José Ramón Bernácer en la sala de vistas del Juzgado de Menores de Toledo
José Ramón Bernácer en la sala de vistas del Juzgado de Menores de Toledo
Entrevista

«Los menores que agreden a sus padres o abuelos son de cualquier clase social»

José Ramón Bernácer, Juez de Menores y Decano de Toledo

TOLEDOActualizado:

En unos días tomará posesión como juez decano de Toledo, tomando así el relevo del juez Juan Ramón Brigidano, que ha sido nombrado nuevo presidente de la Audiencia Provincial de Toledo por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). José Ramón Bernácer lleva 16 años al frente del Juzgado de Menores de Toledo, y en los últimos tiempos los delitos cometidos por los más jóvenes han experimentado cambios importantes. Ahora deberá compaginar esta responsabilidad con la que supone trabajar por el colectivo al que representa, sus compañeros jueces de la ciudad.

¿Por qué ha optado al Decanato?

En este tipo de cargos hay un compromiso importante y un componente de servicio tanto hacia los jueces compañeros como hacia mi propia ciudad. Yo, como toledano, quiero trabajar para que las cosas vayan mejor.

¿Es suficiente un solo juez de Menores para toda la provincia?

Efectivamente, el Juzgado de Menores no es un juzgado solo de Toledo capital sino de toda la provincia. En Toledo se da una circunstancia peculiar. La capital es una ciudad pequeña, pero en la provincia hay una población de 687.000 habitantes, y es mucha población en comparación con otras provincias. En los juzgados que tenemos competencia provincial hay muchos más asuntos de los que puede parecer en función del tamaño de la capital, y lo mismo ocurre en el Juzgado de lo mercantil, de lo social, en los penales y los contencioso-administrativos. Es cierto que la carga que tiene el juzgado de Menores es más llevadera y hay otras necesidades más acuciantes que la de tener de otro Juzgado de Menores para la provincia. Me gustaría que mis compañeros pudieran trabajar en las mismas condiciones que tengo yo en cuanto al número de asuntos. Ya quisiéramos todos que los demás juzgados tuvieran una carga de trabajo parecida a la del Juzgado de Menores.

¿Cuántos casos ve al año el Juzgado de Menores?

Dictamos algo menos de 300 sentencias al año, lo que pasa es que el Juzgado de Menores tiene aspectos muy peculiares como es, por ejemplo, el de la mediación. Hay un Servicio de Mediación donde se resuelven muchos asuntos que no llegan a juicio. Este servicio funciona muy bien en la provincia de Toledo y se resuelven casi tantos asuntos como sentencias dicto yo. Aquí en el juzgado tenemos mucho que agradecer a ese servicio.

¿Dónde está ahora mismo centrada la mayor problemática de menores en cuanto al tipo de asuntos?

Una de las características que tiene la justicia de menores es que evoluciona muy rápidamente la juventud. Yo llevo aquí 16 años y el tipo de infractor menor nada tiene que ver con el de antes. Desgraciadamente, sí hay un delito estrella en los últimos años: el de la violencia filio-parental de los hijos sobre los padres, o sobre los abuelos. Para una generación como la nuestra era absolutamente impensable que un menor agrediera a sus padres, no cabía en nuestros esquemas, y con el tiempo vamos viendo que cada vez hay más agresiones de ese tipo, y más graves, y además cada vez los chicos y las chicas son más jóvenes cuando cometen ese tipo de infracciones.

¿A qué lo atribuye?

Como todos estos fenómenos, es muy complejo determinarlo. Hay un componente muy importante de cara a la educación de la familia, los límites que se imponen a los hijos. Creo que se educa de otra manera, no es ya cuestión de peor o mejor, pero influye mucho esa falta de límites a los hijos. Los padres se encuentran desbordados, tenemos todos menos tiempo para educar a nuestros hijos, se han perdido otros ámbitos donde antes también se les educaba. Y los colegios cada vez tienen menos autoridad para educar. La sociedad ya apenas educa a los hijos.

¿Influye el creciente laicismo?

También influye. Esa educación religiosa era un tipo de formación que recibían los hijos. Javier Urra, el psicólogo forense de los Juzgados de Menores de Madrid, dice que tampoco hay que despreciar el papel educativo que tenía la Iglesia en otras épocas. Era una manera de poner límites a los chicos y chicas; ahora no existe, y es un factor que también contribuye.

Violencia democrática

¿La violencia en los menores está relacionada con la extracción social?

Digamos que es un tipo de violencia muy democrática porque afecta a todas las clases sociales y a entornos muy normalizados. En cualquier caso, hay que rechazar la idea del delincuente juvenil de los años 80 o 90, de estas películas como «El vaquilla» o «El Torete». El prototipo del chico o chica que viene al Juzgado de Menores no es ese ni muchísimo menos. Ni en Toledo capital ni en la provincia existen tampoco barrios marginales donde exista este tipo de delincuenia. La violencia filio-parental se produce en un entorno muy normalizado, son chicos y chicas vecinos nuestros, que están en el colegio con nuestros hijos y que no conoce de clase social ni de posición económica, son ambientes totalmente normalizados, lo cual es todavía más preocupante.

¿Tiene alguna relación con internet, las redes sociales o el uso del móvil?

También tiene que ver, sin duda alguna. Estos fenómenos se producen no por una causa concreta sino por un conjunto de circunstancias, y el fenómeno de las redes sociales sin duda influye. Las redes sociales han dado lugar a nuevos tipos de delincuencia que no existía antes, el acoso escolar se ha visto agravado con las nuevas tecnologías, el ciberacoso, la distribución de imágenes. Las nuevas tecnologías son instrumentos peligrosos si se usan mal. En niños de 12, 13, o 14 años son susceptibles de causar mucho daño y tiene incidencia en muchos problemas que se manifiestan luego aquí en el Juzgado de Menores.

¿Cree usted que tiene algo que ver con la deshumanización de la sociedad, en el sentido de que los contactos personales se han trasladado a la soledad de los dispositivos?

Claro, eso tiene mucho que ver, nos pasa tanto a adultos como a jóvenes, los malentendidos en las redes sociales, en whatsapp. El no tener contacto directo con la persona, el que no vea cómo expresas las cosas, eso da lugar a malentendidos o simplemente a no saberte poner en lugar de otra persona. Estoy seguro de que muchos chicos y chicas no son capaces de decirse a la cara las cosas que se dicen a través de las redes sociales porque no se tiene ese contacto humano.

¿Cada día que viene a trabajar hay alguno de estos casos esperándole?

Los suele haber. Además, el inicio de verano es siempre conflictivo para temas de separaciones, de divorcios, de violencia de género, porque hay mayor convivencia y eso se presta a este tipo de asuntos. Llevamos dos semanas que hemos acordado ya 4 o 5 medidas cautelares, alguna con internamiento de chicos en centros de menores. Si a un menor se le condena a internamiento, el juzgado controla la ejecución de esa medida, hacemos un seguimiento, nos desplazamos al centro a ver al menor una vez al mes, a los centros de menores de Ciudad Real o Albacete. La medida no tiene finalidad de castigo sino de reeducación y de intentar resolver los problemas que han dado lugar a la comisión de esa infracción. Son medidas de una duración importante, que oscila entre dos, cuatro, o cinco años, y es importante el seguimiento.

¿Hay mucha reincidencia?

No. En torno al 86% de los chicos que pasan por el Juzgado de Menores no vuelven a delinquir, tan solo en un 14 o 15%. Es una justicia que funciona. Ya quisiera la jurisdicción de adultos funcionar como la de menores. Pero requiere mucho esfuerzo, hay que destinar muchos recursos, y se deberían destinar más. Una de mis reclamaciones de siempre es que se construya un Centro de Menores en Toledo, que no hay ninguno. En el de Ciudad Real, con 74 o 75 plazas, hay ahora mismo 35 chicos de Toledo, y en Albacete tenemos cinco. La provincia de Toledo aporta más de la mitad de los menores que hay internos pero no tenemos ningún centro de internamiento aquí. Lo hemos solicitado muchas veces y seguiremos haciéndolo con el nuevo Gobierno autonómico, sobre todo por las familias. Cuando se interna a un menor, nosotros tenemos que preparar la salida de ese centro y eso se trabaja desde el entorno. Y si al chico le tienes en Albacete, a 300 kilómetros, es imposible hacer eso. Uno de nuestros núcleos principales de residencia de los menores son o La Sagra o Talavera, con lo que la distancia que hay a Ciudad Real o a Albacete es muy grande.

¿Hay más chicos que chicas entre los delincuentes juveniles?

Sí, muchos más. Es cierto que las chicas se han ido poco a poco incorporando a este tema de la delincuencia juvenil. Hace 16 años, yo tenía acusadas unas seis chicas al cabo del año. Ahora la proporción es aproximadamente de 80% de chicos y 20% de chicas.

¿Estos comportamientos están asociados al consumo de drogas?

Sí, mucho, principalmente cannabis. Está a la orden del día, y nos asusta mucho por la normalidad con que lo consumen. Encontramos consumos cada vez más tempranos en niños. Con 12 años ya vemos niños y niñas que ya empiezan a consumir drogas. Y con 15 o 16 años llegan con un deterioro realmente importante. Es cierto que cuando son tan jóvenes la deshabituación es relativamente fácil, pero el consumo en los adolescentes les hace mucho daño, a veces es irreversible, porque es un cerebro en formación.

Se les «va la pinza»

¿Y la adicción al juego?

Es otro factor que también está creciendo, y cada vez más con un componente adictivo importante. El juego requiere mucho dinero y lo buscan de cualquier manera en la calle, lo que origina conflictos en casa porque deben dinero. Es otro factor de riesgo, y son mucho más vulnerables.

¿Cómo le explican a usted, por ejemplo, por qué cometen estos delitos, por qué agreden a sus padres?

Muchas veces, cuando llegan aquí, la situación ha tocado fondo, y sobre todo en los casos de violencia filio-parental. Hay que pensar que a unos padres les cuesta muchísimo acudir a un juzgado y denunciar a sus propios hijos, es una situación muy dolorosa, y aguantan, aguantan, aguantan. Antes acuden a profesionales, como psicólogos, y cuando la situación es absolutamente inaguantable vienen aquí.

¿Y qué hace el Juzgado de Menores?

Tenemos muy claro que hay que sacar al chico del entorno familiar. Los menores lo justifican diciendo que se les va la pinza cuando agreden a sus padres, que no se dan cuenta, que no es para tanto. Suele ocurrir que hay casos en que existe una situación de violencia en la familia desde hace tiempo, y ellos son los primeros que no están a gusto. Pegar a un padre o a una madre no da ninguna felicidad, y los chicos son conscientes de que están metidos en una espiral de la que a veces no pueden salir. Hay que hacer mucho trabajo con los padres y enseñarles cómo deben afrontar estas situaciones. Los padres sufren, se enfadan mucho, pero por otro lado son muy permisivos y hay que enseñarles un equilibrio para saber manejar la situación.

¿Qué tipo de agresiones son?

De todo tipo y algunas muy violentas. Empujones, manotazos..., pero hemos tenido algunas muy serias, como intentar estrangular a un padre o una madre, o agredirle con un casco de moto. Y sobre todo lo que hemos tenido en estos últimos meses son chicos muy jóvenes, con apenas 14 años. Hay fracaso escolar, consumen drogas, tienen líos en casa: se multiplica todo.