Santiago Sastre

En recuerdo de don Ramón Gonzálvez

«Fue un excelente medievalista que brilló también como docente y conferenciante»

Santiago Sastre
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El sacerdote y académico numerario de la Real Academia toledana (de la que llegó a ser director) don Ramón Gonzálvez falleció el pasado 29 de enero de 2019. Los medios de comunicación se hicieron eco de su muerte, pero creo se dijo muy poco sobre el valor de su figura, por todo lo que aportó no sólo a la iglesia toledana sino a la ciudad de Toledo.

Durante muchos años fue, ¡por oposición!, archivero de la Catedral. Su tarea de ordenación y divulgación del Archivo es impresionante. De todos sus libros destacaría su tesis doctoral, sobre hombres y libros en el período de 1803-1300; la edición y estudio de la Biblia de san Luis; la coordinación del monumental volumen sobre la Catedral primada que se publicó en 2010; y su trabajo sobre la iglesia visigótica y mozárabe. Publicó más de 150 artículos. Ha quedado pendiente la edición de su Historia de la Iglesia toledana, que dejó acabada en el período antiguo y medieval, y organizó el trabajo para que fuese terminada por otros especialistas.

A él se debe la propuesta del nombre de Azarquiel para el puente nuevo cercano al de Alcántara, también el nombre de san Julián para la iglesia de la Avenida de Europa, el impulso de la paralización de los proyectos urbanísticos en la zona de vega Baja al documentar los importantes restos visigodos que se encontraban allí (el palacio de los reyes visigodos y un barrio cortesano de quienes ayudaban y servían a los reyes) y, también, la ubicación del monasterio del que san Ildefonso fue abad en torno a una casa de labor ubicada en la Peraleda. Defendió con razones históricas la conexión del monasterio de Guadalupe con la diócesis de Toledo.

Don Ramón fue un excelente medievalista que brilló también como docente y como conferenciante. Estoy seguro de que pudo destacar en el ámbito civil (haber trabajado en cualquier Archivo o ser catedrático de Universidad, por ejemplo) pero su amor a la Iglesia le llevó a entregarse a la tarea sacerdotal. Insistía en que el mejor servicio que podía prestar a la Iglesia era presentarla con sus aciertos y defectos pero «sabiendo que los bienes que ha aportado al mundo son infinitamente mayores (cultura, arte, preeminencia de la vida humana, respeto de la libertad individual, asistencia social de los desvalidos, dignidad de la mujer, educación de la juventud, etc.) que los pecados de algunos de sus miembros». Cuando alguien muere, como apunta san Eugenio en sus versos, lo que queda de él es lo bueno, lo recto y lo justo que ha hecho. Don Ramón hizo bastante y bueno. Y deja un legado intelectual que será muy difícil de superar en mucho tiempo.

POR SANTIAGO SASTREPOR SANTIAGO SASTRE