poeta se quite de en medio. // El poema se vacía / para llenarse. /…/ Cuando el poeta desaparece, el poema se hace visible».

Personalmente, me atrevería a entresacar a Mary Oliver, que hace gala de una clarividencia y sensibilidad realmente notables: «Y sentiste en tu corazón cómo pertenecías a todo? / ¿Y has también adivinado finalmente para qué sirve la belleza? / ¿Y has cambiado tu vida?» (El cisne); «Alguien a quien una vez amé me regaló / una caja llena de oscuridad. / Me llevó años comprender / que esto, también era un regalo» (Los usos del dolor). Igualmente emocionantes son los versos de Ellen Wheeler Wilcox: «Llegará el día en que uno de nosotros escuchará / en vano esperando oír la voz que ha enmudecido. /…/ Uno de nosotros descubrirá que toda la luz, toda la belleza, / toda la dicha de la tierra, no es más que un cuento concluido; / sabrás que en lo sucesivo la vida no será más que un deber. / ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! Ten piedad de ese» (Uno de los dos). Certero, como siempre Yeats, («Los mendigos han cambiado de lugar, pero el látigo continúa», El gran día) o Edward Thomas («El pasado es lo único muerto que huele bien» (Una mañana temprano). Por último, acordarme del poema de J. V. Cunningham, que creo, da las claves para entender la identificación vital del traductor.

«Después de tantos años de… de ¿qué?

disfruto de un sabático permanente.

Paso mi vida en tiempo actuarial,

escucho música y, cuando me acuesto,

dejo algo en el fondo del vaso,

un poco de derroche para terminar el día» (A quien pueda interesar)

Una excelente recomendación para disfrutar en cada página y para que la sorpresa del encuentro sirva de anzuelo y ahondar en la trayectoria poética de estos notables autores de habla inglesa, y de paso, compartir el criterio estético y la personalidad de un traductor que es poeta incluso cuando escoge que hablen otros por él.