«Cuando pueda andar, iré al Cristo de la Sangre de Torrijos para darle las gracias»

JOSÉ REYES CALEROMONTEARAGÓN. Abdona Joaquina -es su nombre de pila- se encontraba ayer algo mejor de las múltiples heridas que le ocasionó a dentelladas un burro por todo el cuerpo en Montearagón el

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JOSÉ REYES CALERO

MONTEARAGÓN. Abdona Joaquina -es su nombre de pila- se encontraba ayer algo mejor de las múltiples heridas que le ocasionó a dentelladas un burro por todo el cuerpo en Montearagón el 5 de octubre. La información publicada por ABC provocó durante todo el día una interminable procesión de medios de comunicación hasta el domicilio de esta señora de 86 años, quien, a pesar del grave incidente, mantiene un buen humor junto a su marido, Ángel García Argüelles, y su hija Rosario. Ayer, si cabe, estaba un poco más contenta, porque esperaba la visita de sus dos hijos, Miguel Ángel y Joaquín, que residen en Madrid.

La abuela Joaquina, como se la conoce en este pueblo de 556 habitantes censados, es una persona de profundas raíces católicas. Ya al entrar en su casa al visitante le recibe una gran fotografía de la anciana tomando la comunión y, al lado, una capillita de San Antonio de Padua. Aunque entre sus intercesoras tiene especial fervor por el Sagrado Corazón y las Vírgenes del Rosario y Fátima.

Sin embargo, la mayor veneración se la lleva el Santísimo Cristo de la Sangre de Torrijos, puesto que en cierta ocasión las plegarias de Joaquina fueron escuchadas y su hijo mayor, Miguel Ángel, se recuperó de una enfermedad. Desde hace treinta años, la anciana acude cada 19 de mayo a Torrijos a la festividad del Cristo. Por ello, afirma, sentada en una silla, que cuando pueda andar tiene que irá a dar gracias al Cristo de Torrijos porqué «me ha salvado la vida».

Tanto su marido como su hija Rosario cuentan y no acaban las numerosas anécdotas de su Abdona Joaquina, que conoció que su nombre era compuesto días antes de su boda, durante la tramitación pertinente. Ella relata que el secretario de Ayuntamiento le dijo: «Oye, Joaquina, llevas toda tu vida diciendo que tu nombre no te gustaba y ahora resulta que es compuesto, y además conocido como Abdona». Nunca le han gustado sus nombres de pila, aunque Joaquina se consuela entre inocentes sonrisas con que «nadie mejor que yo ha bailado la jota y todavía, a mis 86 años, los mozos me sacan a bailar».

«Manolo», de mirada aviesa

La anciana recuerda que el día del ataque no tenía muchas ganas de dar el paseo pero, por no contradecir a sus amigas, las acompañó, con tal mala suerte que el burro, que sigue pastando en el paraje conocido como el «Olivar de Macho», la emprendió a mordiscos y coces. La aparición de unos jóvenes fue providencial para que la mujer no muriera entre las fauces de la mala bestia.

Joaquina ya ríe y atiende con dulzura a los periodistas, después de seis días ingresada en el Hospital «Virgen de la Salud» de Talavera, donde le descubrieron cinco costillas fracturadas y una lesión en los riñones, además de los evidentes moratones, magulladuras y heridas producidas por los bocados del bicho.

El burro, de nombre «Manolo», sigue con la mala uva. Ayer rebuznaba con mirada aviesa cuando el fotógrafo le inmortalizaba en una instantánea. Su dueño, Juan Francisco Castellano García, no tiene censado al animal en el Ayuntamiento y la bestia tampoco cuenta con el código de explotación pertinente. La pregunta ahora es: ¿Volverá a atacar?