El gabato de «Las Cuevas»

El gabato de «Las Cuevas»

José Ponos
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A veces, la madre naturaleza ofrece estampas bucólicas y encantadoras que dejan en el espíritu sensible recuerdos para no olvidar. Tal y como le ocurrió a mi amigo Pedro, que de vuelta a Toledo, tras pasar unos días en su localidad natal de Nava de Estena, se encontró con la presencia de una pequeña cría de cervuno en la carretera del Risco de las Paradas, que termina en la cercanía de Navahermosa atravesando un paraje que discurre por las serranías que cercan el pequeño pueblo de Hontanar.

Había elegido este tramo de comunicación para poder contemplar a placer la luminosidad blanca de los jarales en flor que estalla con toda fuerza en la primavera. Y cerca del coto cinegético que representa la finca vallada de «Las Cuevas», y en el mismo centro del maltratado tramo asfáltico, apareció ante su automóvil la visión tambaleante de un gabato de quizás dos o tres días de vida, que apenas se sostenía sobre sus débiles extremidades.

Detuvo el vehículo y se acercó hasta la cría extraviada, la cual, al asumir su presencia, se abatió de repente, quedándose inmóvil para tratar de confundirse con el terreno. Con mucha delicadeza, Pedro la tomó entre sus brazos y sintiendo el calor de su cuerpo asustado, la acercó hacia uno de los extremos de la carretera para posibilitar su huída entre el montarral. Pero espantada y confundida, la criatura volvió temblorosa hasta el centro de la vía de comunicación, sin quedarse entre el refugio de la floresta que la salvaba la vida.

Preocupado por la situación, llamó en un gesto instintivo al 112, explicando el hallazgo y las consecuencias a tomar sobre el mismo, siendo posteriormente asesorado por un experto medioambiental quien le fue comunicando los pasos a seguir para que el gabato pudiera volver a confundirse con el horizonte serrano, ante la lógica previsión de que su madre acudiera al rescate una vez mi amigo se retirara de la cría y continuara camino, al tiempo que desde el teléfono de emergencias se avisaba a la guardería de «Las Cuevas» para que se interesara por el percance.

Quizás el motivo de la aparición de un bambi perdido en una solitaria carretera no signifique nada para interesar a los lectores de esta columna, pero lo traigo a colación por la experiencia gratificante que vivió la persona que lo protagonizó, y que relata con felicidad todavía asombrado por la magia que puede transmitir un cervatillo indefenso y tembloroso que tuvo en sus brazos durante unos instantes, y que deja un remanso de bienestar en el devenir de los días. Y además, sirve para comprobar los amplios aspectos de consejos y propuestas que puede transmitir un teléfono de emergencias ante las situaciones más insólitas.

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