Antonio Illán Illán - Crítica

Éxito de Las bicicletas son para el verano en el Teatro de Rojas

¡No ha llegado la paz, ha llegado la victoria!

Antonio Illán Illán
TOLEDOActualizado:

Las bicicletas son para el verano de Fernando Fernán Gómez es una obra sobre la que no parece pasar el tiempo. Es tan actual su contenido como cuando el autor la escribió y con la que ganó el premio Lope de Vega en 1977 y cuando se estrenara en el Teatro Español de Madrid en 1982.

En estos tiempos en los que tanto se habla de memoria histórica no está de más contemplar la normalidad con la que se habla en esta obra de la realidad trágica de una guerra traída a la literatura y a las tablas en tono de comedia. Quizá no sea memoria histórica como tal, pero sí es memoria. Es un gran texto, con mucho contenido, con muchos valores, con muchas microhistorias vitales y emocionales en cada uno de los personajes. Y luego está el costumbrismo, sabiamente retratado por Fernán Gómez y mantenido en esta versión por César Oliva, y el lenguaje natural, rico, maravilloso, fino e irónico propio del ingenio del autor.

(Solo por curiosidad y no referido a la propuesta escénica vista en el Rojas, sino al texto de Fernán Gómez, hay que decir que esta obra inteligente y compleja –como lo era el autor- con apariencia de sencillez, contiene numerosos detalles autobiográficos recreados en las escenas de la Guerra Civil que él vivió en su adolescencia y su propio despertar al amor, al sexo, su apasionamiento por la lectura de novelas y por el cine. Incluso en el personaje de Manolita se puede identificar la historia de la propia madre soltera del autor, quien tuvo que sacar sola a su hijo adelante en una sociedad en la que esto suponía un estigma).

La anécdota que se cuenta es sencilla y no es otra que la peripecia vital de un matrimonio madrileño y de sus dos hijos, la criada y los vecinos durante los tres años de la Guerra Civil. Es una familia de clase media normalita sin ninguna implicación política directa que vive los avatares de la Guerra Civil desde el comedor de su casa. Lo esencial es lo cotidiano. La historia se enfoca principalmente en la perspectiva de Luisito, el chico que pide a sus padres una bicicleta para ese verano del 1936. Con los sentimientos de cada uno, su posición política no visceral pero manifiesta y los cambios que, según la guerra transcurre, se producen en las personas y en su situación vital. Todo entendible y conocido. Con toda justicia Las bicicletas son para el verano es uno de los textos teatrales más representativos del teatro español contemporáneo, que ofrece un enfoque distinto sobre la Guerra Civil.

En la convivencia con los vecinos, en los diálogos y en la interacción de los personajes van aflorando todas las miserias y flaquezas humanas, más que sus grandes cualidades positivas. Se trata de sobrevivir a las penurias y al entorno de miseria moral y económica. Es un sálvese quien pueda, ante los repentinos bandazos políticos y sociales que repercuten en la vida de estos ciudadanos de a pie. Encontramos un mosaico de situaciones donde se atisban cómo les van a ir las cosas a los ganadores y a los perdedores de la contienda. Es simbólica esa expresión final cargada de ironía en la que se afirma: ¡No ha llegado la paz, ha llegado la victoria!

Si bien es cierto que la propuesta de César Oliva recuerda mucho la película homónima de Jaime Chávarri, sobre todo en el personaje protagonista, es fiel al texto en lo que el teatro de actual permite (no se puede representar con la cantidad de personajes con que la concibió el autor y aún así hay diez actores en el escenario, ¡toda una proeza hoy!); se han eliminado algunos elementos secundarios y algunas escenas, pero eso no resulta un contravalor en esta nueva dramaturgia, pues sirve para dar más protagonismo a las historias de la familia en la que se centra la obra y mostrar sus conflictos vitales.

En una pieza teatral donde las escenas diferentes se suceden sin solución de continuidad, la escenografía con unos muebles que cambian y un fondo que pone en segundo término a personajes que quedan fuera de escena, es imaginativa y funcional. La iluminación, muy estudiada, sirve para crear marcos a las escenas que ocupan parte del escenario.

El trabajo de dirección ha estado cuidadísimo en una obra con tanto movimiento escénico para evitar espacios muertos en las transiciones y con una definición de los personajes que los ha perfilado perfectamente y los ha hecho reconocibles en sus actitudes y en sus cambios en el tiempo.

Muy buena la interpretación coral. Y en especial la de dos personajes que está diseñados para lucirse: Luisito, el hijo y don Luis, el padre. Este último es un luchador nato que ve la vida con humor, afronta los problemas con naturalidad agarrando al toro por los cuernos y mantiene un espíritu positivo, a pesar de las numerosas dificultades que tiene que afrontar. Es una figura muy tierna la del padre de familia y la cuidada relación y la complicidad con su hijo, que se pone de manifiesto sobre todo en la conmovedora escena final, donde el padre avisa de lo que está por llegar: el tiempo de la victoria, con todo lo que eso conllevaría de humillación y marginación para los vencidos.

Excelente propuesta escénica, reconocida con prolongados aplausos por los espectadores que llenaban el Teatro de Rojas.

Título: La bicicletas son para el verano. Autor: Fernando Fernán Gómez. Compañía: Producciones la Ruta y Teatro Circo de Murcia. Dirección: César Oliva. Intérpretes: Rocío Muñoz-Cobo, Patxi Freytez,  Diana Peñalver, Alvaro Fontalba, Teresa Ases, María Beresaluze, Ana Caso, Lola Escribano, Agustín Otón y Adrián Labrador. Escenografía: Paco Leal. Diseño de iluminación: Jesús Palazón. Diseño de vestuario: Berta Grasset. Espacio sonoro: Javier Almela. Producción: Juan Pedro Campoy y José Antonio Jiménez. Escenario: Teatro de Rojas. 

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