Orgaz vive en la salsa de su gloria

J. RosellVillasevilME encanta pasear en la noche por las calles de Orgaz, solitarias, porque tengo la impresión de que se han detenido en el tiempo. Y porque pienso que, de un momento a otro, me voy a

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J. Rosell

Villasevil

ME encanta pasear en la noche por las calles de Orgaz, solitarias, porque tengo la impresión de que se han detenido en el tiempo. Y porque pienso que, de un momento a otro, me voy a tropezar con la esbelta figura de doña Jimena, la esposa del Cid, o con la adusta de don Gonzalo Ruiz de Toledo, divinamente escoltad por San Esteban y San Agustín...

El destino sí había obligado a Cervantes, desde muy niño -¡oh, trotamundos de las sendas de España!-, a recorrer incansable el largo camino que uniera la amada Andalucía con la no menos adorada Castilla. El populoso Camino de la Plata (Toledo, Córdoba, Sevilla, por el Valle de Alcudia y Sierra Morena) pasó inoxerable, durante muchos siglos, por la noble y querida villa de Orgaz.

Cuántas veces el glorioso autor del Quijote, habiendo partido de Toledo al amanecer, descansaría en la blanca villa toledana, pues la jornada coincidiría con la bendita hora del yantar.

Es por lo que en «La ilustre fregona», la novela toledana por excelencia, hallándose en la posada del Sevillano, en la Cuesta del Carmen, pone en boca de Carriazo la siguiente y sensata recomendación a Avendaño: «Conviene que mañana madruguemos, porque antes que entre la calor estemos ya en Orgaz». O en otro pasaje de la misma novela, donde escribe el inmortal alcalaíno: «...desde Madrid había pasado por la barca de Aceca, y aquella noche dormía en Orgaz».

Cervantes debió conocer al Greco, por intermedio de su amigo don Andrés Nuñez de Madrid, el cura de Santo Tomé, en el verano de 1586. El pintor cretense buscaba los modelos vivos para el regio cuadro, y don Andrés, como si se tratara de un regalo de bodas, le instaba a su terminación antes de las nupcias que ya se avecinaban entre su sobrina, doña El vira de Ávalos, y el sobrino de la esposa de Cervantes, Gonzalo de Guzmán Salazar.

Sin mucha fantasía, cabe preguntarse si el autor de La Galatea no es uno de los caballeros retratados en el lienzo prodigioso de «El entierro del Conde de Orgaz». De menos lo hizo Dios.

En todo caso, ¿saben nuestros lectores que, para alegría de Cervantes cuando lo haya sabido en la gloria, así como para honra eterna del noble pueblo toledano, fueron los vecinos de Orgaz quienes sufragaron el cuadro?

Escritor

PUEBLOS CERVANTINOS