Peces era un excelente pintor de la naturaleza
Peces era un excelente pintor de la naturaleza

Adiós a Tomás Peces

Un gran maestro de la pintura en Toledo

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Tomás Peces es un pintor que ha seguido su propio camino con una gran fidelidad, dentro de un realismo muy personal conectado con esa tendencia innovadora y poética que constituye una de las grandes aportaciones y singularidades de la plástica contemporánea de Castilla-La Mancha. Aunque supo combinar arraigo e innovación, su pintura y su actitud ante el arte tenían rasgos, siempre hasta el final los mantuvo, de rebeldía y de inconformismo vanguardista. Creo que el mayor elogio que de su arte cabe hacer, es decir que sus cuadros son siempre reconocibles: he ahí un Peces. No de todos los pintores, incluso algunos buenos, cabe decir lo mismo.

Nos conocimos a finales de los noventa. Hemos sido vecinos en el viejo caserón de la plaza de Buzones, que conseguimos rehabilitar tras ímprobos esfuerzos con el apoyo del Consorcio de Toledo. Y colaboramos en diversos proyectos en que arte y literatura se compenetraban.

«La reina del mercado»
«La reina del mercado»

Ambos creíamos, o acaso soñábamos, en ese falansterio de escritores y pintores que propuso Van Gogh, al precio de su salud física y mental. Contando con colaboradores amigos, editamos dos números de la revista Cuaderno de Buzones, una dedicada a la Celestina, en el año de su efeméride, y otra dedicada a Luis Buñuel, ese genio universal enamorado de Toledo y creador de la cada vez más revalorizada Orden de Toledo. En relación con La Celestina, que yo reivindico como producción (al igual que el Lazarillo) genuinamente toledana, hizo a petición mía un dibujo de la muerte de Calisto, que para mí (y contando con el texto y sus elipsis, que también son texto) fue un suicidio, como más tarde el de Melibea. Además, planeamos y ejecutamos una preciosa exposición en el Colegio de Arquitectos, donde se interaccionaban textos pertenecientes al magnífico episodio del huerto melibeo con lo que los amantes verían tras hacer el amor: copas de árboles, frutos, flores, arrullados por los murmurantes arroyos. En los últimos años, le propuse un gran políptico sobre La Celestina y Toledo pero ya la enfermedad empezaba a limitar su torrencial energía creativa y nuca lo culminó.

Quiero destacar que Tomás Peces tenía un gran don para reflejar la figura humana (Ana, su esposa, fue su gran musa y modelo) pero que, además, era un excelente pintor de la naturaleza. Sus membrillos, en mi opinión, no tienen nada que envidiar a otros de renombre universal.

Gran conversador, nunca olvidaré sus recuerdos del Toledo de su infancia y mocedades (con osos y zíngaros por los rodaderos de lo que hoy es el remonte de las escaleras mecánicas), del único magisterio que reconocía (el del gran pintor de Urda, Guerrero Malagón), de la Alemania de la emigración que conoció, de la Salamanca intelectual y taurina que tan bien conoció a través de su esposa, del cine o los toros, artes a las que era gran aficionado. Tenía gran sentido del humor, con un punto cáustico a veces, pero muy imaginativo casi siempre. Cuando le pedí el título para un cuadro suyo que representa a una mujer anciana con un carrito de la compra, me sorprendió con el que ya tendrá para siempre: «La reina del mercado». Hicimos unos cuantos viajes relacionados con exposiciones suyas (a Talavera, Cuenca y Salamanca), viajes que siempre sabían a poco por lo ameno de su charla.

Siguió pintando casi hasta el final. Cuando veía la luz de su estudio encendida, sabía que el viejo piloto de la pintura toledana seguía navegando. Descanse en paz.