Durante los últimos veinte años, Manuela Sanz, utilizando los más diversos y sencillos materiales, ha creado cerca de un millar de bichos (Foto, Miguel Calatayud)
Durante los últimos veinte años, Manuela Sanz, utilizando los más diversos y sencillos materiales, ha creado cerca de un millar de bichos (Foto, Miguel Calatayud)
ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

«Verosímiles Inverosímiles», gabinete de entomología poética

En la Fundación Isidro Parra de Alcázar de San Juan

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La entomología es la rama de las ciencias naturales que estudia los insectos. Estos invertebrados son la especie más numerosa de los 1,3 millones de animales diferentes que habitan nuestro planeta. Un buen número de ellos nos sorprenden por sus increíbles formas, belleza o capacidad para adaptarse al medio donde viven. Vistos en fotografías o documentales, muchos nos parecen irreales y sorprendentes. Semejantes calificativos pueden aplicarse a los bichos que desde hace veinte años realiza la creadora Manuela Sanz, quien hasta finales de año, y bajo el nombre de «Verosímiles Inverosímiles», expone una selección de ellos en la Fundación Isidro Parra de Alcázar de San Juan.

Manuela Sanz comenzó a elaborar estos insectos como un juego. El primero fue uno realizado con una fotografía de su esposo, el pintor Isidro Parra, para servir de tirador a la burda cuerda que desaguaba la cisterna de un inodoro en la nave donde él trabajaba. Lo que comenzó como una inocente gracia acabó convirtiéndose en pasión y las criaturas realizadas por ella se acercan ya al millar. «Me gusta -dice Sanz respecto a sus creaciones- imaginarlos volando alrededor de los auténticos y así superponer el mundo de lo real con otro simultáneo y paralelo de verosimilitud sugestiva y convincente».

Estos inverosímiles insectos, aunque animales fuera de la historia natural, son muy verosímiles. En estos veinte años los bichos de Manuela han evolucionado. «Para su realización -añade- he empleado toda clase de materiales. Materiales encontrados que me dicen qué quieren ser… cabeza, ala, pata o cuerpo». Los más recientes, en los que predomina el uso de cristales rotos recogidos en el campo, bien pueden ser considerados primos hermanos de las más valiosas y fantasiosas piezas de joyería.

A la par que la colección de Manuela ha ido creciendo con el paso del tiempo, el proyecto artístico «Verosímiles Inverosímiles» también lo han hecho. Se ha desarrollado hasta alcanzar dimensión multidisciplinar, incorporando textos literarios de Edmundo Comino y Teresa Moreno, fotografías de Miguel Calatayud y una ambientación sonora de Miguel Nava basada en el desarrollo musical del primer capítulo de «La Metamorfosis» de Kafka. Semejantes sensibilidades han sido conjugadas por Alejandro Martínez Parra, quien dio forma a tan singular simbiosis creativa en una sorprendente exposición que hace unos meses estuvo en el Centro de Acceso a los Yacimientos de Atapuerca.

La muestra recala ahora en Alcázar de San Juan. Coincidiendo con su inauguración se ha presentado un bello catálogo que compendia las creaciones de Manuela Sanz. El volumen, que emparenta con los bestiarios medievales o los álbumes ilustrados de las grandes expediciones científicas del pasado, ha sido editado por «La Casa Cromática», dentro de su colección «Singulares».

Siguiendo la estela de los tratados de ciencias naturales, este «bichiario» es una perfecta combinación de imagen y palabra. Las fotografías de Miguel Calatayud son espectaculares, contribuyendo a dotar de gran realismo a estos imaginarios insectos y mostrándonoslos con una verosimilitud increíble. De un buen número de ellos se describe su morfología, hábitos, características genéticas o cómo son, porque algunos textos nos hablan en primera persona. Para tal labor, Edmundo Comino y Teresa Moreno, manteniendo el tono y forma clásicos de cualquier manual al uso, han escrito una singular colección de micro relatos plenos de imaginación, simpatía, riqueza en el uso del lenguaje, bellos, sugerentes, divertidos y poéticos.

Así describen, por ejemplo, al insecto «Elekraka miliá», número 236 de la colección: «Habita en el luto de las tardes mojadas. ¿Por qué belleza se somete a este tormento? Lentamente sus alas se tiñen de añil, reniegan de su propia condición. Cuando despliega sus antenas, todo es una confusión. La luna tiembla. Eriza su penacho de filamentos capilares e inicia su camino. Con resignación envía sus esquelas. No es esquiva con su muerte. La salida del sol apaga su grito mudo y es que no hay que olvidar que canta con la nariz y oye por la boca».

En el prólogo de su «Libro de los seres imaginarios», Jorge Luis Borges subrayó que el mismo no había sido escrito para una lectura consecutiva, sino para ser frecuentado, «como quien juega con las formas cambiantes que revela un calidoscopio». Este «Verosímiles Inverosímiles» encaja perfectamente en tal consideración.

Es un libro para tener sobre la mesa, siempre a mano, leyendo y releyendo cada uno de sus textos. Degustándolos. Disfrutando con las fotografías que lo ilustran. Deleitándonos en el leve murmullo de sus páginas al pasar, bien parecido al que hacen los insectos en los campos y jardines donde comparten vida con nosotros. Una publicación, en definitiva, de esas que nos atrapa ante el magnetismo que irradian la insólita, fantástica belleza y convincente verosimilitud de estos insectos, que ahora, catalogados y ordenadamente exhibidos, han convertido la Fundación Isidro Parra en asombroso gabinete de entomología poética.