El académico Félix del Valle / ANA PÉREZ HERRERA
El académico Félix del Valle / ANA PÉREZ HERRERA

Fina, suave caricia de una pluma

«Esperamos encontrarte un día con tus violines y tus poemas mezclada entre las gasas de las nubes»

FÉLIX DEL VALLE
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No la tendremos ya a un golpe de teléfono para escuchar su dulce voz, ni a poco más de media hora para sentir su cariñoso abrazo. El abrazo con Fina, nunca era un «fuerte abrazo»; siempre era como la suave caricia de una pluma, de una pluma de ángel, cargado de todos los aromas de la sensibilidad y de los sentimientos; y el de tu correspondencia al suyo, siempre era un abrazo delicado y tierno como si temieras romper los pétalos de una flor. Eso era Fina de Calderón: una flor que Dios nos envió vestida de mujer y envuelta en riquísimas fragancias musicales y poéticas, en las que te arrebujabas como niño deseoso del cobijo de los sones de una nana.

El día que dedicó a Toledo uno de sus «Miércoles de la poesía» en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, fue cuando, por sus expresiones, ví con más claridad el cariño que sentía por nuestra ciudad a la que ella llamaba suya también. Al medio centenar de toledanos que la escuchábamos junto al numeroso público que llenaba la sala, nos hizo experimentar como un sentimiento de pudor por un amor, tal vez no equilibradamente correspondido.

Fina, te queremos. Te hemos querido siempre. Aquel comienzo de tu fin, impidió la celebración del homenaje que el Ayuntamiento de Toledo te preparó para aquella tarde, en él se iba a presentar lo que nadie sabía que sería tu último libro. Aquella aciaga tarde, cuando acudí al palacio municipal y el guardia de la puerta me habló de la suspensión del acto porque te habías puesto enferma, sentí un escalofrío que me corrió todo el cuerpo cual un temido presagio. Y las posteriores llamadas a tu casa en las que conversaba con una voz que no era la tuya, fueron confirmando mis temores. Adiós, querida Fina. Esperamos encontrarte un día con tus violines y tus poemas mezclada entre las gasas de las nubes. Y allí te daremos nuestro «fuerte abrazo». Un día la presenté en la Real Academia toledana con motivo de una magnífica conferencia suya. Recuerdo cómo la describí. Hoy en homenaje a ella, quiero repetir aquella presentación:

«Recae sobre mí el privilegio y la dificultad de presentar a Fina de Calderón. Privilegio, por tratarse de una Dama de la Cultura Internacional como es ella; dificultad, por cuanto habré de sintetizar lo que de ella se debería decir en varias horas.

¿Quién es Fina de Calderón? ¿Qué es Fina de Calderón? Fina de Calderón es, según reconocimiento internacional, la sensibilidad hecha persona. Es, añado yo, la fuerza de voluntad hecha mujer. Voluntad y Fuerza, unidas a Sensibilidad, contenidas en un fino estuche de frágil apariencia que asombra a cuantos en el mundo conocemos su obra.

Doña Josefina Atard de Sosal de Atard y Tello de Meneses, conocida en el mundo cultural bajo el cariñoso nombre de «Fina de Calderón”, ha tenido una vida marcada por la lucha. Nacida en Madrid, pasa su infancia en Berk-Plage (Francia) hospitalizada a causa de una coxalgia. Aprovecha ese tiempo para hacer la carrera de violín y dar los primeros pasos en el campo de la poesía. Y, contra la opinión generalizada de los médicos, consigue andar. Realiza el Bachillerato Superior en París en el Instituto de la rue de Lubeck (Colegio de la Asunción) y hace estudios complementarios en la Universidad de la Sorbona. Cuando cuenta tan sólo once años, la gran escritora francesa Colette hace interpretar en la Comedia Francesa los poemas de la niña, que aparecen en prestigiosas revistas. Entabla amistad con Jean Cocteau y Francis Jammes y, en la sala Pléyel actúa formando parte de un cuarteto apadrinado por Pablo Casals. Toma contacto con François Mauriac, Jean Paul Sartre, André Maurois, Henri de Montherlant y, muy especialmente con André Malraux; y con los músicos Georges Auric, Gerard Bauer, Alfred Cortot y Casadessus.

Lazos de admiración y amistad la unieron a ilustres españoles que incidieron en la formación de Fina de Calderón en todas las etapas de su vida: Juan Ramón Jimenez, Manuel y Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Gerardo Diego, José Bergamin, Antonio Buero Vallejo… Y los músicos Manuel de Falla, Joaquin Turina y Joaquin Rodrigo –con quienes colaboró en calidad de letrista- asi como con Ernesto Halffter.

Su diario quehacer no se reduce a la música y a la poesía, sino que incluye también teatro, traducciones y conferencias. Como conferenciante ha conocido el éxito del público y de la crítica en las más prestigiosas salas culturales y universitarias de Europa y América. Su obra poético-dramática «Fuego, Grito, Luna», suma el homenaje de Alberti, Viola, José Caballero, Gerardo Diego, Buero Vallejo, Regino Sáinz de la Maza y otros célebres escritores y artistas.

Cumplió una interesante aunque breve etapa en el mundo de la canción moderna, introducida entonces por Maurice Chevalier y Edith Piaf, cosechando preciados galardones en los diversos festivales en que participó.

El mundo de Fina de Calderón, tiene un ecuador: la música para la danza. Muchos de sus ballets fueron presentados en La Unión Soviética, en América y en Europa, mereciendo una gran acogida «Cancela» y «El Greco», y se integraron en el repertorio del Ballet Nacional de España. Su proyecto de creación de una Casa de la Poesía en España es la más anhelada de sus aspiraciones. Recibe en 1984 el apoyo de don Enrique Tierno Galván, a la sazón alcalde de Madrid, que le brinda la Sala II del Centro Cultural de la Villa. Crea, para ser celebradas allí, las sesiones poéticas tituladas «LOS MIÉRCOLES DE LA POESÍA» de las que es directora y que con gran éxito se vienen celebrando desde febrero de 1984 hasta el día de hoy, apoyada siempre por el actual alcalde don José María Álvarez del Manzano.

Junto a todo ello, la actividad de Fina de Calderón se encamina ahora a un nuevo libro de poemas, una próxima obra de teatro, y memorias. Sus indiscutibles méritos y su polifacética personalidad han sido reconocidos en diversos países. Perdona, querida Fina, esta relación incompleta de tus méritos con la que he podido herir tu modestia aprovechando que no me podías protestar. Y perdonen ustedes, el haberles privado de datos biográficos de nuestra admirada Fina. Pero, perdonen, sobre todo, que a pesar de dejar sin mencionar otros méritos, haya retrasado con mis palabra s el deleite de escucharla a ella.

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