Farsas y Églogas de Nao d’amores: un bocado teatral exquisito
Antonio Illán Illán
TEATRO DE ROJAS

Farsas y Églogas de Nao d’amores: un bocado teatral exquisito

TOLEDO Actualizado:

El teatro de Ana Zamora y, por ende, el de Nao d’amores, es siempre un bocado de exquisitez cultural. Farsas y Églogas de Lucas Fernández es un espectáculo jacarandoso, festivo, a manera de juego que integra recursos textuales, musicales y escénicos y el propio público como un elemento más de la dramaturgia casi interactuando con los actores en el mismo escenario.

Ana Zamora y Nao d’amores acostumbran a ofrecernos un teatro basado en un profundo y pormenorizado estudio filológico, musicológico, folclórico y etnológico, que indaga en los pormenores del texto, en el autor que lo compuso y en la sociedad que refleja y para la que fue creado. Luego, la directora y su equipo de producción llevan a cabo el trabajo creativo exhaustivo para lograr un espectáculo dinámico, interesante, entendible y estético, que, sin perder sus raíces históricas, se adapte a los espectadores del siglo XXI.

Tuve ocasión de ver ya en su estreno, en marzo de este mismo año, la representación de estas Farsas y Églogas, coproducción de Nao d’amores con la Compañía Nacional de Teatro Clásico que ahora está dirigida por otra mujer grande de la dirección escénica, Helena Pimenta. Entonces en Madrid y ahora en Toledo hemos gozado con el teatro festivo que nos ofrecen estas farsas y églogas del salmantino, sacerdote bien acomodado y catedrático de música de la Universidad, Lucas Fernández, al que podemos considerar como el último eslabón de la tradición teatral medieval, castizamente castellano y hondamente religioso, un tanto retardatario para su tiempo, si lo comparamos con su maestro ya renacentista Juan del Encina.

Estas «Farsas y églogas al modo y estilo pastoril y castellano» (Salamanca, 1514) nos mantienen la atención, además de por la dramaturgia creada por Ana Zamora, su equipo de actores y la musicóloga Alicia Lázaro, porque ha sabido equilibrar en su justo punto la interesante aportación de Lucas Fernández, que tiene que ver con el sentido cómico, las gracias populares del mundo pastoril entendido más en su rusticidad que en una fantasía bucólica, el desenfado del lenguaje salpicado de alguna que otra procacidad (bien reforzada por lo gestual) y la simpática fanfarronería de algunos personajes.

El teatro de Lucas Fernández, en buena medida, es una parodia de la realidad de su tiempo, con jocosa ironía, que toma tintes festivos y se traduce en historias entrelazadas con bailes, música y canciones. Ese divertimento, basado en el realismo de época, ha sido perfectamente trasladado a la escena por Nao d’amores, que hace un trabajo exquisito con cinco de estas pequeñas piezas de las seis (tres religiosas y tres profanas) que nos legó este autor.

Ana Zamora ha buscado la autenticidad de un teatro con quinientos años de historia y ha logrado mostrarnos la realidad de los pastores y el mundo social en el que se mueven, la naturalidad de su lengua, el verismo de sus vestidos y, sobre todo, lo auténtico de su sentir y su intensidad vital, en donde los amores, ya sean sacros ya profanos, siempre triunfan.

Al mundo zafio que nos rodea, que nos aprisiona a veces, es bueno que se asomen bocanadas de aire cultural, popular pero exquisito, como este que nos ha traído el teatro de Rojas y Nao d’amores. Un aplauso merecido.