DESDE EL ALCANÁ

«He aquí el tinglado...

JOSÉ ROSELL VILLASEVIL
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… de la antigua farsa, que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes», que dijera el viejo maestro Benavente. El teatro eterno, espejo donde la humanidad contempla desde siempre su quimera, pues toda criatura que se precie —como Don Quijote— «desde muchacho es aficionado a la carátula, y en la mocedad se le han ido los ojos tras la farándula». Teatro de la legua del infinito viaje a ninguna parte, que triunfa en Toledo vestido de auto sacramental, es aplaudido en el mesón de la Fruta con los «pasos» de Rueda y luego entusiasma en el Rojas decimonónico convertido de pícara zarzuela.

Teatro de siempre (misterio, paradoja, humanismo) como el de «El viaje del Actor», que con textos de Antón Chéjov y genial dramaturgia y dirección de Francisco Plaza, la Compañía «Es puro teatro» representó el fin de semana pasado en el emblemático coliseo de la Ciudad Imperial. Tres piezas, como base, del insuperable creador ruso: «La audición», «La petición de mano» y «El canto del cisne»; cuatro magistrales actores: Roberto Quintana (soberbio), Manuel Moreno (exquisito), Carlos Castillejo (magnífico) y Ángela Cremonte (encantadora), sobre la esencia antañona e ilustre del escenario del Rojas, sencillamente enmarcados en preciosa escenificación, impresionante luminotecnia y singular efectismo dieron todos juntos una lección magistral de «puro» teatro, demostrando que no hay nada en el mundo con fuerza suficiente para imitar remotamente la capacidad humana a la hora de trasformarse en el bolulú trascendente con que naturaleza a dotado a muchos de sus hijos. El enredo argumental contiene belleza, gracia e inequívoco buquet teatral; pero el «Canto del cisne», concretamente, es la interpretación arrolladora de Roberto Quintana que marca un hito escénico muy difícil de superar, máxime en la villa monumental del teatro por antonomasia.