Los ingeniosos ingenieros de Toledo

Los ingeniosos ingenieros de Toledo

José Rosell
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Rebuscando entre los 709 personajes que se mueven, arriba y abajo, por las discretas páginas del Quijote, me veo imposibilitado de encontrarme con un solo ingeniero. Posiblemente el único que se menciona en toda la obra del Príncipe de nuestras Letras, sea el nombre de Juanelo Turriano -«La Gitanilla»-, pues como ustedes saben muy bien, ingeniero fue, y muy bueno, así como exquisito relojero y cibernético. Motivo éste, sin duda, para que el Emperador Carlos I nos lo trajese a España desde Cremona, su ciudad natal.

No existe pues, como hemos dicho, la palabra ingeniero en el Quijote, pero sí la de ingenioso, que es el mejor atributo con que se adorna al personaje principal, quien en su infinita inquietud de saberes realmente de todo sabía. Imprescindible condición, como él afirma, de todo caballero andante que se precie, ya que lo mismo podía ejercer la medicina, curando sus propias heridas o las de sus compañeros, como la botánica para seleccionar las yerbas salutíferas o las comestibles...Estratega en las batallas, astrónomo para orientarse en la noche, matemático para el gobierno de sus posibles reinos, inclusive diestro artesano -como él- capaz de forjarse una celada con los más rústicos y sencillos elementos.

Todo este soliloquio se produce como consecuencia de la concurrida y preciosa Cena de Hermandad que el Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales celebró el pasado día 26 de septiembre en los magníficos salones del Hotel Beatriz de Toledo.

Ingenieros e ingeniosos todos, partiendo de su carismático decano-presidente, Joaquín de los Reyes García; de su vice-decano, Juan Vargas; de su secretario, Pedro Mayoralas; de la encantadora Marta Conejo.

¿Acaso no fueron un derroche de ingenio las palabras de Joaquín de los Reyes, pronunciadas previamente a la cena, defendiendo la legítima titularidad de tan prestigioso estamento profesional? Y el nombramiento del colegiado de honor en la persona de Antonio Marín Clavero.

Por lo que respecta a mis propias vivencias, puedo asegurarles que gocé de una mesa exquisita en la confortable y hamanísima compañía de la eminente economista Ángeles Fraile Abril, así como con la de los decanos de Güipúzcua, Málaga y Madrid, acompañados de sus entrañables esposas. Que pude saludar, entre otros, a mi amigo y maestro, el doctor José Miranda Calvo, y a mi amigo Pablo Luis del Viso, el ingeniero y folklorista de Villaluenga de la Sagra, que fuera presidente del magnífico Grupo «Amanecer».

Además, nos sentimos todos gratamente arropados con la presencia del Consistorio toledano en la representación del concejal de Urbanismo, Javier Nicolás. No podía resultar mejor: Gente de ingenio, buenos yantares, música buena, lugar apropiado. Como diría el amigo Sancho, «Miel sobre hojuelas»,

Escritor y

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