«Sólo la Iglesia pide perdón, ¿qué jefe de Gobierno, qué multinacional lo pide por esta crisis que sufren los más pobres?»

Entrevista con el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez

MARÍA JOSÉ MUÑOZ| TOLEDO
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Quizá hoy pueda descansar algo el pastor de la Iglesia toledana a tan sólo unas horas de que hayan cesado los sones, los actos y las palabras del X Congreso Eucarístico Nacional celebrado en Toledo y que a él le ha tocado organizar; con gran éxito, por cierto. En medio de una gran participación, con cientos de congresistas y decenas de obispos, numerosos fieles toledanos han saludado de forma espontánea este Congreso, pero la ciudadanía en general muestra cierto desapego a estos hitos religiosos.

-¿Le preocupa el laicismo creciente en la sociedad?

-El laicismo es una corriente de pensamiento con la cual no estoy de acuerdo. Los laicos no son los países sino las personas. Hay que distinguir entre laicidad y laicismo. Laicidad es la separación Iglesia-Estado, que no significa que no tenga que haber buenas relaciones entre la Iglesia y el Gobierno, por ejemplo. Tampoco significa que se niegue la realidad de la Iglesia y el porcentaje de católicos que hay en España, que no debe significar privilegios para éstos, pero tampoco discriminación, por supuesto.

-El Papa va a recibir el 10 de junio en el Vaticano a Rodríguez Zapatero, ¿qué opina de la relación actual entre el Gobierno español y la Iglesia?

-Desde el punto de vista institucional, perfecto. Todo el mundo sabe que hay algunas discrepancias con el Gobierno, pero no desencuentros. De hecho, la Embajada de España ante la Santa Sede es una de las más prestigiosas en el Vaticano.

-Y el actual embajador, Francisco Vázquez, ha calado bien en aquella sede.

- Sí, le conozco personalmente desde hace muchos años cuando era alcalde de La Coruña, y hay buena relación.

-A Vázquez le ha tocado gestionar algunos temas polémicos, como la aprobación de la reforma de la Ley del Aborto. ¿Un político católico puede votarla?

-Yo creo que no, y es doctrina de la Iglesia desde hace mucho tiempo. Por tanto, aquellos católicos que estén en esa noble tarea de ser políticos saben que si votan esa la ley o si la han votado, es en contra de la doctrina de la Iglesia.

-El PSOE argumenta que en lo del aborto la Iglesia no protesta cuando gobierna el PP y sí cuando lo hacen ellos.

-Eso no es verdad. Durante el Gobierno del presidente Aznar hubo muchos desencuentros, aunque no había una ley del aborto sino una despenalización de tres supuestos. Lo que desgraciadamente va a entrar en vigor ahora en el mes de julio es una ley del aborto que pone un límite de tiempo desde el que se puede o no abortar, y eso parece poco científico.

-¿Le preocupa que en la Ley de Libertad Religiosa que prepara el Gobierno otras confesiones se sitúen en un plano de igualdad con la Iglesia Católica?

-Que la Constitución reconozca la realidad de la Iglesia Católica no significa que el Estado no pueda tener conversaciones o firmar convenios con otras religiones. Además, en la España contemporánea, quien ha hablado de libertad religiosa no ha sido el Estado ni el Gobierno, ha sido la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. La Iglesia no legisla, pero debe ser escuchada. Existen unos acuerdos Iglesia-Estado que deben tenerse en cuenta.

-¿Por qué la Iglesia parece más comprensiva con el hecho del velo islámico?

-Un hecho religioso, la fe, no debe quedarse totalmente en el interior de la persona. Ahora, las manifestaciones exteriores, como es lógico, tienen también unos límites. Dicen que algunos de los velos que las mujeres del Islam quieren llevar atentan contra su dignidad, que es un retroceso...Yo ahí no entro, mi opinión ahí no vale mucho, debe ser el Estado quien legisle. Sólo pedimos que haya reciprocidad porque, la verdad, en muchos países islámicos no se puede ni llevar una cruz.

-La Iglesia ha vivido en los últimos meses tiempos convulsos marcados por los casos de pederastia. ¿Coincide con el cardenal Cañizares en que es una campaña contra la Iglesia para que no se hable de Dios?

-Lo que es importante es que no se deje de hablar de Dios; eso es bueno para la sociedad, incluso para aquellos que piensan que Dios no existe. Puede ocurrir que se resalte mucho un suceso que objetivamente ha ocurrido, lo que no quiere decir que la pederastia no sea una burrada. Es un delito, la Iglesia no lo niega, y ahí está todo lo que el Papa ha dicho al respecto. La pederastia es un problema muy serio, pero no es mayoritario de la Iglesia Católica.

-¿Ha pedido la Iglesia perdón con suficiente contundencia?

-La única que en esta sociedad pide perdón es la Iglesia Católica, nadie pide perdón por esta crisis socio-económica en la que estamos y que supone unos delitos concretos con respecto a una forma ética de vivir o de tratar la economía. ¿Qué jefe de Estado pide perdón, qué jefe de Gobierno, qué grandes multinacionales, qué centros de poder económico han pedido perdón por las consecuencias que trae esto para los más pobres? Hay que ser ecuánimes ahí. A nosotros no nos ruboriza pedir perdón, lo estamos haciendo, para eso tenemos el sacramento de la Penitencia.

-¿Cómo debe actuar un cristiano ante esta crisis?, ¿debe haber una ética de la crisis?

- Hay una ética de la crisis. Sólo hay que leer la Carta Encíclica de Benedicto XVI «Caritas in veritate», un verdadero análisis lleno de sabiduría de ese gran problema en el que estamos inmersos. La crisis tiene una dimensión ética, no se soluciona sólo con medidas económicas. ¿Tienen en cuenta esto los estadistas? Sólo sonríen a lo que dice el Papa, pasó lo mismo cuando Juan Pablo II rechazaba la guerra...y ¿ha sido solución la guerra de Irak, o la de Afganistán? El Papa dijo las cosas muy claras y, ¿quién le hizo caso? Prácticamente nadie.

-¿Y qué valores del ser humano deberían estar ahora mismo en boga para luchar contra esa crisis?

-Primero, que la humanidad tenga auténtica unidad. Que haya un sentido más profundo de lo que une a los seres humanos, que no sólo nos preocupemos de nuestros problemas, sino que miremos a los otros. Y nosotros, como católicos, tenemos que vivir los valores del Evangelio, que son profundamente fraternales, desde el amor al enemigo hasta aquello de que si uno te pide que andes con él un kilómetro, tú le acompañas dos. Son palabras de Jesucristo. Hay más alegría en dar que en recibir. Todo eso hay que ponerlo en práctica en medio de la ambición desmedida.

-Vienen a cuento ahora esas palabras de Cristo sobre el ojo de la aguja y el camello...

-Sí. Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos.

-¿Se puede aplicar eso en el día de hoy?

- Sí, porque ser rico no significa simplemente ser una persona que tiene mucho dinero sino que en el dinero tiene puesta toda su esperanza y cree que eso es la felicidad

-Su antecesor puso en marcha un plan de contención del gasto, ¿cómo va?

-Lo que hizo don Antonio con sus asesores económicos fue ver cómo abordar la deuda que tenía la diócesis, -que tiene-, después de haber hecho grandes inversiones sobre todo en el Seminario, en la Casa Sacerdotal, en la Casa Diocesana de Talavera, donde hay también una residencia de sacerdotes, y sobre todo en el Archivo Diocesano, un archivo muy importante que tenía un continente muy malo.

- ¿Y ahora cómo es la salud económica de la diócesis?, ¿es acuciante la situación?

-La situación es difícil porque al hablar de deuda hablamos de las cuentas de la administración diocesana, pero además están todas las actividades de las parroquias y las que realizan las instituciones que tienen como principio la atención al más débil, al más pobre, al más necesitado. La Administración diocesana no sólo incluye las cuentas de la diócesis sino de las casi 300 parroquias que hay.

-¿Y qué opina de esas voces que se alzan para pedir que la Iglesia colabore económicamente con lo que recauda del IRPF?

-Hay que ser precisos. La Iglesia no recibe de las arcas del Estado esos 253 millones de euros (lo que llamamos el Fondo Interdiocesano de las 78 diócesis de España), sino que es un impuesto que la gente aporta voluntariamente. Lo que no ven es la atención primaria que la Iglesia presta a muchísima gente, la misma que no hacen las administraciones públicas pese a que es deber suyo. Algunos piensan que hasta el tabaco que fuma un sacerdote, -si es que fuma, que no debe fumar porque es malo-, también lo paga el Estado.

-¿Tendría usted inconveniente en decir cuánto cobra un arzobispo, o un obispo?

-Todos ganamos más o menos lo mismo. Nosotros recibimos nuestro salario directamente de la Conferencia Episcopal a través de la Administración Diocesana. Mi sueldo en estos momentos ha subido un poquitín más de los mil euros, unos 1.200 euros. Hasta hace poco los obispos éramos mileuristas.

-¿Y un cardenal gana más?

-No, eso no son ascensos. Más que obispo no hay en la Iglesia.

-Se lo digo por mi próxima pregunta. ¿Será pronto cardenal? Se rumorea que el Papa podría convocar Consistorio el próximo otoño y todo apunta a que será cardenal por el carácter primado de la diócesis de Toledo. ¿Qué significado tendría para usted si se confirma?

-Esa es una decisión personal del Papa y no tengo noticia de que haya un Consistorio pronto. ¿Y qué significa? Pues mire, ser creado cardenal es que el Papa tiene confianza en un determinado obispo o arzobispo para el Gobierno general de la Iglesia Universal. En este caso concreto sería una confianza no sólo en una persona sino en lo que significa Toledo. Yo, si el Papa lo cree conveniente, lo aceptaría aún sabiendo que eso significa un plus de trabajo más, una cierta aureola...no me he preocupado mucho de la aureola porque creo que hemos bajado de los pedestales hace mucho tiempo, aunque la gente todavía no se lo crea.