Museo del Ejército

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Hay quien se escandaliza por el hecho de que en el Museo del Ejército que próximamente se va a abrir en Toledo se pretende cerrar o suprimir la sala donde se presenta la defensa del Alcázar durante la Guerra Civil del año 1936-39. No entiendo esa reacción absurda, ya que en mi opinión hay que eliminar todo lo que tenga que ver con la violencia, con la guerra, con la muerte, con la esclavitud, con la inquisición, con todo aquello que tiene relación con la degradación humana.

Por ello propongo no solo que desaparezca la mencionada sala, sino todo el Museo del Ejército como recuerdo malévolo de la iniquidad humana. No solamente la sala donde se muestra la defensa del Alcázar, porque se quedaría raquítica la eliminación.

Hay que extirpar, borrar del mapa todo aquello que tiene que ver con los métodos de tortura utilizados por la Inquisición para hacer declarar a los conversos y a otros que mostraban dudas sobre su catolicismo puro. Suprimir definitivamente a tantos inquisidores que han existido, desde Torquemada y Cisneros hasta el último de los mismos en el siglo XIX, Jerónimo Castellón, obispo de Tarazona, que tanto daño hicieron para el avance de la cultura española.

Hay que eliminar y destruir el Valle de los Caídos, recuerdo nefasto de una guerra entre hermanos, en donde solamente se encuentran enterrados los de un bando. Que no quede piedra sobre piedra y todo sea transformado en polvo para que no quede recuerdo de ese inmundo edificio. Destruir todo recuerdo de Colón, Pizarro, Hernán Cortés, Hernando de Soto, Lope de Aguirre, Pedro de Mendoza, Orellana y tantos otros que organizaron un genocidio salvaje de todo aquel que se oponía a la conquista.

Hay que olvidarse y eliminar del recuerdo de la Historia las capturas llevadas a cabo en África para trasladar a los nativos al Nuevo Mundo, apiñados en las bodegas de los barcos, sin apenas alimento, atados por pies y cuellos, separados de sus familias, obligados a latigazos obedecer. Hay que eliminarlo de la Historia para que la humanidad no se sienta abochornada.

Eliminar de los libros de texto la serie interminable de invasiones que España, Iberia o Hispania ha soportado de los fenicios, griegos, cartagineses, romanos, suevos, vándalos, alanos, visigodos y que tantas muertes llevaron a cabo por los cuatro puntos cardinales. Así como las invasiones de Napoleón, con la destrucción de tantas obras de arte, la quema de edificios y los robos que llevaron a cabo en sus canallescos recorridos por nuestra geografía. Y puestos a eliminar todo tipo de violencia, habría que suprimir los actos de reconquista llevados a cabo por tantos reyes españoles en nombre del catolicismo y de la unidad patria.

No me conformo con el hecho de cerrar la sala del Museo del Ejército sobre la defensa del Alcázar, pues no es suficiente. No hay que tener un Museo del Ejército, pues es un recuerdo constante de la maldad humana, de la falta de fraternidad, de la muestra del odio, de la violencia más descomunal. Por ello hay que organizar manifestaciones multitudinarias para impedir que Toledo sea el centro representativo de la violencia, pues ya tenemos como mal ejemplo la Posada de la Hermandad para que ahora se nos traiga la violencia más absoluta representada por la representación de los objetos más mortíferos que la humanidad ha podido crear. Hay que cerrar todo aquello que nos recuerde la violencia, tanto sus personajes, como los métodos, así como las obras de arte que han representado escenas de violencia: matanza de los Inocentes; crucifixión de Cristo; el Holocausto; Autos de Fe, etc.

Suprimir de todos los museos a los personajes que han practicado la violencia, a quienes de manera incomprensible tenemos como héroes; las escenas de guerra, las batallas terrestres, navales y aéreas. Hay que destruir de los museos los cuadros que muestren este tipo de comportamiento, así como todas las esculturas que nos recuerden a personajes.

Y, por supuesto, deberíamos olvidarnos de tanto dictador que aún gobierna países en el mundo, donde la armonía no existe, y exclusivamente reina el ordeno y mando, la cárcel y la desaparición silenciosa.

Llegado a este punto del artículo el lector inteligente y avispado habrá detectado la ironía de este artículo, el aspecto que lleva para ridiculizar la estupidez que sería suprimir la sala que muestra la defensa del Alcázar de Toledo, por unas personas que, atinadas o erradas, solamente pretendían cumplir con un deber y obedecer órdenes, acertada o equivocadamente.

La historia no se puede hacer olvidar a base de decretos, de órdenes, de disposiciones o de leyes. La Historia merece recordarla para poder evitar repetir aquello que repugna a las conciencias. Si con el cerramiento de la mencionada sala se quiere olvidar ciertos hechos se conseguirá tenerlos constantemente en la mente.

Pero la historia es muy tozuda pues permanece y permanecerá en la mente de quienes han pasado por sus vicisitudes o a quienes se les ha ido transmitiendo de viva voz o mediante literatura, imágenes fotográficas, video o cine.La Historia debe permanecer para evitar que se repitan los errores del pasado, y no se deberían eliminar nombres de calles, de plazas, de edificios públicos dedicados a personas que han participado en política, pues estaremos siempre rescribiendo el pasado de acuerdo con el gobierno de turno. Pongamos nombres abstractos, como bondad, amistad, misericordia, comprensión; nombres de plantas, árboles, ríos, astros, constelaciones, profesiones, descubrimientos científicos, países, poblaciones, etc, pero nunca de personajes, y, mucho menos, políticos. Dejemos que los muertos entierren a los muertos y construyamos el futuro mejor para quienes nos van a suceder.

Miembro de la Real Academia de Artes y Ciencias Históricas de Toledo y de Historia y Arte de Torrijos