«Crimen de Almendral», un juicio pendiente

El sospechoso del «crimen de la maleta», un polaco de 40 años que mantenía una relación sentimental con la víctima, huyó con mucha prisa de España después de que Conchi fuera asesinada

POR MANUEL MORENO
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TOLEDO. Carmen Holgado Baeza, una anciana de 81 años del madrileño barrio de Chamberí, aún no ha visto cumplido el único deseo, desgarrador y humano, que le embarga ahora: dar sepultura al cadáver de su única hija, Concepción, hallada el 23 de julio de 2001, en un avanzado estado de descomposición, dentro de una maleta semienterrada en un paraje de robles de Almendral de la Cañada.

Desde que en octubre de 2002 supo con certeza, tras la reveladora prueba del ADN, de que los restos encontrados eran los de Conchi, la anciana madre aguarda con desesperación que el Juzgado de Primera Instancia número 1 de Talavera de la Reina expida correctamente la fecha aproximada de defunción de su hija, cuyos restos permanecen en el Instituto Anatómico Forense de Madrid desde hace más de año y medio.

A pesar de la insistencia por parte de Carmen y del único hijo de Concepción, fruto de una antigua relación, hasta el pasado enero no recibieron del juzgado la documentación necesaria para la inscripción de defunción en el Registro Civil de Almendral de la Cañada, como ya informó ABC hace más de un mes. Pero se encontraron con la sorpresa de que en el auto judicial se indicaba, como periodo aproximado de la muerte, entre otoño de 1999 e invierno de 2000, el intervalo que se baraja precisamente en el informe de la autopsia por el proceso de «esqueletización» que presentaba el cadáver y el tipo de ropa de abrigo que vestía.

Sin embargo, las averiguaciones de la Guardia Civil de Toledo en esta compleja investigación constatan que Concepción López Holgado, nacida el 8 de diciembre de 1953 y con antecedentes policiales -estuvo también en prisión-, fue vista con vida en febrero de 2001. Incluso, la finada había estado días antes en el entierro de su padre, en enero de ese año.

Cálculos equivocados

Estas certezas eran desconocidas cuando dos ingenieros forestales descubrieron sobre las ocho de la tarde del 23 de julio de 2001, en el paraje conocido como «Robledo del Piélago» de Almendral de la Cañada, restos óseos dentro de una maleta de nailon, al pie de un roble y enterrada superficialmente. El cadáver, en posición fetal y en avanzado estado de putrefacción, tuvo que ser examinado en el Instituto Anatómico Forense de Madrid, donde se apuntó el estrangulamiento como causa de la muerte, bien por un lazo o a mano. El informe concluye que la mujer llevaría fallecida un mínimo de 18 meses, «dato congruente -señala- con el grado de evolución cadavérica».

¿Cómo introdujo el asesino un cuerpo de metro y medio de talla dentro de la maleta, que tenía unas dimensiones de 75 x 25 x 55 centímetros? El informe forense indica que la forma en que el cadáver fue depositado, además de la postura forzada que exigía la operación, sólo parece explicarse en el caso de que el cuerpo se encontrara en un estado de debilidad muscular, «bien de manera casi inmediata después de la muerte (no más de unas dos o tres horas) o tras la resolución de la rigidez cadavérica (en términos generales, tras unas 36-48 horas)».

En el interior de la maleta, además de una cruz, una cadena, un anillo, unas monedas y un reloj de «1.000 pesetas» parado a las 3 horas y 26 minutos, fue hallada una tarjeta de visita muy deteriorada que se pudo reconstruir parcialmente. Estaba a nombre de un venezolano que se anunciaba como restaurador de muebles antiguos, aunque en un principio no aportó pistas para la identificación del cadáver.

En septiembre de 2001, dos trabajadores de Retevisión y un agente forestal arrojaron luz a la investigación. Los tres conversaron el 2 de marzo de ese año, un día desapacible, con un hombre que se había quedado atascado con una furgoneta vieja muy cerca de donde apareció el cadáver cuatro meses y medio después. Era un varón con acento extranjero aunque hablaba perfectamente el castellano. Les dijo que había ido a conocer el lugar para enseñárselo después a su novia. Los hombres auxiliaron al visitante accidental y vieron que dentro del vehículo llevaba unas mantas y una pala.

Meses después, dos de los testigos reconocieron en fotografías al extranjero presuntamente enamorado del bello robledal. Se trataba de Krzysztof Kniecik, nacido en Polonia el 7 de enero de 1963, que tenía su último domicilio en la casa alquilada en El Real de San Vicente que compartió con Concepción López Holgado, su compañera sentimental durante tiempo y que, según parece, le habría traído a España. Pero Krzysztof ya estaba en paradero desconocido y sobre él pesa una orden internacional de busca y captura por la supuesta autoría de este crimen, cuyo motivo no está muy claro, aunque se baraja un móvil pasional. El sospechoso, además, había manifestado a unas amistades, precisamente a primeros de marzo de 2001, que debía irse urgentemente de España porque tenía «muchas movidas gordas».

Fotografías esclarecedoras

La Guardia Civil tuvo conocimiento de que Carmen Holgado buscaba a su hija Conchi, de la que no sabía nada desde finales de febrero de 2001 y cuya desaparición se denunció a la Policía en septiembre de ese año. Carmen tenía además relación con la zona en la que se halló el cadáver, ya que posee una casa en Almendral de la Cañada.

La anciana madre facilitó también el avance de la investigación al aportar, entre otras fotografías, una en la que aparecía su hija con Krzysztof; otra en la que el restaurador de muebles antiguos identificó a la víctima y una más en la que Conchi lleva un anillo de similares características al encontrado en el cadáver. Con todo, Carmen aceptó someterse a la reveladora prueba del ADN junto a su nieto, hijo de Concepción. Ahora, sólo falta detener al único sospechoso del asesinato.