Comienza la Semana Santa de Toledo con dos nuevos pasos

ABC, S. RUIZ, S.DORADO| TOLEDO
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El Vernes de Dolores comienza la Semana Santa en Toledo, una serie de actos religiosos que han sido organizados con primor por la Junta de Cofradías y que el alcalde, Emiliano García-Page, ha alabado. Este año, como novedad, destacan dos cofradías con sus correspondientes pàsos procesionales que vienen a unirse al elenco de la fiesta de la pasión y muerte de Cristo en la capital de Castilla-La Mancha. Se trata del Cristo del Amor y el Cristo Cautivo.

«Es un orgullo como alcalde y como toledano poder decir que en un solo año tenemos dos nuevas cofradías con todo lo que eso lleva detrás y en plena crisis», ha dicho el alcalde, para quien esto indica que la ciudad «no se conforma con su pasado, sino que sigue haciendo pasado».

El próximo domingo, la procesión de los ramos culminará la víspera del lunes santo.

La noche de este viernes, 26 de marzo, (23 horas) saldrá de la iglesia de Santas Justa y Rufina la procesión de Nuestra Señora de la Soledad, hoy bajo la advocación de los Dolores, que cada año produce honda y dulcísima emoción por el religioso y absoluto silencio de las centenares de mujeres de todas las edades que, vestidas de riguroso luto, acompañan a la más pura y santa de todas las mujeres en el trance del mayor dolor de los dolores. Es una expresión exacta del espíritu de fe que anima y preside la conmemoración de la Pasión de Jesús en Toledo.

A las 18,30, en la iglesia mozárabe de las santas sevillanas, el párroco de Méntrida, Juan Carlos López, oficiará la función principal. A la finalización de la eucaristía se impondrán los hábitos y medallas a los nuevos cofrades.

La devoción del pueblo toledano a la Virgen de la Soledad es ancestral, pues en 1520 esta imagen y la del Santísimo Cristo de las Aguas participaron en una procesión que organizó la cofradía de la Santa Caridad.

En la segunda mitad del siglo XVI tenía su sede en el convento de Santa Catalina o de la Merced, regentado por los mercedarios calzados y su cofradía, que contaba con cerca de 2.000 hermanos. La cofradía la sacaba en procesión el Viernes Santo.

CIRIOS DE CERA BLANCA

En 1644 el Arzobispado aprobó los estatutos que presentó la Hermandad de la Virgen de la Soledad en los que se ordenaba a los hermanos pagar una cuota de once reales anuales, asistir a la procesión del Virgen Santo con cirios de cera blanca encendidos y celebrar la fiesta principal el domingo siguiente a la Ascensión del Señor.

En 1666, por diferencias surgidas entre el comendador y monjes del convento con los miembros de la cofradía Nuestra Señora de la Soledad, la imagen es trasladada, con el oportuno permiso de la autoridad eclesiástica, a su actual sede canónica. Desde aquel año su cofradía ha organizado septenarios que finalizan el Virgen de Dolores.

En el siglo XIX, cada día del septenario ocupaba el púlpito un predicador distinto. El 13 de febrero de 1930, un grupo de señoras constituyeron la asociación de Adoradoras de Nuestra Señora de la Soledad, con los fines de dar culto asiduo a la Santísima Virgen durante todo el año, velar la imagen todos los viernes, celebrar la fiesta principal en Viernes de Dolores y sacar en procesión a la imagen en la noche de ese día.

El 11 abril de aquel año, Viernes de Dolores, a las 13.00, la Virgen de la Soledad, en fervorosa procesión y acompañada sola de mujeres, recorrió las principales calles del Casco.

El itinerario que seguirá esta noche la procesión será: Plata, plaza de San Vicente, Cardenal Lorenzana, Navarro Ledesma, Nuncio Viejo, Hombre de Palo, Comercio, Plaza de Zocodover (por delante del Arco de la Sangre), Sillería, Cadenas y por Santa Justa a la iglesia de la que habrá salido.

Por otra parte, la Hermandad del Santísimo Cristo de la Esperanza celebrará hoy (19,30), en la iglesia de San Andrés, la bendición e imposición de hábitos a los nuevos hermanos.

Los caballeros penitentes de Cristo Redentor, que durante todos los viernes de Cuaresma han tenido actos penitenciales, celebrarán también hoy (19.30), un vía crucis que saldrá de la puerta del monasterio dominico de Santo Domingo el Real y finalizará en la iglesia conventual del mismo, donde se oficiará una eucaristía, en la que se impondrá los hábitos a los nuevos caballeros.