BAHÍA DE ÍTACA

TIENE QUE LLOVER A CÁNTAROS

ANTONIO REGALADO
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Los 235 compromisarios que asistieron en Sevilla al Congreso Nacional del PP han regresado a casa más comprometidos que nunca con Castilla-La Mancha y con España. Mientras, la izquierda ensayaba su revolución pendiente llamando a la huelga general como si estuviéramos en 1917, criticando unas reformas (revolucionarias, al fin), que el Gobierno ha puesto en marcha para intentar parar el descenso a los infiernos. Tras siete años y medio de gobierno socialista, llegó el cambio sensato e incluso la esperanza.

En apenas 50 días de trabajo, el Ejecutivo Rajoy nos ha subido los impuestos, sí; pero ha echado un pulso simultáneo a la banca, a la Justicia, a los sindicatos, a la patronal y a los dirigentes de las empresas públicas rebajando sus sueldos. Una reforma revolucionaria. Este pulso no lo puede perder. Por vez primera se piensa en los parados, en las pymes, en la Constitución y, a pesar de la mayoría absoluta, se ofrecen pactos de estado para blindar la educación, la sanidad y los servicios sociales. El poder de la unidad del PP es la mejor garantía de futuro.

La secretaria general María Dolores de Cospedal ha reforzado su poder y eso es bueno para Castilla-La Mancha. Ahí están los nombres de la tierra con mando en plaza en Madrid: Vicente Tirado (Ejecutiva de Electoral); J.M. Beneyto (coordinador de Estudios), M.J. Bonilla (secretaria del Comité Electoral Nacional), J.I. Echániz (secretaria de Sanidad y Asuntos Sociales) y Marisa Soriano (secretaria de Agricultura y Medio Ambiente). Toledo tiene más voz y más responsabilidad que nunca en Génova, 13. Frente la llamada a la rebelión de Cayo Lara, de Rubalcaba, de Toxo y de Méndez —el mendaz que no ve dilema moral en que un liberado de UGT cobre 181.000 euros anuales de Bankia—, Rajoy apostaba por las soluciones populares. En la empresa no sobra nadie. Solo falta que llueva a cántaros.