La durísima travesía hasta Santiago

JOSÉ REYES CALERO/
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TORRIJOS. Cada año son miles los peregrinos que empiezan el Camino de Santiago con la ilusión y la fe de llegar hasta el Pórtico de la Gloria para poder postrarse «in situ» ante el apóstol y patrón de España. Varias son las vertientes de los caminos que conducen hasta tierras galaicas. Todos conocen el trayecto de la denominada ruta francesa o de Roncesvalles. Sin embargo, existen otras alternativas que tienen la misma finalidad: alcanzar la catedral de Santiago y obtener la «compostelana». Por la provincia de Toledo pasa el denominado camino del Sureste, o de Alicante, que entronca con el murciano. Se atraviesa tierras de El Toboso para seguir por Escalona rumbo a Cadalso de los Vidrios, dirección Ávila; atrás quedan etapas como las de Miguel Esteban, Villacañas, Villanueva de Bogas, Almonacid, Toledo, Huecas, Novés y Escalona.

En la mañana de ayer, el reportero se encontró por tierras de Villamiel con un grupo de peregrinos de Gerona, Barcelona, Guadalajara y Cuenca -en total, 29 personas- que esperan alcanzar el 14 de agosto la ciudad de Santiago. Según el sacerdote Manuel Martínez Cano, los componentes de esta marcha son jóvenes de la Asociación de seglares de San Antonio María Claret, obispo de Cuba, catalán de nacimiento y fundador de la congregación de los Padres Claretianos. En la comitiva van tres religiosos, uno de ellos responsable de la intendencia, y destaca el portador de la cruz, que viste una clásica indumentaria medieval.

Por cuestiones de logística, la ruta se ha iniciado en Villacañas. Aunque ahora «sólo» son 29, esperan alcanzar los sesenta peregrinos a lo largo del camino, ya que por cuestiones de trabajo no todos disponían de tiempo libre. Desde el pasado lunes se encuentran realizando el trayecto. En la primera jornada descansaron en Villanueva de Bogas, la segunda, en Toledo; y en su tercer día, cuando los pies comienzan a estar doloridos, el municipio de Novés fue el lugar elegido para pernoctar y descansar en el paraje de la ermita de la Mongía.

Entre los expedicionarios fluye la ilusión y algunos ya son veteranos en estas lides: es la sexta vez que recorren el camino. Son conscientes de que hay que mantener una disciplina y un orden. Se levantan a las cinco de la mañana, se reúnen para la eucaristía y momentos de oración; desayunan y comienzan a andar sobre las seis. A lo largo de la etapa rezan cuatro rosarios y tienen tiempo para el recogimiento. Naturalmente, hacen paradas para reponer fuerzas y, cuando llegan al destino acordado, se asean, cenan, dan gracias a Dios y a descansar. No se permite beber alcohol y apenas fumar. Tampoco es que haya mucha necesidad después de la caminata.