La resaca de un año seco y caluroso rebaja el aforo los embalses de Toledo

La resaca de un año seco y caluroso rebaja el aforo los embalses de Toledo

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JUAN MONGE

TOLEDO. Las reservas de los diez embalses de la provincia de Toledo han descendido esta semana diez hectómetros cúbicos, lo que ha provocado que de una capacidad máxima de 448 hectómetros cúbicos, se almacenen tan sólo 197. Durante los últimos siete días tres embalses disminuyeron sus reservas: el de Rosarito, que perdió ocho hectómetros y actualmente almacena 30 de los 82 de sus capacidad total; el de Azután que ha bajado un hectómetro y acumula 73 de los 113 que puede llegar a almacenar; y el de Navalcán, que disminuye uno y almacena 15 de los 34 que podría contener.

Debido a la sequía y las bajadas de nivel de los embalses,los problemas de abastecimiento de agua se han convertido en algo habitual en varios pueblos del oeste de la provincia, como son los municipios de la Campana de Oropesa. Fallos derivados en el sistema que han provocado cortes en el servicio de agua potable o la suspensión total de los servicios. Pero también hay problemas con los pueblos de la mancomunidad del Guajaraz.

Estas dificultades se han agravado en las últimas semanas, pero responden a las condiciones metereológicas que se han dado en la provincia durante los últimos diez meses. Lo que se denomina «año hidrológico», un periodo comprendido entre el 1 de septiembre de cada año natural y el 31 de agosto del siguiente que sirve para evaluar los parámetros de precipitaciones y humedad de un territorio.

Es lo que la delegada territorial de la Agencia Estatal de Metereología en Castilla-La Mancha, Delfina Gil, llama un «cúmulo de factores».

Las escasas precipitaciones registradas durante este año y las temperaturas de más de 40º que han alcanzado los termómetros de la provincia en las últimas semanas son una combinación de variables metereológicas que supone una barrera difícil de salvar a la hora de almacenar y conservar grandes cantidades de agua en embalses y pantanos. Por un lado, el volumen de agua recogida este año es mucho menor debido a la falta de precipitaciones y, por el otro, la evaporación del agua estancada es mucho más rápida dado el calor y la incidencia continua del sol.

«La situación y la extensión de pantanos como el de Rosarito o el de San Juan», explica Gil, «no ayudan. Son superficies de agua muy extensas y están situadas en zonas en las que no hay sombra, por lo que el sol incide directamente sobre el agua durante muchas horas, acelerando el proceso de evaporación en los pantanos».

Gil cuenta que «este año ha llovido un 25 % menos de lo que debería haber llovido, de los baremos que son habituales en esta zona. Puede que la imagen que exista de esta parte del país sea de aridez, pero lo cierto es la parte de la provincia que linda con Ávila es un vergel. El agua recogida este año ha provenido a las nevadas de la Sierra de Gredos, que han escurrido al deshelarse y han acabado en los ríos. Sin embargo, en la zona este de la provincia ha llovido más, pero esos frentes se han frenado en la parte occidental. Al no haberse producido las precipitaciones que son habituales, los acuíferos están secos».

A esta situación hay que sumar las consecuencias de lo calurosos que han sido los dos últimos meses del año, junio y julio. Para Gil, el calor en esta parte del país, además de con la situación geográfica, está relacionado con las «características propias de esta zona» como «la poca polución, que hace que la atmósfera admita una mayor cantidad de radiaciones, por lo que éstas son muy fuertes» o «el viento solano».

No existe una forma de prevenir esta sequía, pero lo que sí es posible es adaptar el consumo de agua. «Los embalses no se han rellenado lo suficiente, pero se riega más, cuando en realidad se necesita más agua debido al calor y la falta de humedad», concluye Gil.