Agentes de Tráfico en una caja de cerillas

Los 80 componentes de la Agrupación de Tráfico de Toledo se quejan de que su nueva sede, a la que se trasladaron a primeros de mes, ya se ha quedado pequeña

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De Guatemala a «Guatepeor». Eso parece que les ha pasado a los agentes y mandos de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil de Toledo, que a primeros de este mes se trasladaron de su obsoleta y reducida sede en el barrio de Buenavista a su nuevo emplazamiento junto a la glorieta del estadio «Salto del Caballo». No es un flamante inmueble de nueva construcción, sino que se trata de un vetusto edificio, propiedad del Ministerio de Política Territorial y de Administración Pública, para cuyas obras de rehabilitación se presupuestó un gasto de 560.000 euros.

Los 80 componentes, entre agentes y mandos, dicen que no han ganado con el cambio. Al contrario. Aseguran que las nuevas instalaciones, que casi triplican el espacio de la anterior sede, ya se han quedado pequeñas. Esta falta de espacio es evidente desde la calle, en la zona de aparcamiento del edificio, puesto que muchos agentes deben dejar sus coches estacionados fuera del recinto en aerodinámicas posiciones sobre los terraplenes. Y a esto se suma el barro provocado por las lluvias de estos días.

Dentro de las instalaciones, la falta de espacio es palpable, por ejemplo, en los vestuarios. Los destinados a los hombres están saturados, por lo que los agentes tienen que utilizar los vestuarios de las mujeres. En esta agrupación de Tráfico no hay ninguna fémina, con lo que la «invasión» no ha supuesto ningún problema.

Pero aquí no acaban las incomodidades. Dada la falta de espacio, los mandos han tenido que habilitar taquillas en las oficinas. Los agentes tienen serios problemas para guardar su equipación, ya que estas taquillas son «minúsculas», con unas dimensiones de 50 x 50 centímetros. Con estas medidas deben meter la ropa de trabajo a presión, puesto que solamente el casco ocupa más de la mitad de la taquilla, con lo que tienen que llevarse a casa parte de la equipación.

Con inquilino dentro

En lo que será posiblemente el taller mecánico, también de reducido espacio, el personal no puede trabajar todavía, porque no tienen ni siquiera instalado el elevador para los automóviles. El garaje donde se guardan los coches y motos oficiales tampoco está muy sobrado de metros. Ahora mismo hay el espacio justo. Si el número de vehículos se incrementase, los mandos tendrían que jugar al tetris para guardarlos en el garaje.

En el edificio, de tres plantas, los componentes de la agrupación no están solos. En el último piso vive un ex policía nacional, con lo que se ha tenido que levantar una pared en el pasillo comunitario para aislar la vivienda de las dependencias oficiales.

Y si la falta de espacio es ya agobiante, en este edificio también están el archivo de Extranjería del Cuerpo Nacional de Policía y el parque móvil ministerial, donde se guardan varios coches oficiales, entre ellos el del delegado del Gobierno de Castilla-La Mancha, Máximo Díaz-Cano.

A todo esto, según denuncian los agentes, se une que los mandos han tenido que elegir entre dotar de línea de ADSL o de teléfono fijo a la oficina de atestados, porque los dos servicios son incompatibles en estos momentos. Se han decantado por lo primero ya que, de no tenerlo, sería imposible trabajar.

El malestar es mayor desde que han comprobado que los perros del Servicio Cinológico de la Guardia Civil «van a tener mejores instalaciones». Los animales, ahora en el puesto de Argés, serán trasladados a la parte trasera de la nueva sede de Tráfico, que no cuenta con accesos a pie decentes (un minusválido en silla de ruedas lo tiene imposible).

ABC ha intentado conocer la versión del jefe provincial de Tráfico de Toledo, Javier Caparrini, que ha declinado el ofrecimiento argumentando que no tenía tiempo de atender la llamada telefónica de este diario por su apretada jornada laboral.