El catedrático Francisco Aranda, en Padilla, sede de la Universidad regional en Toledo
El catedrático Francisco Aranda, en Padilla, sede de la Universidad regional en Toledo - ANA PÉREZ HERRERA

«Es urgente un plan para conservar y mantener la unidad de los conventos»

El catedrático Francisco José Aranda lidera un grupo de más de 50 investigadores que han presentado a la Junta un proyecto para proteger la vida conventual y su patrimonio

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Francisco José Aranda, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Castilla-La Mancha, es optimista pese a la difícil situación que viven los conventos que aún resisten en Toledo. La falta de vocaciones y los problemas económicos amenzan seriamente a una forma de vida que se ha mantenido inalterable durante siglos y que hoy todavía representa el 20 por ciento del espacio monumental de la ciudad. Este catedrático toledano, que se crió entre calles estrechas, monumentos y visitas a conventos, es el director de un ambicioso proyecto de investigación que promueve la Facultad de Humanidades y Patrimonio y la Escuela de Arquitectura para poner en marcha un plan a tres bandas -Administración, Iglesia y Universidad- para garantizar la subsistencia de estas comunidades sin las que Toledo no se entendería.

-¿Qué les motivó para presentar este proyecto?

-Queremos ofrecer nuestros servicios y nuestros conocimientos para hacer un inventario de lo que había y lo que queda. Hay que hacer casi una labor detectivesca. Somos más de 50 investigadores y profesionales y 13 somos de esta Universidad. Tenemos profesores de Arquitectura, de Economía, de Historia, de Arte y de diferentes disciplinas. También hay funcionarios que están dentro de la Administración regional y de la Diputación. ¡Tenemos hasta guías turísticos!

-El cierre de los conventos de Santa Úrsula y Santa Clara hizo hace dos años que saltaran las alarmas en la sociedad toledana.

-Creo que la alarma saltó con el cierre de las Capuchinas en el año 2006, aunque en 2016 se produjeron dos cierres en un mismo año, Santa Clara y Santa Úrsula. Lo que significan en cifras absolutas estos cierres es que han supuesto que una década han desaparecido el 20 por ciento de las comunidades religiosas que tenemos en Toledo. La última noticia es que Santa Ursula se intenta vender y vuelven a saltar las alarmas, sobre todo, entre la ciudadanía que se pregunta qué puede hacer. Esto es un aviso a navegantes.

-¿Existe un inventario de los conventos? ¿Se conoce todo el patrimonio que atesoran?

-Creo que una de las asignaturas pendientes de Castilla-La Mancha es la creación de un inventario o catálogo de todo el patrimonio artístico de la comunidad, como, por ejemplo, se ha hecho en Castilla y León, cuya gestión en este sentido ha sido modélica con sus famosas exposiciones sobre las Edades del Hombre que han sido un éxito y han ayudado a promocionar este arte y a crear vías de gestión de patrimonio.

-¿Qué significan los conventos para Toledo?

-Los conventos son la esencia de esta ciudad, como dijo Marañón. Uno se da cuenta, como historiador, que es dónde se ha conservado lo más esencial del Toledo histórico porque han llegado hasta el día de hoy en un grado de supervivencia admirable; son instituciones de hace mil años que están en el uso para los que fueron creadas.

-El futuro no es nada halagüeño, la vida conventual parece que está muriendo.

-La declinación de la vida religiosa cristina y, para más señas, la católica, no es un problema de aquí, es un problema de toda Europa. En Toledo se da una pervivencia al mismo nivel que en el Monte Athos, donde existen numerosos monasterios que se conservan juntos. A día de hoy, Toledo es la diócesis que más conventos tradicionales de vida contemplativa conserva. Es un ejemplo de supervivencia espectacular. No es un asunto eminentemente toledano, ni siquiera nacional. Tenemos que preservarlo no solo por nosotros, que somos muy toledanos y estamos desde siempre acostumbrados a que estén las monjas entre nosotros, sino porque merece la pena. No hay que dejarlo perder.

-Pero es un hecho que cada vez hay menos vocaciones.

-Pero también creo que tenemos que pensar que hay motivos para la esperanza. Resulta que hay un cierto reverdecimiento de la vida comtemplativa, también en Toledo. En Lerma, por ejemplo, existe una comunidad con 200 monjas jóvenes, aunque es cierto que la vida religiosa contemplativa se tiene que adaptar a los tiempos.

-No es el caso de Toledo.

-¡Cómo vas a adaptar a monjas de 80 años! Se necesita savia nueva. Hay órdenes nuevas que están celebrando cultos en la iglesia del Salvador, por ejemplo.

-Los conventos son propiedad de las comunidades. ¿Qué proponen ustedes? ¿Cómo se pueden articular un proyecto con tantos frentes?

-La Iglesia quiere y debe salvaguardar su patrimonio, y lo viene haciendo, pero no tiene todos los medios. La sociedad debe ayudarla, pero deben limarse las susceptibilidades mutuas. Esto no se arregla sin hacer nada y la iglesia no tiene dinero para mantener este patrimonio, no estamos hablando solo de su demografía, sino de su sostenimiento económico, para conservar esos edificios. Y la Junta tiene la responsabilidad de controlar este patrimonio, aunque no tenga la propiedad.

-¿Cree que será posible preservar las comunidades que aún perviven?

-Ese sería el objetivo. Se debería preservar las 16 comunidades religiosas que existen, 13 femeninas y 3 masculinas. Si continúan disminuyendo nos quedamos sin nada. Por eso, es urgente este proyecto para conservar y mantenar la unidad de los conventos. Si no hay mas remedio, alguna pieza puede salir de Toledo, pero que existan mecanismos para que se controlen, fotografíen, documenten , esto es, se cataloguen. También para prevenir el tráfico ilegal de obras de arte en el momento en el que salen de los conventos. Ahora todo está incontrolado.

-¿De qué manera el proyecto puede dar una solución?

-La idea es crear una especie de comisión entre la Comunidad autónoma, la orden y las autoridades diocesanas. No se puede estar trabajando poniendo parches y se necesita un estudio serio que nos informe sobre la situación actual de estos centros (demografía, economía). Con ese dato se puede prever cuando va a colapsar cada una de las comunidades. Lo importante es prevenir, como en el asunto de la salud, no cuando las cosas llegan al límite. Hay que actuar a tiempo y actuar bien, que no haya tantas suspicacias entre unos y otros.

-Parece que se está llegando al límite. ¿Por qué no se ha actuado antes?

-Creo que hay gente que le interesa que las cosas lleguen al límite. Hay intereses diferentes tanto para los objetos muebles como para los inmuebles, aunque ha habido casos en los que se ha actuado muy bien, como ocurrió en los conventos de Madre de Dios y San Pedro Mártir, que se convirtieron en sedes universitarias.

-Pero no todos los conventos pueden convertirse en edificios públicos.

-No podemos pretender que todo ese parque de inmuebles conventuales vayan a la Administración y tampoco todos pueden ser hoteles. Luego está la cuestión de la restauración y ahí tenemos en el proyecto a Ignacio González Varas, para velar por este aspecto. Los edificios tienen que mantener la esencia y aquí el criterio economista, en un principio, no vale.

-¿Cuál fue el momento de mayor esplendor de los conventos toledanos?

-Las fundaciones se aceleraron mucho en los siglos XV y XVI y llegaron asu cénit en el XVII. Llegaron a fagotizar el centro y ahora el 20 por ciento del Casco Histórico son conventos.

-Y su relación personal con ellos, ¿cuándo surgió?

-Mi madre me llevaba con sus amigas cuando era pequeño al convento de las Capuchinas y seguí yendo durante muchos años. Lo fundamental era charlar con ellas y recuerdo que era impresionante porque desde que llamaba al timbre ya sabían quien era. Podían varios meses sin visitarlas y la conversación se retomaba en el mismo punto.

-¿Cuál es su convento preferido?

-Las Capuchinas, por su valor artístico e histórico. Tenía una unidad impresionante en la arquitectura, la pintura, las artes decorativas, los textiles, la orfebrería... Era muy homogéneo, como un pedazo de Nápoles en Toledo. Pero por valor artístico destacan muchos como Santa Clara, Santo Domingo el Real o Santo Domingo el Antiguo. Los conventos son un vademécum de la historia toledana, desde la Edad Media hasta el siglo XX.

-Y, ¿quién ha sido su inspiración, su modelo?

-Mi primer motor fue mi profesor Juan Nicolau y sus reiteradas denuncias. Pero también ha habido otra persona que me ha inspirado y ayudado mucho: el editor Antonio Pareja, buen amigo. Precisamente Pareja y Nicolau me acompañaron en una entrevista que sostuve con el rector de la UCLM, Miguel Ángel Collado, en marzo de 2016, en donde le mostramos nuestra inquietud por el asunto de los conventos y pedimos su apoyo para iniciar una serie de iniciativas científicas. El rector nos apoyó y nos pusimos manos a la obra. Y precisamente la presentación a este concurso de proyectos es nuestro primer paso importante en este sentido.